«Tenemos mucha suerte de haber nacido en España»

Paula Celis, médico voluntaria en Kenia
Paula Celis, médico voluntaria en Kenia / Samira Hidalgo

El próximo día 27 se organizará, junto a la bolera de Revilla, un mercadillo solidario cuyo fin será recaudar dinero para la compra de una máquina de óxigeno para un hospital en Kenia

SAMIRA HIDALGORevilla

Tras su vuelta del viaje que hizo a Kenia junto con una compañera de medicina, Paula Celis, a sus 24 años, ha regresado a Revilla con ganas de compartir sus vivencias en un hospital donde ha sido voluntaria durante un mes. Las duras condiciones en las que se encuentran tanto pacientes, como médicos han llevado a Paula y a su compañera, Elena Marroquín, a organizar un mercadillo solidario que tendrá lugar el día 27 de este mes junto a la bolera de Revilla, cuyo fin será recaudar dinero y así poder comprar una máquina de oxígeno para el hospital. Una ola de solidaridad y compromiso social con la que se invita a los vecinos a ayudar a aquellos que menos facilidades tienen.

-¿Por qué eligieron Kenia como destino para cooperar?

-Hace muchos años, en 2005, estuve con mis padres y no había vuelto a África. Se me metió en la cabeza que quería volver a Kenia y fuimos a través de una compañera de mi madre de Valdecilla, a raíz de eso contactamos con la misión del hospital y todo cuadró. Chaaria Mission Hospital es una misión que en su día fundó un cura italiano. Lo que más necesitan son médicos especializados, pero igualmente fuimos para allá.

Esta joven de 24 años organiza un mercadillo solidario en Revilla el próximo día 27«De esta experiencia he aprendido a vivir una muerte, algo que nunca había visto»

-¿Cómo podría describir lo que se encontraron cuando llegaron a ese hospital de Kenia?

-Aquello es otro mundo, no tiene nada que ver con lo que habíamos visto ni con lo que veremos. Las condiciones son muy pobres, hay dos enfermeras para 80 pacientes por lo que es inviable asegurarse de si los enfermos están limpios o han tomado su medicación. Hay cuatro habitaciones grandes: una para hombres, otra para mujeres, otra para maternidad y una última de pediatría. Las camas están compartidas y es imposible dar a basto porque hay más de 250 pacientes. Todo esto está agravado por la huelga de enfermeras que sufre Kenia por tema de salarios.

-¿Existe allí algún tipo de servicio mínimo?

-En Kenia no existe esa garantía. Los médicos sin enfermeras tampoco quieren trabajar y no queda más remedio que cerrar hospitales. Se desenchufan máquinas de oxígeno e incubadoras y si te mueres, te moriste. Como es algo que está pasando en muchos hospitales, mucha gente se queda en el camino, porque las distancias en Kenia son muy amplias y puede haber kilómetros y kilómetros sin civilización.

-¿Cuál era su día a día?

-Nosotras ayudábamos de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Yo estaba por la mañana en pediatría y mi compañera en la habitación de mujeres. Después íbamos a urgencias y más tarde a hacer curas a los hombres unas cuatro horas al día. Nos enseñaron que todas las curas tienen el mismo tratamiento, da igual si el paciente tenía una tibia rota, o que tuviese un agujero en el brazo. Gracias a esas curas pudimos quitar trabajo a una monja de unos 70 años que está destinada allí y trabaja todos los días del año. Nunca vi a nadie como ella. Esa mujer es de admirar.

-¿Qué ha aprendido de esta experiencia?

-He aprendido a vivir una muerte, algo que nunca había visto, además de niños, que es algo muy desagradable. Como lección he aprendido que nacemos con una suerte que no merecemos. Tenemos mucha suerte sólo por haber nacido aquí. Nos podía haber tocado Kenia. Aquí tenemos educación, sanidad... Lo tenemos todo.

-Y ahora, ¿qué?

-Cuando llegas de estos viajes no puedes seguir pensando como antes, porque si no sería haber viajado en vano. Vamos a hacer el 27 de agosto en la bolera de Revilla, al lado de la ermita del Carmen, un mercadillo solitario para poder comprar una máquina de oxígeno valorada en unos 2.500 euros aproximadamente, porque sólo tienen cuatro para más de 250 pacientes y había que valorar cuál de ellos la necesitaba más. La gente puede traer cosas de casa que se colocan a la venta en el mismo momento, también habrá una cantina con pinchos, comida y bebida. Si alguien quiere aportar algo, puede contactar conmigo a través de Facebook en Imxposible o dejarme un correo electrónico en imxposible@gmail.com. Espero que cuando seamos médicos podamos devolverle al hospital todo lo que él nos ha dado.

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