La extraña muerte de Craig

Agentes de la Guardia Civil custodian el cuerpo de la víctima que cuelga del yate, en el parking de transportes especiales de El Haya./Luis Calabor
Agentes de la Guardia Civil custodian el cuerpo de la víctima que cuelga del yate, en el parking de transportes especiales de El Haya. / Luis Calabor

Conductores alertan en el área de descanso de El Haya, a la salida de la A-8, del cadáver de un hombre ahorcado de la barandilla del yate que transportaba

SERGIO GARCÍA Castro Urdiales

Los conductores que a primera hora de ayer tomaban el desvío del área de descanso de El Haya, en la muga entre Bizkaia y Cantabria, no acababan de creer lo que estaban viendo. Del costado de estribor de un yate que transportaba un camión con matrícula británica colgaba, sujeto del cuello, el cuerpo sin vida de un hombre. Algunos incluso llamaron a los negocios que hay en la zona -un club de carretera, dos hoteles, un bar restaurante y una estación de servicio con surtidores en ambos sentidos de circulación-, atónitos ante lo último que uno espera encontrarse a la salida de una autopista. «¿Es broma?», llegaron a preguntar a uno de los trabajadores del lugar, ante la posibilidad de que lo que estaba a la vista de todo el mundo fuera un muñeco fruto de una noche de desfase y no el cadáver de un transportista.

Craig Anthony Musgrove, el fallecido, había estacionado en el parking de El Haya a comienzos de semana. Se dedicaba al transporte de embarcaciones de lujo y, según trabajadores del área de descanso, iba de camino al puerto de Santander. Viajaba en compañía de Richard, al volante de un vehículo de apoyo y al que conocían aquí de anteriores visitas. El convoy excepcional -sobre cuya plataforma descansaba ayer el yate, de unos 12 metros de eslora- acaparaba ayer todas las miradas, entre coches patrulla, agentes de la Unidad de Tráfico y el vehículo de atestados de la Guardia Civil.

Tres cartas

Un coche de servicios funerarios se llevó el cadáver hacia las diez de la mañana, después de que el forense lo examinara y pendiente de que se le practique la autopsia. Mientras, los agentes desplegados inspeccionaban el interior de la cabina en busca de indicios que arrojaran luz sobre lo ocurrido. Fruto de estas pesquisas se produjo el hallazgo de tres cartas, cuyo contenido no ha trascendido. Parece ser que a la víctima le había dejado su mujer recientemente y atravesaba por problemas laborales, por lo que todo apunta al suicidio.

Richard lucía en su rostro los estragos de una pelea que había mantenido con la víctima la noche del pasado jueves. Según testimonios recogidos en un bar de El Haya, los dos habían compartido mesa y mantel y «bebido un poco». Al término de la cena, salieron a la terraza donde mantuvieron una fuerte discusión por motivos que no han trascendido, discusión que se extendió instantes después al aparcamiento aledaño de transportes especiales a la vista de varias personas. A consecuencia de los golpes sufridos, Richard tuvo que ser evacuado primero al ambulatorio de Castro y luego al hospital de Valdecilla, en Santander, para ser tratado de sus lesiones.

Richard cubría ayer su cara hinchada con unas gafas de espejo, que ocultaban las moraduras y las múltiples heridas sufridas.Como consecuencia de la disputa, los dos habían acabado a la mañana siguiente en los juzgados de Castro, donde Craig, el presunto agresor, fue sometido a un juicio rápido y condenado, según testimonios recogidos en el área de descanso y corroborados por la investigación, a pagar una multa de «8.000 euros» por los daños causados a su compañero. Sin embargo, quienes les vieron luego regresar a El Haya coincidían en afirmar que su comportamiento era «normal».

Las mismas fuentes señalaban ayer que, fruto de este episodio violento, Craig habría tenido problemas laborales ante el perjuicio económico que representaba no poder mover la carga, cuyos cromados lanzaban ayer destellos en el centro de la explanada de cemento. Cuando la Guardia Civil llegó al lugar de los hechos alertado por las llamadas de particulares, encontraron a Richard durmiendo en la furgoneta de acompañamiento, aparentemente ajeno a todo lo ocurrido. «Creo que le han dado la noticia ellos», decía un camarero. El hombre, anonadado por lo ocurrido, abandonó el lugar en un vehículo del instituto armado para prestar declaración y fue posteriormente puesto en libertad.

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