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Ellos cuentan los chistes, ellas se ríen

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Ellos cuentan los chistes, ellas se ríen

Un vídeo de la Universidad de Navarra explica los procesos cerebrales del sentido del humor: a ellas no les vale con los chistes absurdos

22.12.10 - 19:02 -
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Una niña le cuenta a otra un chiste. / Foto: Archivo | Vídeo: Universidad de Navarra
Si ella no se ríe de aquel chiste, o él se parte por cualquier tontería, no se trata de que él o ella sea extraño, que tenga o no sentido del humor. La diferencia entre sus carcajadas y las de su pareja no es más que un síntoma de nuestras diferencias cerebrales. Porque podemos ser equivalentes, pero no somos iguales. Hasta reímos distinto. A los hombres les basta con un chiste absurdo, ellas necesitan que lo absurdo sea divertido.
Esa es una de las conclusiones que revelan las neurociencias de vanguardia y que la Universidad de Navarra resume en un vídeo divulgativo presentado en Madrid bajo la dirección de la profesora de Bioquímica Natalia López Moratalla. «Cuando nos enfrentamos a un chiste, utilizamos estrategias distintas», dice la investigadora que ha dirigido el trabajo del vídeo Un cerebro feliz. Un equipo ha estudiado a conciencia todos los estudios científicos en la materia, entre ellos los del profesor británico Richard Wiseman y su Laboratorio de la Risa, así como artículos de varias revistas. A partir de nuevas técnicas de resonancia magnética con el uso de neuroimágenes y la lectura de chistes en cartones y la representación de escenas cómicas, se han analizado las zonas del cerebro que se activan o silencian en los hombres y las mujeres cuando se les plantea una situación absurda.
El primer paso de toda risa es entender el chiste, una historia con un giro argumental inesperado, detectado por una ‘central de errores’ que nos instala en lo absurdo, lo ilógico.«Ellas utilizan más áreas del cerebro para entender el lenguaje, pues captan más detalles». Detectar el error tiene una recompensa: en una segunda etapa se estimula el motor de los sentimientos , se libera dopamina, la hormona de la felicidad y el asunto termina en la carcajada gustosa.
Pues bien, a ellas no les sirve el chiringuito de sinapsis neuronales. No les vale con ‘Van dos y se cae el de enmedio’. «El absurdo como tal, no les hace reír, no sirve sólo con eso. Además, la situación debe tener cierta gracia», sostiene López Moratalla. ¿Significa esto que, al servirle menos bromas, ellas se ríen menos? Según la científica, no, dado que en los roles que establece la sociedad, los hombres son los que cuentan los chistes, las mujeres las que se parten de risa.
¿Qué es divertido? «Eso es algo muy personal, pero a las mujeres les sirven menos cosas». A la mayoría, le hacen gracia los chistes de la guerra de sexos, por «esa tendencia de las bromas de hacerse superior al otro». Les gustan, claro, los que se meten con los hombres; los demás, no tanto. «Ellos se ríen más de ellos mismos».
Y ellas son más complejas, o los hombres más simples en cuanto al humor.«No sólo en cuanto a la risa, sino que los hombres son más simples en todo, pues las mujeres tienen más repartidas las funciones en el cerebro. Los hombres hacen cosas con el hemisferio izquierdo, y otras con el derecho».Ellas son más emocionales. Un ejemplo. Una persona traza una ruta para orientarse en una ciudad:«Una mujer toma por referencias un color, algo que la ha gustado o algo que le disgusta... Los hombres se mueven por kilómetros, son más racionales. No quiere decir que sean unos más efectivos que otras, pero utilizan, también para la risa, diferentes estrategias. Lo comparo a un mapa de metro: para ir de un punto a otro, se pueden tomar varias rutas aunque el resultado sea el mismo».
Los animales no se ríen
Pero, ¿Qué necesita uno para reírse? En primer lugar, la capacidad del lenguaje, para poder entender el chiste. Por eso, los animales no se ríen, ni siquiera algunos como los babuinos y los chimpancés, que usualmente utilizan las muecas de la carcajada para expresar otras situaciones, como el peligro o la alerta, nada de bromas.
Para reírse hay que ser persona. «Humor y felicidad son genuinamente humanos y se asocian a llevarse bien con uno mismo y con el entorno. Para ello, importan, sobre todo, el sentido de la vida y las relaciones con los demás. Si uno puede reírse de los impedimentos para ser feliz, es que los puede superar». Hay que tener «cierta cultura» para adquirir sentido del humor. Y no tiene que ver con los títulos. «Un labrador del campo anciano puede tener mucho más sentido del humor que un estudiante de una carrera superior».
En la risa como en todo, también intervienen los cromosomas. Los genes del cerebro se encuentran fundamentalmente en el cromosoma X, lo que implica dosis dobles en la mujer.
El humor es algo muy serio. Según los científicos, las personas que contrarrestan el estrés con el humor tienen un sistema inmunitario sano; padecen un 40% menos de infartos de miocardio o apoplejías, sufren menos dolores en los tratamientos dentales y viven cuatro años y medio más. Por eso los científicos recomiendan reírse, al menos, 15 minutos al día. Cuando los sentimientos negativos perduran mucho tiempo producen agotamiento y perjudican al organismo. Puede uno morirse de un ataque de seriedad.
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La profesora de Bioquímica Natalia López Moratalla. / Universidad de Navarra
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