Domingo, 29 de abril de 2007
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SOCIEDAD

Domingo - I
DAVID RUBIERA, BARÍTONO / «Cantar en el Liceo fue para mí como llegar a la luna para un astronauta»
De cómo es la ambulante vida artística de un barítono santanderino
DAVID RUBIERA, BARÍTONO / «Cantar en el Liceo fue para mí como llegar a la luna para un astronauta»
Totalmente de negro. / M. DE LAS CUEVAS
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David Rubiera, barítono santanderino, con el Stabat Mater del día 20 que ha cantado en Laredo con el Coro Lírico de Cantabria que dirige Esteban Vélez (antes lo han hecho en Suances y Santoña) termina su actual estancia santanderina. Rubiera, entre otras actuaciones, en junio estará en el Teatro Real con Il Tutore Burlato del valenciano Martín Soler y después seguirá con Il Califo di Bagdad de Manuel García en Granada y en el Palau de la música de Barcelona, de nuevo en el Real con The Rape of Lucrecia de Britten aparte los festivales de verano. Viene a la entrevista vestido de negro, contento con su destino, con su vida artística ambulante y feliz. (Nos preguntamos qué clase de vida es ésta aunque creamos saberlo).

Vivía de niño David en la calle Rubén Darío, hijo de Carlos, médico de familia, y de su madre, Margarita, que había sido educada como «una señorita de Valladolid» -añade con humor- y que sabía solfeo y piano. A los tres años ya le habían regalado un «comediscos» de aquellos que se llevaban en bandolera. Escuchaba música lírica que ponía su padre y también ligera. Es el tercero de cuatro hermanos, tres chicos y una chica, Marta, que también ha estudiado solfeo. Conserva en su piso de Madrid el órgano eléctrico Hammond para el que le dieron un vale los Reyes Magos en los que creía y el piano Yamaha vertical que le trajera el año 83 Papá Noel por ser buen chico

-¿No es algo muy duro esta vida tuya de cantante?

-Más duro es bajar a la mina o la vida de los pescadores. Tiene muchas ventajas. Nunca es una vida monótona, cambias de compañeros, de escenarios, el jefe solamente dura mes y medio cada vez Conoces sitios y haces turismo gratis. La contra es que no puede haces muchos planes a largo plazo, vives en hoteles. Tampoco tienes un sueldo a fin de mes en España o en Italia que no es como en algunos teatros estables en Austria o Alemania. No cantas, no cobras y en Italia por lo menos están asociados y en un ente lírico hay un porcentaje de italianos que se deben contratar con preferencia

-Pero tampoco puedes ir de copas

-No el día anterior ni comer una fabada antes de cantar, pero no hay que ser obsesivo porque es contraproducente. Yo, si puede evitarlo, no entro al lugar en donde haya más humo pero tampoco voy como alguno con bufanda en verano.

-¿Cuál es el país para que viva bien un cantante?

-Depende. Quizás en donde mejor se trabaja es en España y pagan muy bien. Como hay pocos teatros, te miman. En Italia hay un teatro en cualquier pueblo, el conjunto es ideal y es el país en que nació la ópera pero a veces también se siente que es un poco como una factoría. Depende de qué sea lo que observemos. Para los wagnerianos, Bayreut para actuar por todo, por las dimensiones, el foso a la alemana, etc. Pero no se puede saltar Viena, Londres, la importante temporada de París. Poco a poco también hay un resurgir en España y no solamente en Madrid y Barcelona sino en Bilbao, en Sevilla, incluso en Santander para los pocos medios que tienen pues desde hace diez años es buena la temporada lírica. Producir ópera requiere mucho dinero, transporte, orquesta, vestuario, etc. y está primando la calidad sobre la cantidad con el buen hacer de Román Calleja y de Juan Calzada. Es mejor hacer un par de títulos y bien que meterse en más y descuidar la calidad. La Diputación regional debía de subvencionar más.

-¿Por qué son más famosos y llamativos los tenores que los barítonos para el gran público?

-El tenor es el acróbata de la voz y en ese sentido, por tanto, la estrella del circo entre comillas. La voz natural del hombre es la de barítono, sin embargo. Lo que pasa es que para el gran público cuenta la voz de los tenores porque es muy espectacular y además también ha intervenido el marketing para el caso de los grandes tenores como Domingo, Pavaroti o Carreras.

David tiene amigos entre sus compañeros. Por ejemplo, el tenor Eduardo Santamaría, pero también de su cuerda y competencia como Ángel Ódena y otros. Entre los españoles se queda con el difunto Vicente Sardinero, de quien le gustaba el color de su voz, su fraseo y recuerda el Rigoletto que ambos hicieron en Santander. Posteriormente, En febrero del año 99, David hizo el protagonista de la Maruxa de Vives, Pablo, y Sardinero el bajo bufo, Rufo, en el 'Campoamor'. David Rubiera le había escuchado con placer porque es un papel musicalmente difícil y el gran barítono lo había interpretado junto a Montserrat Caballé.

