La belleza natural de Astillero, una cuestión de trabajo

Un operario de la cuadrilla de Corporaciones Locales recoloca una de las señales que han sufrido ataques vandálicos en el entorno de Morero./Daniel Pedriza
Un operario de la cuadrilla de Corporaciones Locales recoloca una de las señales que han sufrido ataques vandálicos en el entorno de Morero. / Daniel Pedriza

El programa de Corporaciones Locales permite conservar los espacios naturales ganados a la urbe, creando un entorno único y ejemplar

Sheila Izquierdo
SHEILA IZQUIERDOEl Astillero

Presumir de una manera sistemática y banal roza lo absurdo. Pero este reportaje es el reflejo de que El Astillero, si de algo puede lucirse, sin ningún tipo de mesura, es de haber conseguido la conversión ambiental de aquellas zonas degradadas que, en su momento, fueron auténticos cementerios de despojos industriales. Algo nada desdeñable, ya que se han recuperado –y luego mantenido– 70 hectáreas de superficie, que se han abierto camino en medio del casco urbano y también de los polígonos, para el disfrute público de la Naturaleza. Todo, gracias a un trabajo de recuperación y mantenimiento continuado a lo largo de estos últimos casi veinte años, que no ha entendido de colores políticos y que ha sembrado, sin género de duda, un precedente en la región.

El programa de Corporaciones Locales ha sido en todo este tiempo la columna vertebral del mantenimiento de las marismas Blancas y Negras y el entorno de Morero. Siempre orquestado por la SEO/Birdlife a través del programa municipal EcoAstillero XXI, se ha trabajado en diversas vías que se han considerado imprescindibles en la recuperación y conservación de estas áreas de El Astillero. Todo, desde una fórmula que parecía paradójica, pero funcionó: la armonía entre el uso público y el respeto al medioambiente.

«Morero o las Marismas de El Astillero son el resultado de la recuperación de áreas postindustriales» Felipe González, Coordinador SEOBirdlife

Así, se ha trabajado ininterrumpidamente en la siega y poda, la limpieza de residuos, la creación de charcas para anfibios y cajas nido para los pájaros, así como en la conservación activa, muy en especial, en la lucha contra plantas invasoras como el plumero y la repoblación con árboles autóctonos. En definitiva, en la creación de un entorno natural, en algunos casos exuberante, rico en biodiversidad que nada tiene que ver con el entorno degradado del que partieron dichas áreas.

Desde hace ya meses, la última remesa de trabajadores contratados –y procedentes del desempleo– de Corporaciones Locales se está encargando de las labores de mantenimiento y conservación. Para ello, se ha contado con siete personas (un capataz, cinco operarios y una técnico), que se encargarán hasta el próximo 31 de mayo de esas funciones sobre el terreno.

Trabajos en la zona llamada 'la isla', en Morero, un paraje con exuberante vegetación que puede visitarse. / Daniel Pedriza

Esta batería de contratados supone, en esta ocasión, «una suerte», según subraya el coordinador de la SEOBirdLife, Felipe González, que se encarga, junto a su equipo, de supervisar el trabajo realizado por ellos. «Lo es porque contamos en esta ocasión con gente que sabe mucho y eso es una garantía de que el trabajo tendrá los mejores resultados».

El sonido de la naturaleza

En una visita por el entorno de Morero, donde estos días se ha centrado la cuadrilla, se ha llevado a cabo la reposición de la señalización existente en el camino –a causa de acciones vandálicas–, la colocación de cajas nido, el control manual de la proliferación de plumeros, el desbroce o el pintado del mobiliario urbano. «Morero no ha parado de extenderse y ya dispone de 40 hectáreas para el uso y disfrute de la naturaleza, junto a un polígono industrial y que conecta no solo con otros enclaves naturales del municipio, sino también con otros rincones de fuera de la región», señala González durante el recorrido.

Llama la atención la zona de Morero conocida como 'la isla', un lugar todavía desconocido para muchos –ya que ha sido la última zona recuperada– donde la vegetación rellena dimensionalmente cualquier panorámica. Aquí, pese a estar a escasos metros del cemento, el ruido de la industria o la urbe desaparecen por completo para dar paso al canto de los pájaros en medio de un sotobosque natural (de castaños, robles, abedules, alisos, nogales o avellanos). Un paraje casi paradisíaco plagado de naturaleza, donde tal ha sido la proliferación de especies, que uno, desde los senderos habilitados, puede ver petirrojos, carboneros, jinetas, martas, zorros o incluso corzos. «Esto es un corredor ecológico que comunica con Peñacabarga o incluso el Pisueña», matiza González.

«Si el Gobierno quisiera justificar el programa de Corporaciones, aquí tendría un ejemplo»

Para el coordinador de la SEO, esta infraestructura verde convierte a El Astillero en el enclave ideal para relajarse, mejorar la salud y hacer deporte. Y tan es así, que el municipio ya es firme candidato a estar incluido dentro de la Red de Espacios Protegidos de Cantabria. «Morero o las Marismas de El Astillero son un ejemplo de cómo se pueden convertir las áreas postindustriales de cualquier capital en espacios naturales abiertos, gracias a la concienciación que ha tenido el Ayuntamiento a lo largo de todos estos años, apostando, con sus propios recursos o buscando otros, en el mantenimiento». Y es que, para González, lo más difícil en la conservación es la gestión diaria del terreno y, a su juicio, El Astillero es de los pocos municipios que pueden lucir con orgullo estos trabajos. «Si el Gobierno quiere justificar el programa de Corporaciones, aquí tiene un claro ejemplo».

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