Cachón un día, cachón toda la vida

Varios monitores y miembros del grupo posan en los locales de los Scouts Cachones en Alto Maliaño./DM
Varios monitores y miembros del grupo posan en los locales de los Scouts Cachones en Alto Maliaño. / DM

Más de 125 niños y 20 monitores forman parte del Grupo Scout Cachón, que este año celebra los actos del 50 aniversario de su fundación

MARÍA CAUSO

Más de medio siglo a sus espaldas practicando el escultismo y el fomento de valores como el respeto, el compañerismo y el trabajo en equipo. Así es el grupo Scout cachón de Alto Maliaño.

Para unirse, tan solo se piden dos requisitos. Eso sí, imprescindibles: ganas de aprender y pasarlo bien. Esas características son las que han marcado la trayectoria de los Scout cachones, que este curso escolar celebra el 50 aniversario de su fundación como grupo. «Y los que nos quedan por seguir», asegura el jefe de los cachones, Enrique Zárate.

Lo que empezó como una pequeña asociación de niños para realizar actividades, interactuar y relacionarse ha pasado a convertirse en un movimiento socializador para estos jóvenes que, a su vez, se divierten y se educan en valores como la solidaridad, el compromiso, el respeto o la hermandad. Precisamente en este último adjetivo radica el ADN de los scouts cachones. «Tratamos de educar a través de juegos y hacer que los niños se conviertan en buenos ciudadanos, solidarios, responsables y que sean capaces de mejorar la sociedad», afirma Zárate.

Este curso 2017-2018, el grupo celebra su 50 cumpleaños con las mejores cifras de su historia: 125 niños y 20 monitores. «Es el máximo que nos permiten dar. El año pasado ofertamos 115 plazas y esperemos que el próximo mejoremos las 125».

Los cachones se reúnen semanalmente los sábados de 11.00 a 13.00 horas en los locales de la Iglesia San Juan Bautista -que les cede el sitio- y en el local del Centro Cultural Juan de Herrera de Alto Maliaño. Allí, se unen para realizar distintas actividades de la metodología Scout para jóvenes que van desde los 6 a los 18 años.

Variedad y clasificación. Y es que las actividades se dividen a su vez en ramas o grupos por edades. Desde los castores (los más pequeños) pasando por lobatos, scout guías o pioneros hasta los rutas (los mayores). «Cada rama es un mundo. Según la edad, se crea un hilo conductor para todo el curso y se busca que los niños tengan una tarea con un objetivo para el final del curso, aunque básicamente son todo juegos educativos donde lo pasan lo mejor posible», cuenta el jefe Scout.

Las actividades se celebran a lo largo del curso académico, de octubre a junio. Éstas pueden ser: al aire libre, como acampadas de fin de semana en albergues, excursiones, marchas, además del campamento de verano que se realiza durante quince días en un pueblo de Burgos; sociales, de ayudas a los más desfavorecidos como la recogida de alimentos o la celebración de mercadillos y rastrillos solidarios; y socioculturales, colaborando en las Fiestas del Amparo, en las Fiestas de San Juan, en el Festival del Cachón y en la organización de la Cabalgata de Reyes de Alto Maliaño.

La primera gran excursión de la temporada fue a la calzada romana el pasado mes de Octubre. «Hacemos una pequeña ruta para que puedan desconectar de la vida de la ciudad, les damos una pequeña ambientación durante el trayecto para que no se aburran y después, comemos y hacemos juegos», explica Enrique. No fallan los clásicos de toda la vida por los que apuesta el grupo: el pilla pilla, la cadeneta o el pañuelo. Se trata de actividades en grupo que desconecten a los jóvenes de las rutinas diarias y del uso continuado de las nuevas tecnologías. «Los adolescentes, que ya tienen móviles, se comprometen a dejarlos en una caja antes de empezar las actividades de los sábados. Al final, salen contentos y lo agradecen».

Crecimiento continuo

Lo hacen bien. Y los números los avalan. Los Scouts cachones continúan sumando niños cada año, alcanzando sus mejores cifras en su 50 cumpleaños. En los últimos cinco años han pasado de 70 a 125 inscritos. «Nunca habíamos tenido tantos chavales, así que supongo que algo estamos haciendo bien», asegura el jefe de grupo. Y es que la gente que ha venido al grupo, se ha quedado. Prueba de ello es la juventud de los monitores. «Muchos, como es mi caso, hicimos el recorrido completo. Desde la iniciación con seis años hasta empezar a ser monitores al cumplir los dieciocho», explica el jefe Scout.

Actividades diferentes, sentimiento de grupo y diversión asegurada es lo que engancha a niños y adolescentes a seguir vinculados a este grupo Scout. «Hacemos algo diferente, por eso subes un día y ya te enganchas. Abarcamos actividades de todo tipo y para todas las edades y pasamos mucho tiempo juntos. Somos una segunda familia y para los jóvenes, estar aquí es una desconexión y una huida de la rutina semanal de ir a clase, hacer deporte o ir a clases extraescolares».

Pañoleta, símbolo scout

Como todo grupo Scout, la pañoleta es el símbolo. Cada asociación de escultismo tiene sus colores. Negro y amarillo son la identificación de los cachones: negro por la tinta del cachón y amarillo por la luz del sol. Supone la distinción como grupo. Un símbolo para identificarlos. «La llevamos siempre que hacemos actividades fuera de los locales del grupo. Nos hace sentirnos orgullosos de ser cachones».

Una familia de pequeños y mayores, una forma de aprender y divertirse, de crear en valores, de evolucionar. De ser mejor persona. Y es que formar parte de este grupo te engancha para siempre. Ya saben lo que dicen: cachón un día, cachón para toda la vida.

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