«Me veo otra vez en la calle y recurriendo a los Servicios Sociales»

La vecina Mercedes Vicente permanece en el edificio preparada para abandonarlo./Luis Palomeque
La vecina Mercedes Vicente permanece en el edificio preparada para abandonarlo. / Luis Palomeque

Mercedes Vicente se ha quedado sola en un edificio en ruinas de Suances tras el desalojo del resto de vecinos

Sara Torre
SARA TORRESantander

Mercedes Vicente González sigue en su vivienda del quinto piso del Edificio 3 del Paseo de la Marina Española, de Suances, tras el desalojo del resto de vecinos que han tenido que irse a otro sitio con todas sus pertenencias para que los técnicos reparen la estructura, en la que se han detectado serias deficiencias recientemente.

«Me he quedado sola», lamenta, y dice que tiene miedo por lo que le han comunicado después de haber inspeccionado su vivienda. «Me lo han puesto gravísimo», comenta.

Reside en un pequeño piso que heredó junto a sus tres hermanos y al que entró a vivir hace diez años, cuando también se encontraba en la calle, con una deuda de 4.000 euros que no ha podido asumir y se ha ido incrementando «derrama tras derrama».

«Me veo de nuevo en la calle y recurriendo a los Servicios Sociales», lamenta, visualizando su situación actual y después de pedir ayuda a Emergencia Habitacional y la espera de la entrega de una vivienda, que se está tramitando. «Me han dicho que me dan una vivienda social por la que tengo que pagar un porcentaje de lo que cobro, que es una pensión no contributiva de 368 euros».

Repite una y otra vez que no ha opuesto resistencia alguna al desalojo y de hecho señala que lo tiene todo preparado en cajas para cuando pueda marcharse. «Lo tengo todo recogido, dispuesta para marcharme y tengo ganas de marcharme porque yo aquí no estoy a gusto», reitera.

Aunque en el Ayuntamiento le han dicho que no pueden otorgarle una vivienda social porque las tienen todas distribuidas, se siente agradecida por lo que le han ayudado en el Consistorio desde que vive aquí, tanto desde el banco de alimentos, como cuando ha necesitado ayuda económica y gestionando su jubilación.

El alcalde de Suances, Andrés Ruiz Moya, se ha comprometido a hacer las gestiones que sean necesarias con la Dirección General de la Vivienda y ha explicado que probablemente en la próxima semana se le entregará una vivienda en Arenas de Iguña.

Respecto al estado de los pisos del edificio, constata que los quintos son, según los técnicos, los que peor estado presentan, pero reitera que «no hay riesgo de derrumbe».

Aunque en un principio, había indicado que sería el Ayuntamiento el que instase al desalojo en función de los informes técnicos, Ruiz Moya dice que finalmente no ha sido necesario porque «el administrador y los técnicos han llegado a un acuerdo para que los vecinos desalojen voluntariamente porque la gente es consciente de la situación».

Por lo tanto, el Ayuntamiento no ha dado orden de desalojo de manera oficial y se entiende, según el alcalde, que «se ha hecho por voluntariedad de los vecinos».

Sin embargo, el bar El Ancla, que también está en el edificio, sigue funcionando con normalidad y así seguirá, según explica la responsable, Sandra Pérez, que no pudo asistir a la reunión informativa sobre el desalojo por no ser la propietaria.

«A mí personalmente nadie me dice nada», critica, sobre la forma de proceder del desalojo. Mientras que ha recibido una carta de la dueña del local donde ponía que el 15 de mayo había que estar fuera, otra vecina le dijo que «es ilegal echar a la gente en veinte días y que iban a dejar unos días más».

«El caso es que nosotros seguimos aquí trabajando y yo no tengo ninguna notificación oficial por parte del Ayuntamiento; yo estoy aquí porque ese señor, el administrador, no me puede echar, ni más ni menos», concluye contundente la joven, que codo con codo con su padre, saca de aquí los ingresos de su familia, con una nueva boca que alimentar, la de su hijo de seis meses.

El edificio tiene también otro establecimiento, el Restaurante Sito, cuyos responsables abandonaron su trabajo tras el apuntalamiento repentino realizado en la despensa y el inminente del comedor. En total, hay treinta viviendas, de las que siete están ocupadas todo el año y el resto son segunda residencia.

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