Ardor festivo de cántabros y romanos

María Gil Lastra

Los desfiles de tribus y legiones pusieron el broche de oro a las Guerras Cántabras

Nacho Cavia
NACHO CAVIASantander

No hay tregua en la paz. Tras las capitulaciones finales, cántabros y romanos sumaron este domingo fuerzas en un despliegue imponente de poderío que proclamó ante miles de visitantes el final de la contienda, haciendo temblar las calles de Los Corrales de Buelna con un paseo militar en el que solo rivalizaron tambores romanos y gaitas cántabras, el sonido de las sandalias de legionarios chocando con el suelo con los gritos de los guerreros rebeldes.

Más de 1.500 personas, integrantes e invitados de la Fiesta de Interés Turístico Nacional que recrea la conquista del Cantabria por el Imperio Romano, se dieron un baño de multitudes en lo que fue el cierre de la décimo séptima edición de una celebración que cada verano retrasa el calendario al siglo I a. C. Un broche de oro que extendió sobre la Avenida Cantabria las mejores galas, el armamento más espectacular, los complementos más vistosos portados por aguerridos cántabros y marciales romanos, mujeres de ambos bandos magníficamente engalanadas y niños que, como siempre, se hicieron con gran parte del protagonismo de la jornada.

El día comenzó muy temprano, con miradas furtivas a un cielo empedrado cual calzada que nada bueno presagiaba. Desde primera hora llamaban la atención cántabros leyendo el periódico, romanos conduciendo coches. Para cualquier persona que no supiera dónde había aterrizado, la sorpresa era máxima.

Los visitantes abarrotaron desde primera hora de la mañana un pueblo volcado con una fiesta cada año más multitudinaria, disfrutando y participando de los actos del día grande. Desde las 12 del mediodía el peregrinaje fue incesante, algo ya esperado, por lo que se habían preparado más de un millar de plazas de aparcamiento gratuitas. Ese continuo llegar de personas se notó ya en la Gustatio, una de las citas más veteranas de la fiesta en la que tribus y legiones ofrecieron gratuitamente bebidas y raciones de comida, todas ellas diferentes. Se repartieron más de 10.000 muestras de bebida y comida entre la magnífica exhibición de la Legio VI Victrix de Calahorra y la contemplación del interior de tiendas romanas y cabañas cántabras y del Templo de Jano.

A las seis de la tarde ya no quedaba ni un hueco a lo largo de toda la avenida principal, reforzada para mayor seguridad de visitantes y protagonistas. Más de 1.500 personas repartidas en 13 tribus y 11 legiones, grupos de otras fiestas de recreación histórica llegados desde distintas comunidades autónomas y músicos, cántabros y romanos, marcaron el ritmo del Desfile General de Tribus y Legiones, una larguísima comitiva que recorrió toda la Avenida Cantabria, de norte a sur, desde San Mateo a Somahoz, para terminar en el campamento festero.

A todos les aplaudieron los miles de visitantes, con algo más de ardor al bando cántabro quizá. Antes, la marcial marcha de los romanos había abierto la boca de muchos, especialmente los niños, atentos a las formaciones en flecha, la tortuga. Muchos niños se sentían ‘traidores’ ante las ganas de tener las cotas romanas, escudos, gladios. Pero también soñaban con pieles y falcatas, caetras y lanzas con las que vencer al enemigo, que la imaginación, sobre todo la de los más pequeños, está libre de bandos.

También jalearon a los protagonistas una amplia representación del Gobierno y todos los grupos parlamentarios, con el presidente, Miguel Ángel Revilla, al frente.

Sobre las ocho de la noche la fiesta entró en su punto final, con la vista puesta en la próxima edición, la mayoría de edad de la celebración, 18 años que tendrán novedades.

Fotos

Vídeos