Devoción por Fleming en Somahoz

Monumento a Fleming inaugurado en 1965 y al fondo el restaurante que regentó Pedro González, hoy con el nombre del científico / Nacho Cavia

Desde mediados del siglo pasado Los Corrales cuenta con un monumento que costeó un cubano admirador del padre de la penicilina

NACHO CAVIA LOS CORRALES.

Seguramente Alexander Fleming (1881-1955) nunca supo que había un lugar en el mundo que se llamaba Los Corrales de Buelna. Seguramente, y según cuentan de su forma de ser, nunca se interesó demasiado por los monumentos que en su honor se levantaron el siglo pasado a lo largo de todo el planeta. Ni siquiera de aquellos que se pagaron del bolsillo de sus admiradores sin más alharacas. En cambio, en un pueblecito de una región del Norte de España todo el mundo sabía de él. Entre otras cosas porque otro hombre, Pedro Gutiérrez, un cubano llegado a Cantabria a inicios del siglo pasado, decidió que Fleming se merecía un homenaje que le hiciera estar siempre en el recuerdo de cuantos le debían la vida a su descubrimiento.

Por eso, el mismo año en el que el científico recibía el Premio Nobel, ese cubano decidió levantar en Los Corrales de Buelna un monumento en su memoria. Y así fue, aunque hubo que esperar unos años. El 9 de mayo de 1965, hace ahora 52 años, se inauguraba en Somahoz el monumento al doctor Fleming, costeado por Pedro Gutiérrez, entonces propietario de Casa Pedro, local hostelero tan conocido antes como ahora, en la última etapa precisamente como restaurante Fleming.

Desde aquel momento la asociación de vecinos de Somahoz, la Peña Gedío, se unió a la admiración hacia el científico, fusionando esa veneración con otro colectivo vasco.

Homenaje

Monumento. El 9 de mayo de 1965 se inauguraba en Somahoz el monumento al doctor Fleming, costeado por Pedro Gutiérrez.

Asociaciones. Desde ese momento la peña Gedío se unió a la admiración hacia el científico, fusionando esa veneración con la peña Zabala, de Bilbao.

Jornada. La peña Gedío fletó ayer domingo un autobús a Bilbao. A las 11 de la mañana tuvo lugar el oficio religioso y el homenaje al premio Nobel.

Este domingo, inasequibles al desaliento, esos dos colectivos, cántabro uno, vasco otro, volvieron a recordar la grandeza de un científico como Alexander Fleming. Llevan tantos años haciéndolo que algunos ya no recuerdan ni siquiera cuándo o cómo empezó la cosa. Pero ahí estuvieron de nuevo ayer domingo, rindiendo un emotivo homenaje al inventor de la penicilina. Son la Peña Zabala, de Bilbao, y la Peña Gedío.

Cada año el homenaje se hace a uno u otro lado de la frontera y esta vez tocó en Bilbao. Hasta allí se desplazó un autobús entero de seguidores de Fleming, cual hinchas de un equipo de fútbol. Pero lejos de rivalidad, allí les recibieron con los brazos abiertos. No hicieron mucho más, porque no hace falta. Oficio religioso y homenaje al Premio Nobel. Comieron juntos, pasaron el día y a esperar al año que viene, para volver a unir fuerzas (entonces en Cantabria) para que no se olvide lo que Fleming hizo por el mundo.

En la memoria

Cuentan que Pedro Gutiérrez ya llegó a Cantabria desde Cuba con una idea fija, hacer algo en recuerdo del personaje al que más admiraba en el mundo, al que, para él, era el verdadero revolucionario de la historia, mucho más que Marx o el 'Che'. Fleming, el hombre que hizo iguales a los hombres ante el mal más común, la enfermedad. Dicen que 'Pedrito', como se le llamaba en Los Corrales de Buelna desde su llegada, contaba que había dos inventos que nos hacían iguales, la penicilina y el Colt. No había recorte de periódico, noticia, libro o revista en la que se hablara de Fleming que no acabara en la Casa de Pedro. Los parroquianos, muchos entonces en aquel lugar privilegiado, entre la carretera y el río, degustaban los buenos caldos de 'Pedrito' hablando del poder bactericida del hongo penicillium notatum. Ahí es nada. Lástima que les llegó tarde la idea que habían tenido en otro lugar de alterne en Valladolid, llamar a un vino dulce especial penicilino.

Nunca, que se sepa, contó el porqué de esa admiración por el Nobel de medicina, a pesar de que más de una vez le tiraron de la lengua. Lo cierto es que su mensaje caló hasta tal punto de levantar un monumento aún señero en Los Corrales de Buelna y dejar en herencia el nombre del establecimiento que él puso en marcha, hoy restaurante Fleming, y ese encuentro entre asociaciones que aún sigue vivo, como el recuerdo de uno y otro.

Lo curioso es que en Los Corrales de Buelna existe una plaza y una calle dedicadas al descubridor de la penicilina. Pero la plaza es más conocida con otro nombre desde siempre, como el campo de Silos. De hecho, si alguien, vecino o visitante, pregunta por la plaza de Fleming, seguramente le enviarán a Somahoz, al pequeño rincón presidido por el monumento costeado por un hombre que gracias al científico y a ese monumento también ha quedado grabado en la memoria de los corraliegos, Pedro Gutiérrez.

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