-¿Es verdad que hay mucho divismo en este mundo tuyo?

-Hay mucho mito como en la falsa idea de que nos tiramos de los pelos. Ya te he dicho que podemos tener amigos incluso en la competencia. A divos y divas se las aguanta menos que antes si quedan algunos. Ha desaparecido ese mito como el de la cantante gorda No es una vida fácil y creo que cada vez hay más compañerismo y profesionalidad. Durante un tiempo piensa que son tu familia.

David prueba lo que dice al pensarlo. Ha trabado muy a gusto con el finado maestro García Navarro, con el francés Lombard y cree que López Cobos le entiende muy bien aunque su propia adaptación depende del repertorio. En ese sentido menciona también a Christofer Rousset en el estilo barroco. Pero también a directores de escena como Emilio Sagi, Francisco Nieva o José Antonio Plaza.

-¿Cuál es la edad de la madurez plena?

-Depende de muchas cosas. La vida de la soprano normalmente es más corta y también la de los tenores pero no hay una regla fija para esto. Hay barítonos mas oscuros, verdianos, dramáticos, líricos Interviene la naturaleza, la suerte, que te escuche cierta gente. Aquí lo que puedo decirte es que cada ensayo es un examen.

David Rubiera, hasta ahora, nunca ha tenido que cancelar. Pero ha tenido su pequeño drama y susto hace un par de años. En diciembre del año 2005 le pasó algo que había oído, padeció el famoso 'reflujo gastroexofaríngeo' y al principio pensó que provenía de un frío que habría cogido en el vaporeto al volver de Venecia para ir a la estación. Acabó un bote de pastillas y no se le quitaba la tos por lo que fue a ver al foniatra de Santander Alfonso Borragán que vió el 'quemado' de las cuerdas vocales. Pero desde entonces ha quitado el temor a algo peor y supo que no debe tomar picantes, bebidas con gas y algunas otras cosas.

-¿Qué deseas hacer que aun no has podido y por qué?

-Hay bastantes cosas, la verdad. Unas no han surgido, otras no las he preparado o no he tenido aun que prepararlas. Pero me gustaría hacer la Trilogía de Da Ponte de Mozart, un D. Carlo de Verdi que requiere mucha madurez, repertorio wagneriano

Proyectos inmediatos y evocaciones

En el próximo mes de mayo hará en Tenerife zarzuela, concretamente La Chulapona. Se adapta a lo que convenga profesionalmente pero reconoce que musicalmente le interesa mucho Puccini porque elabora mucho y en sus orquestaciones 'pasan muchas cosas'. Le importan menos las piruetas del bel canto de Bellini o Donizetti que Richard Strauss o Wagner pues de esta música "cada vez, siempre saco algo nuevo".

-Recuerdo la primera vez que canté La Boheme de Puccini en Málaga como un gran acontecimiento en mi vida porque lo soñaba y es una de mis favoritas. Fue en el 'Cervantes' de Málaga, teatro a la italiana en donde recibí buenas críticas.

Le gusta ir a Andalucía, por Sevilla, Jerez, etc. «porque la gente te trata bien, te llevan por ahí los del coro, alguna vez viene alguien a decirme que es de Santander ». Por recuerdos que no quede. Habrá momentos gloriosos y triunfantes ocasiones pero no puede olvidar su debut en el Teatro Real de Madrid en el año 2000 con El Quijote de Cristóbal Halfter en donde interpretó dos papeles, el del Licenciado y el Mozo primero. Ante él, el despliegue de 40 personas de sastrería, 12 regidores, plataformas que subían y bajaban.

-¿Y el Liceo de Barcelona?

-En ese mismo año. Además había tenido una novia catalana y no habíamos podido ir porque se había quemado. Era algo especial. Debuté allí cuando volvía José Carreras que hacía Sly de Wolf Ferrari y yo era el malo, Snare, el jefe de policía que iba a llevarle por borracho Eso apabulla y del Real no tenía nada pendiente pero el Liceo lo había visto en la 'tele' y era como una meta, como para un astronauta cuando llega a la luna.

-¿Cómo pudiste llegar ahí?

-Bueno, pues fue un poco por sorpresa como son a veces estas cosas. Me iba a casar con mi mujer, Begoña Merino, a París. Estábamos en un restaurante de la plaza Cañadío planeando el viaje y me llamó mi representante de entonces, la hija de Alfredo Kraus, Rosa. Me dijo que tenía una audición un lunes y salí con la maleta sin saber qué pasaría pero tuve que pedirle permiso para casarme a Joan Matabosch, el director artístico del Liceo en mitad de los ensayos. Me fui y me casé, volví y me reincorporé.

David Rubiera no oculta que su mujer, Begoña, es quien más le apoya desde que la conoce. Ella comprende este tipo de vida y eso le alegra mucho y le estimula. Incluso le anima a salir y a ella le gusta reencontrarse de manera constante, sale permanentemente a su encuentro y es 'el principal motor'. Cuando le hablo de la posibilidad de tener un hijo responde que «no está descartado»pero añade que»no tan paradójicamente podría ser egoísta por mi parte». (Me conformo con esta 'incursión' amistosa que ha permitido).

