Viernes, 22 de junio de 2007
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OPINIÓN

Cartas al Director
Abominar de los romanos es hacerlo de nuestros antepasados
Sr. director:

En esta misma sección, el pasado día 19, se publicó una carta de un indignado lector que firma Diegu, con u final en sustitución de la o natural, debe de ser uno de ésos que ahora quieren imponernos a todos la manera de hablar (el idioma cántabro lo llaman ellos) de una pequeña parte de la población de esta provincia española, en sustitución del castellano más o menos perfecto que hablamos la gran mayoría. Quieren que hablemos como los aldeanos más arriscados y montaraces, como hablaba mi abuela, sólo para diferenciarnos del resto de los hispanohablantes, que cualquier estupidez tiene su acomodo ya en esta malaventurada España de nuestros días.

Pero no escribe para esto, sino para mostrar su incomodo con los monumentos de Franco en Santander y de Carrero Blanco en Santoña, será digo yo porque representaron la unidad completa de España, incluida la unidad lingüística cuya desaparición ahora mismo tantos contratiempos y quebrantos nos está causando.

Pero, sobre todo, protesta contra la erección de un monumento al general romano Agripa, que fue el que desembarcó en una bahía que ahora no se sabe si fue la de Santander o la de Santoña, a la que llamó Portus Victoriae, para someter a una tribu primitiva y bárbara que se llamó de los cántabros, que dieron nombre a nuestra provincia, hoy convertida nada menos que en comunidad autónoma con Gobierno y Parlamento y todo.

Los romanos desplazaron por tanto a los cántabros que, como ocurría en aquellos tiempos en esos casos, quedaron poco menos que exterminados o aniquilados. Por lo tanto, los actuales habitantes de nuestra provincia (me resisto a llamarla región), es decir, si es que queda alguno que no descienda del todo de gente venida de fuera, tendrán más sangre latina que cántabra. De modo que abominar de los romanos es lo mismo que renegar de nuestros antepasados o de parte de ellos. Porque ya se sabe que más tarde cayó el Imperio Romano y nos invadieron los visigodos, que no exterminaron a nadie (no hizo falta, no encontraron resistencia), y se mezclaron. Por lo tanto, en España la población procede mayormente de visigodos y latinos, entre otros muchos otros pueblos. Y eso sin contar con que nuestra civilización, nuestro idioma, nuestra mentalidad, nuestra manera de ser, provienen de la cultura grecorromana que nos trajeron los soldados del Imperio como Agripa el del monumento.

Y para terminar, y si se me permite, diré que el castellano puro que hablamos la mayoría de los habitantes de esta provincia/ región (táchese lo que no proceda) es el latín hablado por los pueblos ibéricos prerromanos, como los cántabros y los vascones, mientras que el leonés (el cántabro que dicen esos ignaros) es el resultado del latín hablado por los pueblos celtas del oeste (astures y galaicos). No se dan cuenta, en su ignorancia, de la contradicción.

 
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