El viñedo con más solera está en Obregón

Ricardo Sierra y Juan Manuel Salinas en el viñedo La Mazuela. E. T.
Ricardo Sierra y Juan Manuel Salinas en el viñedo La Mazuela. E. T.

Hace veinte años que tres amigos de este pueblo de Villaescusa emprendieron la aventura de rescatar la cultura del vino, en un valle que fue tierra de viñedos más de un siglo atrás

ELENA TRESGALLOObregón

La historia de Ricardo Sierra, Juan Manuel Salinas y el ya fallecido Joaquín Lamagrande se puede decir que comienza con una parra bajo el brazo en el pueblo de Obregón (Villaescusa). Hace veinte años que estos tres amigos decidieron hacer de su pasión, la viticultura, un proyecto común en el que se han dejado la piel y que, hoy en día, se ha transformado en el viñedo «más antiguo de la costa de Cantabria».

Los tres amigos de Obregón se sumaron en 1997 al Plan de Viticultura Experimental del Gobierno de Cantabria, para ver las posibilidades del cultivo en la costa. Ellos ya sabían algo de un tema que era su hobby y decidieron apostar por a la iniciativa. No sé si antes, después o, a la par, formaron la asociación Adavo (Asociación de Amantes de la Viticultura de Obregón), que definía ya en sí mismos sus objetivos de investigación y elaboración de un caldo adaptado al clima y las posibilidades orográficas de Villaescusa. «Un valle abierto al viento del nordeste, de clima mediterráneo, pero protegido de los vientos del oeste», describen.

Aquel plan viticultor se lo tomaron en serio, pero huyeron de una perspectiva comercial e investigaron otras opciones de planta más adaptadas al clima de su tierra para garantizar su éxito. Lo hicieron así porque el objetivo era descifrar qué variedades eran las más óptimas. «Quisimos defender la calidad y la adaptación de la variedad al clima de Villaescusa» explica Juan Manuel Salinas, biólogo de profesión.

La virtud está en la mezcla

Viajaron a Francia, al norte del Pirineo y, allí, tras calcular muchas variables, se decidieron por dos variedades de blanco y una de tinto. Así llegó a Obregón el denominado como ‘Vino de los Reyes’ en la localidad de Jurançon, las especialidades ‘Gros Manseng y Petit Manseng’. Variedades con leyenda a las que sumó otra cepa de tinto de nominado Achédia con un poco de Tannat, también de ascendencia gala.

Cuando llegó la prueba de fuego, su elección de variedades no superó el listón del Gobierno de Cantabria para crear una denominación de origen. Una decisión que aceptaron, pero sin compartirla. En todo caso, el objetivo nunca fue comercial, así que siguieron adelante con la vista puesta en recuperar una cultura que siglos atrás estaba instalada en las casas de Obregón y Villaescusa. «Aún quedan vestigios y restos de lagares en muchos puntos del municipio, donde había viñedos», explican.

Y es que, según relata Salinas, Villaescusa fue tierra de parras y uvas, de vecinos viticultores hace más de dos siglos y no es una afirmación al azar, sino que tiene un respaldo histórico. Una cultura del vino que ya recogió Madoz, en su diccionario geográfico y agrario en 1840. «Se habla de la producción de vino chacolí en Liaño, La Concha y Obregón», relatan.

El viñedo «más antiguo de Cantabria»

En la finca de La Mazuela -un topónimo que huele a vino- poco a poco, han conseguido tener el viñedo «más antiguo de Cantabria». Cuentan con 950 plantas y el vino que producen lo consumen entre los miembros del colectivo y «nos salen muchos amigos», bromean.

Sus caldos no tienen la etiqueta de la denominación de origen por motivos que, en su momento, consideraron arbitrarios, pero «es vino de Obregón» y está unido a su historia. Su labor, a lo largo de estos años, no ha sido un simple hobby, sino que ha abarcado un arduo trabajo de documentación, de recopilación de instrumental para realizar el vino, estudiar sus características, además de combatir las plagas. En realidad, son una especie de laboratorio en vivo con muchas conclusiones que compartir.

«Pregúntanos cuál sería nuestro deseo», nos dice Salinas. «¿Cuál?» -le interrogamos-. «Nos gustaría que se plantaran más viñedos, que se retomara la cultura del vino que tuvo Villaescusa y se perdió», afirma.

Y es que debido a plagas como la filoxera, a principios del siglo XX, las parras desaparecieron de Villaescusa. Esa fue una explicación, el otro motivo que mencionan estos amantes de la cultura del vino es que, tras la apertura de las minas de hierro en Cabárceno, los lugareños optaron por una opción laboral más rentable que los viñedos y los terminaron abandonando para siempre.

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