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«Mi dolor es grande; mi gratitud, permanente»

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«Mi dolor es grande; mi gratitud, permanente»

26.03.14 - 15:01 -
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Don Juan Carlos, en el mensaje emitido tras el fallecimiento. / Foto: Efe | Vídeo: R. C.

La historia reciente de España habría sido muy distinta de no haber existido entre el Rey y Aldofo Suárez una relación de complicidad y entendimiento mutuo como el que gozaron, sobre todo, en el año que siguió a la muerte de Francisco Franco. Sus relaciones sufrieron luego los vaivenes y claroscuros lógicos entre dos figuras de sus dimensiones. Pero vista su trayectoria completa es difícil no ver la importancia del vínculo que les unió.«Tuve en él a un amigo leal y, como Rey -dijo don Juan Carlos en un mensaje institucional pronunciado apenas una hora después de la muerte del expresidente-, a un colaborador excepcional».

Fueron los buenos oficios de Torcuato Fernández Miranda, profesor de juventud de don Juan Carlos y mentor político de Suárez, los que sellaron una trinidad fundamental en el devenir de los acontecimientos. El Rey , influido y convencido por su exprofesor y presidente de las Cortes franquistas, quería que el ministro secretario general del Movimiento cinco años mayor que él pilotara la restauración de la democracia y Fernández Miranda lo hizo posible.

¿Qué había visto don Juan Carlos en el entonces gobernador civil de Segovia? Dicen que, entre otras cosas, había quedado sorprendido por la eficacia que demostró en la gestión de la tragedia que se produjo en 1969 en un restaurante de la urbanización de los Ángeles de San Rafael, a consecuencia de un derrumbe en el que murieron 58 personas. Se habían conocido unos meses antes, pero fue a raíz de aquel acontecimiento, en el que el entonces Príncipe de Asturias se implicó con visitas a las víctimas, cuando empezó a fraguarse su amistad.

En su alocución de hoy, el Monarca elogió el papel fundamental de Suárez en la empresa que él mismo había decidido llevar adelante cuando llegó al trono por decisión del dictador: el tránsito pacífico a un régimen de libertades. «En todo momento, tuvo como guía y pauta de comportamiento su lealtad a la Corona y a todo lo que ella representa: la defensa de la democracia, del Estado de Derecho, de la unidad y la diversidad de España -subrayó-. Mi gratitud hacia el duque de Suárez es, por todo ello, honda y permanente, y mi dolor hoy, es grande».

Hay quien sostiene que el Rey pidió y precipitó la dimisión del expresidente, extremo siempre negado por Suárez y su entorno. Lo que no admite dudas es que no hizo nada por evitar su renuncia y que lo que fue una estrecha complicidad dio paso a un distanciamiento. La concesión del ducado no mejoró las relaciones y las veces en que coincidieron después el trato fue correcto sin más. Solo cuando la enfermedad arrasó la personalidad de Suárez se produjo un acercamiento, pero del que el expresidente ya no fue consciente. Pero siempre quedó un fuerte respeto mutuo.

En sus horas más bajas, el jefe del Estado quiso hacer hincapié en el alcance de lo que mano a mano construyeron. «El dolor no es obstáculo para recordar y valorar uno de los capítulos más brillantes de la Historia de España: la Transición que, protagonizada por el pueblo español, impulsamos Adolfo y yo -dijo- junto con un excepcional grupo de personas de diferentes ideologías, unidos por una gran generosidad y un alto sentido del patriotismo».

Legitimidad

Mirado en detalle, es sencillo encontrar tensiones, traiciones y zancadillas en el cuadro plagado de personajes que fue la Transición pero con la distancia de los años se aprecia otra imagen de la que, a juicio del Rey , aún se pueden y se deben sacar enseñanzas. La época en la que también él se ganó el reconocimiento y conquistó una legitimidad que no podía venirle dada de origen y que ahora se ve algo resentida.

«La superación de la fractura política y social que vivió la sociedad española en el siglo XX fue su objetivo prioritario, como lo fue también el mío», subrayó. «En ese empeño, Adolfo Suárez dio lo mejor de sí mismo. También trabajó sin descanso para lograr la mejor articulación de la diversidad de España, y la recuperación de la legítima posición de nuestro país en el escenario internacional».

El Monarca, que acudirá mañana junto a la Reina y la infanta Elena a la capilla ardiente que se instalará en el Congreso, insistió así en la validez de los valores que lograron abrirse paso entre dificultades aún mayores que las de la España actual, con su crisis institucional, económica y territorial. «El ejemplo que nos deja es muestra de que juntos, los españoles, somos capaces de superar las mayores dificultades y de alcanzar, con unidad y solidaridad, el mejor futuro colectivo para todos» remarcó.

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