Un entorno natural para disfrutar

Las sendas son perfectas para dar un paseo diferente. A. Aguilera
Las sendas son perfectas para dar un paseo diferente. A. Aguilera

El Programa Life Anillo Verde pretende recuperar el paraje en torno a la cueva de El Juyo, ubicada en la localidad de Igollo, para abrirlo al público

SAMIRA HIDALGO

«Algo digno de conocer». Así es como define Antonio Urchaga, coordinador del Proyecto 'Life Anillo Verde', al entorno de la cueva de El Juyo, en Igollo. Un lugar en el que la maleza, bardales o plantas de varios metros dejarán de formar parte del paraje gracias a los trabajos realizados por la Fundación Naturaleza y Hombre con la colaboración de la empresa pública MARE.

Del Anillo Verde forman parte también humedales como las Marismas de Alday o de Engoa, lagunas como el Pozón de la Yesera o de la Dolores, o encinares atlánticos como el de Peñas Negras (en Maoño), a los que se sumaron en junio los Pozos de Valcaba, el encinar de El Monterín y el entorno de la Cueva de El Juyo, catalogado como uno de los ecosistemas reliquia de encinares. Sin embargo, las plantaciones de eucalipto y algunas actividades humanas han terminado con gran parte de estos árboles presentes hace años.

Entre los objetivos de la Fundación Naturaleza y Hombre en este lugar se encuentra el de sustituir la vegetación exótica por autóctona. Algo factible gracias al proceso de regeneración que se está dando actualmente. Además, se pueden apreciar algunos árboles como avellanos o majuelos que también ayudan a tal fin.

Uno de los objetivos del programa pasa por reemplazar vegetación exótica por autóctona

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los distintos lugares en los que la Fundación está actuando son las especies invasoras. Aunque en el entorno de la Cueva de El Juyo no están muy presentes, desde la Fundación se está intentando hablar con los vecinos propietarios de terrenos colindantes en los que este tipo de plantas sí existen. «Lo ideal es encontrarse con zonas como esta en la que no hay especies invasoras y hemos podido llevar a cabo trabajos de mayor urgencia en otros lugares. Sin embargo, hay fincas particulares pegadas a la de El Juyo en la que los plumeros pueden hacernos mucho daño», explica Urchaga.

Precisamente, con el fin de tratar este y otros temas convocará «una reunión a lo largo de esta semana con gente de la junta vecinal para ir organizando los trabajos a realizar aquí y también en El Monterín, otra reserva de Igollo», avanza.

En el entorno de esta cueva cada pequeño detalle es vital, por lo que es necesario tener muy en cuenta especies como la de los insectos. «Cuando desbrozamos intentamos que sea lo justo y necesario ya que toda la vegetación es muy importante para los polinizadores», anota. Aunque hay camino abierto a lo largo de algunos metros, la vegetación cierra el paso a los visitantes y es precisamente este otro de los objetivos: abrir un sendero circular en el que disfrutar, por ejemplo, de los eucaliptales. El acuerdo de Custodia del Territorio firmado con la Junta Vecinal de Igollo, propietaria de los terrenos, dio luz verde a la Fundación para conservarlos durante los próximos 25 años. De hecho, ha sido la propia Junta la que ha planteado la idea de fomentar el uso público con la instalación de bancos y mesas para que la gente pueda disfrutar del paraje.

A lo largo del mes de junio los trabajos se encaminaron a despejar la zona de las distintas hierbas y plantas presentes en toda la zona. Precisamente, tras completar parte de las tareas, apareció un bebedero que estaba completamente comido por los bardales y en el que se intentará abrir camino al manantial que suministraba el agua. De conseguirlo, sería muy importante para que reptiles, anfibios e insectos pudiesen beber en él. «Es difícil conseguir dejar todo como estaba hace años, pero si logramos que vuelva el agua, proporcionaremos mucha más riqueza al lugar», manifiesta con esperanza el coordinador del proyecto medioambiental.

Entre las actuaciones que se están llevando a cabo progresivamente en los distintos enclaves del programa se encuentra El Monterín, delimitado al este por la cantera La Verde. Un lugar reconocido como el mayor encinar cantábrico de Camargo y que tiene además una curiosa formación de rocas calizas en forma de canales, lo que se conoce como lapiaz. Un enclave único en el Valle.

Conservación

Por esta razón, tanto la colaboración con las juntas vecinales, a las que informar periódicamente acerca de todas las actuaciones que se ejecuten, y Gobierno con las actividades de educación medioambiental, adquieren mayor relevancia.

Cuando empieza el curso, los alumnos acuden a los talleres organizados por la fundación en los que se intenta dar a conocer estos parajes a la vez que concienciar de la importancia de cuidarlos y conservarlos. Además, también «se realizan actuaciones de educación y sensibilización ambiental con la finalidad de facilitar la educación de toda la ciudadanía». Hay mucho futuro 'verde' en Igollo.

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