Martes, 22 de mayo de 2007
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CANTABRIA

REPORTAJE
Santander-Londres en 24 horas, pasando por Valladolid
154 pasajeros que salieron ayer a la capital inglesa fueron desviados a Villanubla para llevar a un técnico de Ryanair y retenidos por una avería
El concertista de piano Ananda Sukarlan iba a dar un recital en Londres ayer y la analista financiera Tracy Muñiz tenía que incorporarse ese mismo día a su trabajo en la City londinense. A la especialista en esclerosis múltiple Teresa Alfaro la esperaban en el Instituto de Neurología de Londres, y al ingeniero civil Ignacio Herrero, en Newcastle, al este de Inglaterra. Pero ninguno llegó a tiempo. Ni ellos, ni los otros 150 pasajeros del vuelo FR2613 de la compañía aérea Ryanair con destino Londres desde el aeropuerto de Parayas, con salida a las 18.35 horas del domingo.

«Lo barato es caro», se lamentaba Tracy Muñiz. Y es que las 24 horas que han pasado entre el aeropuerto de Parayas y el de Villanubla (Valladolid) ha sido para este grupo de pasajeros, entre los que se encontraba un grupo de 38 niños escolares ingleses, una auténtica pesadilla.

Su relato roza el delirio. Lo cuenta Ignacio Herrero y lo suscriben sus compañeros de penuria, que se quitan la palabra para apostillar, minutos antes de embarcar. Su vuelo a Londres salió de Parayas a las 18.40 horas de ayer, domingo, como estaba previsto. La primera sorpresa surgió nada más ocupar sus asientos y abrocharse el cinturón. «Nos dijeron que íbamos a hacer una parada técnica en el aeropuerto de Valladolid para dejar a un ingeniero aeronáutico procedente de Dublín que iba a certificar el estado de un avión que había llegado de Bruselas y le había afectado un rayo», comenta Herrero. Llegados a este punto el pasaje se pregunta si no hubiera sido más lógico que el técnico se hubiera desplazado por otros medios a Valladolid.

El personal del vuelo informó al pasaje que la parada sería de 20 minutos y el retraso en la llegada de una hora.

Pero, ya se sabe, las previsiones están para incumplirlas, y los 20 minutos se convirtieron en tres horas. «Nos estuvieron mareando. Cada 15 ó 20 minutos pedían disculpas y decían que la espera se iba a alargar. Al principio, la gente fue paciente, pero nos tuvieron tres horas en el avión y en todo este tiempo no nos dieron ni comida ni bebida, sólo agua», recuerda Ignacio Herrero, quien se queja de la falta absoluta de información.

«Primero dijeron que había una complicación en el sistema de calefacción de la ventana del piloto, después ya eran problemas meteorológicos los que impedían el vuelo. Las azafatas nos decían que ellas no sabían nada, que había que esperar a que el comandante de vuelo dijera algo».

Espera angustiosa y hasta trágica. En el avión viajaban 38 estudiantes de un instituto inglés con tres profesores. «A una niña por el estrés le dio un ataque de asma y se puso muy mal. La profesora, que era española, dijo a las azafatas que avisaran a un médico, pero hasta que bajamos no recibió asistencia sanitaria». La alumna tuvo que ser evacuada en ambulancia al hospital, donde pasó la noche junto a la docente.

Otra viajera sufrió un ataque de pánico y un tercero una bajada de tensión. «Pidió una Coca Cola para tomar algo dulce y pretendían cobrársela. Todo muy cutre», sentencia Marta Ballesteros.

A las tres horas -eran ya las 10 de la noche- les bajaron de la aeronave para darles alojamiento. «Nos dividieron en dos grupos. Uno fue traslado al Hotel Ibis y otro al 'Formula 1', un hostal para camioneros que no tenía ni baño ni aseo en la habitación. Fíjate que el conductor del autobús, asustado, nos dijo: 'pero si ahí iba yo con mi novia a echar un polvo porque no teníamos piso'». No recibieron comida alguna, se lamentan.

La compañía les dijo que saldrían hoy, a las 12 horas, a su destino. Después, que a las 17.30 horas. Desesperados, la mayor parte de los pasajeros optaron por regresar a Santander en coches alquilados, previo pago de 150 euros , además de la gasolina, e intentar el salto a Londres de nuevo desde Parayas. El padre de Ignacio había sido recibido ya por el director del aeropuerto de Santander, Juan Mazarrasa, que le había dado posibilidades de salir todos en el vuelo de las 17.30 horas de hoy. «Mi padre está muy agradecido por la atención recibida», dijo Herrero. Por contra, «el trato en el aeropuerto vallisoletano fue humillante, vejatorio, todo lo que digamos es poco», sentencian al unísono los afectados.

Su queja radica sobre todo en «la falta de información y de atención, y en el maltrato recibido. Somos personas, no animales». Cuando apelaron a sus derechos, el empleado de Ryanair les llegó a decir: «Sé cuáles son vuestros derechos, pero no os los vamos a dar. Aquí tenéis una hoja de reclamaciones que podéis rellenar y la mandáis por fax». Por fin, ayer tarde, el contingente afectado salió desde Parayas destino a Londres.

Por seguridad

El jefe de escala de Ryanair en Cantabria, Javier Elizalde, confirmó ayer a este periódico que el avión fue desviado a Valladolid para trasladar a un técnico procedente de Londres. Aseguró que en esa escala se detectó una avería en el aparato, que en principio se iba a reparar, por eso no se desembarcó al pasaje».

Según Elizalde, fue decisión del comandante de vuelo, que es soberano para ello, intentar solucionar el problema y luego seguir vuelo a Londres, «motivo por el que los pasajeros permanecieron en el avión dos horas, no tres». En cuanto al alojamiento, el responsable señaló que «se acomodó a los 150 pasajeros en los únicos hoteles que había disponibles».

 
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