Cuando El Astillero se echaba a la calle

La Coordinadora de Vecinos, un frente social como nunca hubo en el municipio, cumpliría ahora 30 años

Cuando El Astillero se echaba a la calle
Archivo municipal
SHEILA IZQUIERDOAstillero

La Coordinadora de asociaciones vecinales de El Astillero cumpliría treinta años ahora, si no fuera porque lleva desaparecida desde hace tiempo. Sin embargo, la efeméride de su creación merece ser puesta de relieve, ya que aquel frente social no ha caído en el olvido entre los ciudadanos del municipio, que todavía recuerdan que el pueblo, durante unos años, se echó a la calle, hizo lo que Fuenteovejuna, y cambió las cosas a mejor. Esa lucha sin tregua de familias enteras permitió evitar que la autovía a Bilbao partiera el pueblo de El Astillero a la mitad, que las marismas fueron objeto de la especulación urbanística, que la carretera N-634 fuera un foco de accidentes mortales...

De todo eso siguen hablando los principales estandartes de aquel movimiento social. Los presidentes de las asociaciones de vecinos de Boo, Manuel Ángel Salas, de Los Remedios, José Manuel Carpintero, de Las Marismas, José Manuel Santiago y de La Cantábrica, Alejandro Martín, se reunieron recientemente para refrescar la memoria y recordar aquellos buenos tiempos, en los que la lucha social corría por las venas.

Ellos representaban a pequeñas zonas del municipio y se unieron para forzar soluciones. Las asociaciones en aquella época daban identidad a los barrios; nacían de una necesidad de mejorar la calidad de vida de los vecinos y se hacían fuertes ante la desconfianza del poder público. En El Astillero, la Coordinadora que surgió de la unión de siete colectivos del municipio (La Cantábrica, Los Remedios, Las Marismas, Boo, El Pilar, Bellavista y San Camilo), fue un ejemplo de que aquella acción social, tan a flor de piel en aquella época, logró cambiar las cosas. Todavía hoy se la recuerda como ese otro poder que gobernó el pueblo, un frente vecinal peleón, sin miedo a echarse a la calle o a dar un golpe en la mesa cuando las respuestas de los administradores eran vagas, peregrinas y provocaban, sin remilgos, una ofensa difícil de pasar por alto.

La reputación de aquella unión vecinal, ganada a base de pulsos, aún pervive en el pueblo y, no es extraño que, de vez en cuando, afloren conversaciones improvisadas, cargadas de una mezcla entre orgullo y nostalgia, a los lados de una barra, a pie de calle... En esos recuerdos que se rescatan de la memoria se revive la lucha que mantenía el pueblo a finales de los ochenta, principios de los noventa, cuando no había miedo a cortar durante horas la carretera Santander-Bilbao y crear kilómetros de retención para exigir mejoras en la seguridad vial; o a abrir a la fuerza las esclusas de las marismas colocadas por la empresa Astillero Parque S.A. (con la intención de construir), para volver a inundar de agua lo que había sido y tenía que ser del pueblo.

Manuel Ángel Salas (izquierda), José Manuel Santiago, José Manuel Carpintero y Alejandro Martín
Manuel Ángel Salas (izquierda), José Manuel Santiago, José Manuel Carpintero y Alejandro Martín / S. I.

«Aquí llegó un momento que quien mandaba en el pueblo era la Coordinadora. Hacíamos un llamamiento y la gente respondía, se implicaba de verdad. Hoy en día eso sería sería imposible porque no existe ya ese concepto de lucha», recuerda José Manuel Carpintero, el presidente de la asociación Los Remedios, una de las siete que formaban el tándem vecinal.

La Coordinadora de Asociaciones de Vecinos se fundó en el año 1987 fruto de la unión entre las siete asociaciones, con el objeto de forzar soluciones a los problemas que había. Por aquella época, Salas, Carpintero, Martín y Santiago rondaban los treinta años y eran ya padres de familia, pero la preocupación por mejorar sus barrios era tal y las respuestas de las administraciones tan diluidas, que tenían claro que la solución llegaría si la forzaban. De todos los asuntos que ya tenían sobre la mesa, el más acuciante, «el mayor problema» en ese momento, era la falta de seguridad en la carretera N-634, perteneciente la antigua Santander-Bilbao que atravesaba la calle Industria hasta la gasolinera G-2. Aquel fue el punto de partida. «Era lo más grave a resolver. Había habido accidentes mortales, carecía de paso de peatones... La Coordinadora fue la que impulsó el proyecto que costó varios años de lucha y numerosos cortes de circulación...». Ninguno de los representantes olvida la ayuda de Agustín Hernández, Victoriano Puente, Fernando Ortiz, Paco Cabarga o Manuel Sebares.

La hemeroteca, reflejo de una lucha llevada a la calle

Las reivindicaciones que los vecinos de El Astillero y Guarnizo llevaron a la calle quedaron recogidas en diversas cabeceras. No era extraño que los medios de la época se hicieran eco sistemáticamente de sus reuniones, de los avances en las negociaciones –en algunos casos–, de lo infructuoso de las mimas –en otros–, de sus protestas multitudinarias. Como la portada que dedicó este periódico en su número 28.428 de la edición El Astillero-Camargo, al séptimo corte de circulación en la carretera Santander-Bilbao. Los vecinos, cansados de exigir medidas de seguridad a un tramo que se había cobrado numerosas vidas, se echaron a la calle con sus hijos y no dudaron en cortar la circulación en tres puntos distintos y paralizar el tráfico varios kilómetros durante hora y media. Eran otros tiempos.

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