En busca de la foto perfecta

Las sesiones de revelado tienen varias metodologías que los alumnos deben seguir. :: M. C./
Las sesiones de revelado tienen varias metodologías que los alumnos deben seguir. :: M. C.

El taller de fotografía del Centro Cultural La Vidriera permite a los alumnos adentrarse en este mundo mediante varios proyectos de investigación

MARÍA CAUSO

Dice el refrán que una imagen vale más que mil palabras. Hay gente que estará más o menos de acuerdo pero, lo que es cierto, es que la fotografía transmite. Y es así. Y si no que se lo digan a los miles de millones de aficionados que practican esta disciplina para disfrutar de su tiempo libre. También los hay que persiguen la belleza en todos sus aspectos y la difunden. Y eso implica comunicar. Comunicar sentimientos, ideas o noticias. Y es que la fotografía está considerada como un arte más. El pincel y el lienzo es a la pintura, lo que la cámara es a la fotografía. En definitiva, es una herramienta para trasmitir emociones.

Y si no, que se lo digan a Pilar Otí directora del taller municipal de fotografía para adultos del centro cultural La vidriera. Los integrantes de este curso se dividen en dos categorías: un grupo de principiantes, con casi 20 alumnos, y un grupo avanzado, con ocho. «Los que acaban de iniciarse en este mundo tienen clases se desarrollan de forma más pausada. Les explico alguna de las reglas más puramente básicas, les ayudo a manejar las cámaras y les voy hablando de la cantidad de posibilidades que oferta este mundo, mientras que los avanzados vuelan más por libre», explica Pilar.

Cuando se habla de posibilidades, se dice que éstas son infinitas en la fotografía. Aunque parezca increíble, todavía no se ha visto todo y faltan cosas por descubrir. Aunque haya normas básicas para hacer buenas fotos, las circunstancias pueden cambiar y mejorar o arruinar la instantánea. Esa era la opinión general del grupo de avanzado. Ellos vienen los martes de jueves de 19.00 a 22.00 horas (el grupo de iniciación va los lunes y miércoles) y, en un ambiente divertido y amistoso, debaten sobre sus trabajos fotográficos, se ayudan y estudian a los grandes maestros internacionales de este arte.

Las sesiones se organizan en base a proyectos de tres meses, programas de iluminación y revelado...

La profesora cuenta que sus sesiones se organizan a través de sus propios trabajos, que consisten en proyectos de tres meses, más la programación del centro sobre revelado, iluminación, composición... En este momento, tienen tres proyectos en marcha: un fotolibro de tema libre, una sesión de autorretratos y las reproducciones de bodegón y del artista que hayan estudiado la semana anterior.

«La semana pasado nos adentramos en la obra Edward Weston, que fue uno de los exponentes más importantes de la fotografía en la época del modernismo. Estudiamos su enfoque, su tratado de las fotos, la variedad de sus temáticas y lo intentamos imitar». Y así se aprende. O al menos eso dice este grupo de amantes de la fotografía.

Aprendiendo de los mejores

Y como imitar es una de las formas más fáciles de aprender, sacaron sus objetos para realizar fotos de bodegón. Un tomate, una concha encontrada en la playa o unas hojas de acelga. Todo vale para copiar, en este caso, a Weston. Con una cartulina negra como fondo, un difusor tipo ventana y dos flashes de iluminación. Parece sencillo pero tiene su cosa. Dependiendo de donde llegue la luz y con qué fuerza, surgen luces y sombras más fuertes o más ligeras. Todo vale a la hora de crear una imagen que transmita. Y como hay que sacar muchas fotos para elegir la definitiva, hay que discutir, argumentar e ir desechando hasta quedarse con una. Eso sí, según el grupo, «nunca llueve a gusto de todos». Esa es la máxima que nunca falla, porque hay fotos que gustan a uno y que disgustan a otro.

El taller tiene dos categorías: un grupo de principiantes y otro de nivel avanzado

«¡Y eso que son pocos!», dice Pilar. «Al ser un grupo reducido, tenemos un ambiente muy bueno. Son clases casi personalizadas, haciendo un seguimiento de lo que están haciendo. Nos llevamos muy bien y yo puedo estar pendiente de sus trabajos y ellos de los de los demás. No es solo yo la que corrige, ellos se ayudan y opinan sobre las fotos. Es muy enriquecedor», asegura.

Calidad

Lo que caracteriza una foto de calidad, es un proceso igualmente satisfactorio de selección y estudio. Y eso es otra faceta que trabajan en el taller. Mediante un arduo proceso selectivo, el grupo elige las fotos con mayor autonomía, lenguaje y plenitud para sus respectivos proyectos de fotolibro.

Pero, cuando se habla de 'fotos buenas', todos se miran entre ellos. «¡Depende!», dicen varios al unísono. Por lo general, lo primero que tiene que cumplir es la regla de los dos tercios, que es la base para una buena composición. A partir de ahí, la mayoría coincide en que es necesario que la instantánea tenga fuerza y una buena iluminación. Por su parte, Pilar dice que «una buena foto en prensa puede ser el instante, mientras que en un bodegón, destaca la iluminación. Hay muchos ámbitos (arquitectura, paisaje, naturaleza...) y cada uno te exige un tipo de imagen o equipo distinto», aclara.

«Una buena foto puede ser el mismo instante, un tipo de iluminación específica o un reflejo»

Así es, por tanto, el taller de fotografía municipal. Eminentemente práctico, dinámico, divertido y entretenido. Expertos y aprendices se juntan para intercambias ideas, conceptos y charlas sobre un mundo apasionante, que nunca deja de sorprenderles y que cada día les enseña algo nuevo.

Un arte, la fotografía, que mantiene, une y enriquece día tras día a estos alumnos. Que da y que quita. Afectada por las modas, es volátil en cuanto a estilo se refiere, pero firme en la pasión de sus adeptos. Siempre novedosa, todos coinciden en que la fotografía te descubre nuevas posibilidades.

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