Casa Cayo se toma un respiro

Tres generaciones de la familia Gómez. /Pedro Álvarez
Tres generaciones de la familia Gómez. / Pedro Álvarez

El conocido restaurante de Potes cierra sus puertas, aunque sus propietarios «esperan volver pronto»

Pedro Álvarez
PEDRO ÁLVAREZPotes

Casa Cayo, un referente de la hostelería de Potes y de la comarca lebaniega, hace un alto en el camino. No es un adiós, es un «hasta pronto» con el deseo de volver de nuevo para compartir un trato directo y familiar con las personas que durante estos años se han acercado al establecimiento mostrando su confianza y fidelidad.

Situado en el centro de Potes, en la calle Cántabra, con excelentes vistas a la Torre del Infantado, al río Quiviesa y al macizo Oriental de Picos de Europa, el establecimiento hostelero es uno de los lugares de referencia gastronómica de vecinos y visitantes desde que abrió sus puertas, en 1936. Desde entonces, miles de personas han pasado por allí para degustar los platos de una popular cocina tradicional. Además, cuenta con instalaciones hoteleras para el descanso del visitante que se acerca hasta la villa lebaniega.

Cayo Gómez Dosal es uno de los tres hermanos copropietarios que forman la tercera generación de hosteleros que han estado al frente del negocio familiar. Reconoce que esta interrupción de Casa Cayo está motivada por «un afán de mejorar el servicio» mediante una adecuación de las instalaciones del establecimiento, unido a buscar poder ofrecer «una mejor calidad y atención a todos los clientes que se acercan a nuestra casa».

El veterano hostelero comparte también parte del éxito cosechado en su establecimiento con el trabajo desempeñado «por todos los empleados» que han pasado por el negocio. «Con su dedicación y esfuerzo han sido capaces de contribuir al éxito de la empresa, ya que desde el primer instante han asumido el sistema familiar como propio, y eso ha generado un buen trabajo en equipo que el cliente ha agradecido», reflexiona en voz alta.

Cayo ha querido agradecer también a sus vecinos lebaniegos el hecho de haber sido «clientes asiduos» al restaurante durante todos estos años, tanto en los inicios de la fonda «que regentaron nuestros abuelos y posteriormente nuestros padres, como los que nos han seguido mostrando su confianza hhasta hoy en día».

Entre los secretos del éxito del negocio familiar creen que la principal clave que ha sumado a su favor para que los clientes depositasen la confianza en su proyecto hostelero ha sido el de prodigar siempre «un trato directo» que, según explican, ha ido muchas veces más allá de lo puramente comercial. Así, poco a poco, muchos de esos clientes, hoy en día, son también sus amigos. «Nosotros nos encargamos que el cliente disfrute en la visita y ellos nos lo han recompensado con creces por la confianza que nos han mostrado», explican. Además, la saga de hosteleros se siente «orgullosa» de esa fidelidad de su clientela, a la par que recuerdan con nostalgia los años en los que los lunes y los días de feria ganadera se les llenaba el negocio, «en especial de lebaniegos».

Echando la vista atrás, Gómez Dosal recuerda cómo la puesta en marcha de las instalaciones del teleférico de Fuente Dé significó un antes y un después para la comarca de Liébana y el turismo, ya que «hubo que adaptarse a la presencia de un mayor número de turistas que se acercaban a la villa de Potes y a visitar el resto de la zona». Eso significó tener que adaptar las instalaciones de la empresa familiar a los nuevos tiempos.

La historia

La historia de Casa Cayo comienza en 1936 con el matrimonio formado por Cayo y Mercedes -los abuelos de Gómez Dosal y sus hermanos- y su decisión de fundar el establecimiento en ese bélico año. Lo hicieron en una calle comercial, donde la hostelería de la villa siempre ha estado presente.

«Mis abuelos tenían cinco hijos, y después de muchos esfuerzos y hacerse con una clientela fiel, fue mi padre Juan Manuel Gómez 'Manel', que se casó con nuestra madre, Carmen, el encargado de llevar la responsabilidad del negocio, continuando con el trabajo iniciado por mis abuelos, que ahora llevamos los tres hermanos, Manel, Cayo e Isabel, que somos la tercera generación», explican.

De hecho, aunque ahora se vayan a tomar un respiro temporal en el negocio, afirman también que la cuarta generación de Casa Cayo comienza ya a tener contacto con el establecimiento.

Cayo no quiere dejar pasar de largo el reconocimiento que siempre ha tenido su tradicional cocina y que deben, en gran parte, al trabajo desempeñado por su madre, Carmen, que supo transmitir este don al resto de la familia. «Si hay algo que nos distingue son los platos de una cocina tradicional lebaniega, elaborados con las mejores materias primas. Esto ha hecho que los clientes valoren la variedad de platos que pueden degustar», resume.

Los más conocidos

A nivel culinario, desde el comienzo, en Casa Cayo ha habido dos platos que han sido referencia para la clientela: los callos caseros y el cocido lebaniego. Estas especialidades, unidas a la apuesta por lo que hoy conocemos como productos 'kilómetro cero' -una materia prima compuesta por la carne de la zona, la apuesta por los quesos lebaniegos con denominación de origen en la carta, los embutidos, las verduras, o una variedad importante de postres caseros-, ha contribuido al éxito del negocio hostelero y a hacer famoso, dentro y fuera de Liébana, su buen nombre en la cocina. «No cabe duda de que la dedicación, el esmero y el amor a la cocina han sido fundamentales para que, durante estos años, vecinos y visitantes hayan pasado por nuestra casa felicitándonos por nuestra labor».

Y no es sólo porque lo digan ellos o sus clientes y amigos. El trabajo realizado por la familia Gómez Dosal ha sido reconocido, además, con la concesión de la placa de plata al Mérito Turístico por parte del Gobierno de Cantabria y también con el premio de la Cofradía del Queso de Cantabria, a la promoción de los quesos locales y regionales, entre otras distinciones.

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