Los republicanos de Limpias reciben visita

Familiares y políticos visitan la fosa común donde reposan los restos de casi un centenar de milicianos y civiles

J. Alemany
MARTÍN IBARROLA

A última hora de la tarde del viernes apenas había sitio para aparcar en el Ayuntamiento de Limpias. Este pequeño y tranquilo municipio acaparó recientemente una inusual atención mediática por albergar una fosa común que salió a la luz gracias a la ‘Lista Larrinoa’, publicada por El Diario Montañés y El Correo. En 1938 el cura Gregorio Ungo escribió en el libro de defunciones el nombre de las personas que habían sido enterradas en el cementerio de esta localidad durante la Guerra Civil. El manuscrito quedó olvidado en la parroquia de San Pedro y nadie volvió a leer las páginas hasta que este verano José Antonio Larrinoa, un jubilado de Alonsótegui, encontró el rastro que conducía hasta su tío y otros 73 milicianos, gudaris (soldados del ejército del Gobierno vasco durante la Guerra Civil) y civiles. Tras la aparición de otros registros y documentos, se piensa que la cifra podría ascender a un centenar.

Este viernes, al menos quince familias de la ‘Lista Larrinoa’ se reunieron en Limpias para recordar a sus tíos, sus padres y sus abuelos. «¿Dónde están?», murmuraban los asistentes en corrillos. José Antonio Larrinoa guió al grupo hasta el extremo izquierdo del camposanto donde se esconden los restos. «En los 70 construyeron nichos encima. Esto me duele especialmente. Hace falta poca sensiblidad para enterralos dos veces». Además de los allegados directos, también acudieron la directora general de Cultura del Gobierno de Cantabria, Eva Ranea, la alcaldesa del municipio, Mari Mar Iglesias, varios miembros de la sociedad Aranzadi, la directora del Instituto Gogora, Aintzane Ezenarro, y grupos de voluntarios como el Euskal Prospekzio Taldea.

Unos 1.200 muertos con el bando republicano y 2.500 con el franquista

El historiador Fernando Obregón enmarcó la historia de Limpias con un prólogo y un epílogo, dos represiones distintas que segaron miles de vidas durante los años de guerra y posguerra.

A lo largo de los 13 primeros meses fueron asesinadas 1.200 personas –entre ellos, 160 religiosos– a causa de lo que el académico denominó «represión republicana». En Limpias fallecieron cuatro vecinos, un panadero y tres falangistas reconocidos. Además, la iglesia sufrió desperfectos y se constataron robos de elementos litúrgicos, como un cáliz de oro.

Cuando las tropas nacionales tomaron la provincia, la represión franquista dejó unos 2.500 cadáveres. Además de los asesinatos y matanzas «irregulares», de las que no hay registros claros, hubo numerosos fusilamientos en los campos de refugiados. «Algunos acababan con varias penas de muerte, para que no se libraran en caso de que se la conmutaran. Siete vecinos de Limpias murieron a manos del bando nacional, dos de ellos con garrote vil».

No pudo asistir Maruji España, una bilbaína de 95 años que vio partir a su padre Silvino cuando apenas era una niña. Fue uno de los últimos hombres de la ciudad en sumarse a las filas republicanas y perdió la vida en Limpias bajo el fuego enemigo. La hija siguió viviendo en el mismo piso sin ascensor donde lo vio por última vez. Dos semanas después de que la entrevistaran, Maruji falleció en el hospital. «El hecho de saber que habían encontrado a su padre fue una gran alegría para ella. No era un tema del que se hablara en casa, pero disfrutó mucho recordándolo. Cuando ella salió en la prensa, nos pidió una gran lupa para verse mejor en la foto. Estaba muy contenta», relataban sus sobrinos Luis María Bilbao y Blanca Mingo.

El actual cura de Limpias, Víctor Santos, adelantó que ya se ha solicitado presupuesto a un marmolista para saber cuánto costará construir una placa en homenaje a los milicianos republicanos. Al ser propiedad del obispado, la diócesis es la única institución con potestad para realizar cualquier cambio en el cementerio. Al encuentro acudió el conocido antropólogo Paco Etxeberria. «En Cantabria, solo se han realizado tres intervenciones en materia de exhumaciones. La primera de ellas se hizo desde la sociedad Aranzadi, donde se desenterraron dos gudaris que fueron fusilados mientras huían de Vizcaya». El experto asegura que en la región «únicamente se ha analizado la parte histórica y documental». «Si se reactivan estas cuestiones en Limpias, estamos a disposición de las autoridades para realizar una tarea que ya cuenta con algunos precedentes». No obstante, el paúl Víctor Santos no creía «factible» la exhumación de los restos. «Debemos ser realistas. Además, lo más importante es encontrar a los familiares y que tengan un lugar dignificado que poder visitar». Después de la ceremonia íntima en la necrópolis, los familiares se acercaron a la casa de Cultura de Limpias, donde se unieron a vecinos y curiosos. El historiador Fernando Obregón escenificó el contexto que rodeó al hospital de sangre de la zona, con la caída de Bilbao el 19 de junio de 1937 y el repliegue del Cuerpo de Ejército Vasco hacia Las Encartaciones y la comarca oriental de Cantabria.

«Nadie me hizo caso»

Los vecinos aseguraban que jamás habían visto el aula tan abarrotada. Alrededor de cien personas improvisaban asientos en las esquinas y los escalones exteriores. «Cuando nos enteramos fue impactante y queríamos saber más. Agradecemos mucho la charla de Obregón. Muchos de nuestra generación pasan del tema porque no les interesa o creen que es una campaña política», explican Ángel Fernandez y María Ruiz, dos paisanos de 23 y 22 años. Fueron alumnos del cura Víctor Santos, al que defienden enérgicamente, «si hubiese sido otro, ese libro no habría visto la luz».

El mapa inacabado de las fosas comunes

Uno de los presentes en el acto del viernes fue Angel Armendariz, un profesor donostiarra de la Universidad de Cantabria y miembro de Aranzadi. Este académico es el encargado del primer mapa de fosas del territorio, realizado por encargo del Gobierno en 2010. «Está incompleto porque metimos poco tiempo. Aún así, de las cinco o siete fosas que se conocían pasamos a 150». En Limpias solo tenían registradas una decena de inhumaciones.

La directora de Cultura del Gobierno de Cantabria, Eva Ranea, adelantó que «tienen mucho interés en continuar con la nueva Ley de Memoria histórica». El secretario encargado de este proyecto, Mario Iglesias, explicó que en breve lo llevarán al Parlamento regional para debatirlo con el resto de grupos políticos en el hemiciclo.

José Antonio Larrinoa volvió a hacer gala de su infatigable pasión y recriminó a las autoridades presentes la falta de voluntad. «Fui con la lista a ayuntamientos, asociaciones, fundaciones y nadie me hizo caso. En Gogora me dijeron que no se dedicaban a buscar familias. Hasta que no salió en la prensa no se abrieron las puertas». Ezenarro se disculpó y aseguró «que su trabajo es precisamente buscar familiares».«Hay muertos vascos, cántabros y asturianos. Procuremos encontrar al mayor número de gente.Tenemos nombres, apellidos, batallones y pueblos. No es tan difícil», criticó Larrinoa. La alcaldesa, que ha apoyado todas las iniciativas relacionadas con la Memoria Histórica, recibió positivamente la noticia. «Mi madre, que tiene 84 años, recuerda que los niños saltaban la valla para ver dónde había enterrado a los malos. Así les llamaban».

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