Mucho más que un laberinto

El laberinto se encuentra situado en una finca particular del pueblo de Villapresente (Reocín). / Sane

La singular atracciónde Villapresente ha hecho que muchos programen sus vacaciones en Cantabria para venir a visitarla

SARA TORRESantander

Muchos nervios al entrar y aplausos al salir es lo que predomina entre los que deciden adentrarse en el laberinto de Villapresente (Reocín), que durante su primer verano de andadura se ha hecho un hueco indiscutible entre los atractivos turísticos de la región. Su propietario, Emilio Pérez, que tardó cuatro años en tener finalizada su obra, piensa en mejorar la atracción, ahora que ha constatado que la respuesta del público está siendo masiva. «!Muchos han cambiado sus vacaciones para venir al laberinto!», exclama sorprendido.

Cinco puestos de trabajo, contando el de su hija Mónica, a quien tuvo siempre en mente a la hora de trabajar en su idea, ha sido el resultado de la respuesta, que no podía ser más incierta cuando el hombre empezó a plantar los cipreses. Ni cuando vio la repercusión mediática a nivel nacional; ni siquiera en los primeros días de apertura, quiso dar por hecho el rotundo éxito de su idea y seguía conformándose con dar trabajo a su hija, mientras que él se ocuparía del mantenimiento de su particular jardín.

«Las cosas cambian», reconoce Pérez, cuando explica que al final ha decidió contratar a una empresa de jardinería para que le ayude con los trabajos. «Yo pensaba que entrarían entre treinta y cuarenta al día, pero sólo en la mañana de ayer, que ya estamos en septiembre, hubo 800 personas, así que pudiéndonoslo permitir, he decidido que no lo voy a hacer yo solo», dice.

Entre las novedades planteadas, sigue en su mente la construcción de una especie de torre que tiene en la cabeza desde el principio, pero en vez de levantarla en el centro del laberinto como se planteaba, quiere ponerla en el exterior: «Me han dicho que si desde el centro, ven cómo es el recorrido, será muy fácil encontrar la salida y creo que tienen razón».

Estará abierto hastael 15 de octubre y después se procederá a hacer algunas mejoras

Para este levantamiento, necesitará permisos, ya que se trata de una finca rústica, así que espera la respuesta de la Comisión Regional de Ordenación del Territurio y Urbanismo (Crotu), cuyos trámites, ha podido comprobar, «son muy lentos». También se plantea poder ampliar en un futuro el bar que él mismo construyó con madera y funciona a pleno rendimiento, porque muchos salen con ganas de tomar un refresco y reposar en las mesas que ha instalado bajo una gran carpa.

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En una de las mesas se encuentra Azucena González, de Ruente, que ha tardado una hora y cuarto en salir. «Nos costó bastante llegar al centro del laberinto, pero después, salir fue más fácil porque aprendimos un pequeño truco», explica. Sandra Ortiz se encuentra en otra de las mesas con sus amigas. Ha venido desde Burgos para pasar unos días en Cantabria y está haciendo sus planes en torno a esta visita. «Por eso hemos elegido quedarnos en Hinojedo, porque vimos que estaba cerca de aquí», indica.

Otras mejoras

En cuanto a otros avances que Pérez tiene en mente, está el de mejorar el aparcamiento para que se pueda utilizar tranquilamente los días de lluvia, pues se trata de una finca, propiedad de su familia. Y no puede faltar la reparación del firme del camino que da acceso, que en parte le corresponde a él y en parte al Ayuntamiento.

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Tal ha sido la avalancha de visitantes que han acudido durante el verano y la carga de trabajo de los empleados, y especialmente de la hija del propietario, Mónica Pérez, quien se encarga de la gestión, que se ha decidido cerrar un día a la semana para que puedan descansar. Los lunes. Aunque no signifique que el laberinto esté olvidado porque precisamente se aprovecha ese día para acondicionar determinados aspectos y así poder mantenerlo en buenas condiciones.

Ni siquiera estando cerrado cesa el trasiego de gente que se asoma y pregunta, aunque el horario se refleje claramente en la página web y el laberinto. Y eso teniendo en cuenta que, aunque esté cercano a la carretera, el laberinto no está a la vista, sino que hay que ir expresamente al lugar para toparse con él y ni siquiera allí se aprecia que es un laberinto, estando fuera. Para ello, hay un gran panel con una foto realizada con drone, que es donde se puede ver el recorrido, la misma imagen que muestra el vistoso furgón adquirido para lo que se requiera en la atracción.

Este año se prevé abrir hasta el día 15 de octubre, porque el propietario cree que ahora mismo la instalación no presenta unas condiciones óptimas para su uso en invierno. Precisamente por el tema de los accesos y el aparcamiento. Y no tanto por el laberinto en sí, ya que aunque en un principio esperaba tener que cerrar en los días de lluvia, ha comprobado que «se absorbe rápido». «Tendría que ser muchísima lluvia la que cayera para que no se pudiera utilizar», considera.

Se ha enviado un proyecto a la Crotu para construir una torre desde donde divisar el dibujo

Entre las anécdotas con que se ha encontrado desde la apertura de su creación, a parte de destacar el hecho de que muchos hayan cambiado sus vacaciones, que tenían previstas por ejemplo para el Sur, por venir al laberinto, le llama la atención los lugares tan recónditos desde donde se han acercado. «Han venido incluso de La Patagonia, porque eran los dueños de otro laberinto y querían conocer éste».

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La visita para él fue productiva, ya que intercambió experiencias y sacó en claro que «se pueden ir formando hoyos porque la gente se lleva en su pies la tierra». Algo que le explicaron que había sucedido allí y que empezó a considerar para tomar medidas.

En este último mes de apertura de la instalación, continuarán las visitas de familias, amigos y grupos muy diversos que podrán experimentar la auténtica sensación de perderse. A la vuelta del periodo de parón, el laberinto llegará con las mejoras citadas y seguramente alguna que se le ocurra a su propietario durante ese lapso. Será entonces cuando se sepa si a partir de entonces el laberinto podrá abrirse durante todo el año en futuras ediciones. «Para eso, habrá que esperar», finaliza Pérez.

La idea de construir el laberinto estable más grande de España rondaba en la cabeza de este ingenioso hombre desde hacía tiempo. Para ello, además de con la idea, contaba con la finca y unos cuantos árboles que se dedicaba a vender a particulares para cerrar chalets, pero que con el bajón de la construcción fue acumulando.

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