-¿Era la tuya una vocación desde siempre?

-Ya te dije que comencé con el comediscos, con César haciendo solfeo en la calle Acebedos, dí clase también con Ramón Fernández, seguí el solfeo con Maite Vega en las casas de Hacienda, etc. pero lo de cantar fue muy posterior. No me lo había planteado, la verdad. Estudié hasta 5ª de EGB y había cantado en el coro de los Agustinos, terminé a los 18 años, e hice 8º de piano y 5º de violín. Pero quise también hacer empresariales e hice 3 años; por las mañanas iba a la universidad y por las tardes al Jesús de Monasterio que entonces estaba en la calle Menéndez Pelayo pero volvía a las nueve y no hacía muy bien ninguna de las dos cosas. Pero debo destacar que en la música tuve de profesora de piano a Rosa Goitia y también a Alicia Alonso. Oía música sinfónica pero escuchaba de todo, instrumental y moderna e incluso la lírica me aburría un poco entonces. Pero un día mi madre me lo preguntó y me lo propuso en serio. Entonces, a los 21 años, hice una audición para Pilar Tapia y me dijo que era un poco joven pero se produjo un atasco, incluso quizás por seguir una técnica errónea estuve tentado de dejarlo sin planteármelo como profesión. Pero un amigo me sugirió que fuese a Guadalajara para estudiar con la soprano Ángeles Chamorro. Tuve una beca de la Fundación Botín e iba dos días a la semana a Madrid, cogía el Talgo y luego en Atocha el tren que va a Alcalá y Guadalajara Ángeles, que ya murió, me enseñó a tomar en serio la dicción clara, a estudiar los textos, a la naturalidad después de leer a fondo, analizar el fraseo, las comas, etc. Esto es muy subjetivo. Pero las premisas iniciales eran que cantar es como hablar con música si puede decirse así.

-¿Qué sensación te produce ahora volver y actuar en Santander?

-No te diré para que no se malinterprete que es un poco como venir de vaciones por el agrado de estar aquí. Me encanta volver al teatro en el que debuté. Ver amigos como Goitia, Ocejo, Calleja, Juan Calzada Hacer cosas como lo que he hecho con el Coro Lírico de Esteban Vélez porque la ilusión e interés son a veces superiores a las de los profesionales. Aparte la gira por Suances, Santoña y Laredo con el coro me ha parecido una experiencia de interés lo del pregón en la catedral, el concierto de semana santa como la banda municipal que dirige Vicente. No hemos podido hacer un Réquiem de Verdi o Fauré pero no ha estado mal la Serenata de Schubert y las otras piezas. Tampoco voy a negar que cada vez que voy fuera aprecio más la ciudad de Santander.

Aquí estudió pero aquí trabajaba también en Peña Herbosa y luego en Tetuán en el bar 'Los Raqueros' de su amigo Jorge Pedraja. Ponía copas los fines de semana para ayudarse en los inicios hasta que se fueron cumpliendo sus sueños. Ha vuelto al Liceo catalán y ahora mismo acudirá de nuevo al escenario del Real en Madrid, a escenarios europeos.

-¿A dónde no has ido todavía que te gustaría?

-Hay varios lugares pero me agradaría ir a Rusia.

En su tiempo libre lee biografías de músicos, escucha música desde que se levanta, acepta su ambulante destino profesional de barítono que busca la madurez sin vanidad pero seguro de sí mismo. No había en Cantabria ciclo superior de canto pero remontó los 6 años de canto profesional tras 8º de piano y 5º de violín. El barítono es con la voz como el instrumento del chelo. Su voz es lírica con graves y posibilidades atenoradas. Su ambulante vida artística recala siempre en casa cuando no está en su piso de Conde Peñalver en Madrid.

El año 2000, con motivo de su debut en el Real en el estreno mundial de la primera obra de Halffter se dijo que tenía una bella voz de lírico, «densa y homogénea», el 2004, tras su actuación en La Boheme en Málaga, Justo Romero escribía que cada día era «más y mejor artista» describiendo su interpretación de Schaunard como «sencillamente excepcional» además de «lucir una vez más su cuajada pasta baritonal que maneja con esmero, inteligencia y contagioso arrojo».

Puede haber sido La patria chica de Chapí, Le portrait de Manon de Massenet, La noche y la palabra de López López en la Bienal de Venecia, La señorita Cristina de Luis de Pablo, La verbena de la paloma de Marina Bollaín (que repetirá pronto en Las Palmas de Gran Canaria), u obras como Don Giovanni, Parsifal, La vida breve de Falla, La Travista, Carmen de Bizet Puede ser lo que tenga que ser. Rubiera es un cantante habitual de las temporadas operísticas en España y en Europa. Quizás sea sencillamente excepcional. O excepcionalmente sencillo.

 
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