Los Reyes cruzan la Puerta del Perdón

Javier Cotera

Unas 300 personas han recibido a Don Felipe y doña Letizia a su llegada al Monasterio de Santo Toribio, donde han besado el Lignum Crucis

Álvaro Machín | Pilar González Ruiz
ÁLVARO MACHÍN | PILAR GONZÁLEZ RUIZPotes

A eso de las ocho y media llegó el primer autobús de lebaniegos. Once. Dispuestos a coger sitio junto a la Puerta del Perdón de Santo Toribio para ver de cerca a los Reyes de España. Los más de 350 que finalmente se acercaron hasta el monasterio consiguieron el objetivo. Don Felipe y doña Letizia se mezclaron con la multitud, repartieron saludos y estrecharon la mano de la práctica totalidad de los asistentes. Fue antes de una visita fugaz al interior del templo. Porque, en total, estuvieron en el punto clave del Año Jubilar algo menos de una hora. La comitiva de vehículos apareció a las once menos diez y los gritos de despedida se escucharon a las doce menos veinte.

Reparto de banderitas de Cantabria y España, coros y danzas, lebaniegos y también personas llegadas de diferentes puntos del país (Murcia, Palencia, Barcelona…). Fue lo que se encontraron al llegar. Mucho entusiasmo y gritos de ‘Viva España’ y ‘Viva el Rey’. Don Felipe y doña Letizia (ella delante, con un traje blanco) recorrieron el perímetro de seguridad completo mientras saludaban.

Poco antes de las 11 de la mañana, su despliegue de vehículos llegaba a la explanada del Monasterio sin detenerse en Potes. Los Reyes se tomaron con calma los saludos. Unos diez minutos han dedicado a dar la mano al público. «Buenos días. Hola, ¿qué tal?», repetía Doña Letizia entre apretones de manos y fotos con unos y otros. Cercana y sonriente, encabezaba la comitiva. Le seguía de cerca el Rey, el presidente regional, Miguel Ángel Revilla, y su esposa, Aurora, con una muleta. Con ellos llegó el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna y al bajarse del coche les esperaba el grueso de las autoridades locales, regionales y eclesiásticas. Sin Francisco Martín ni Eva Díaz Tezanos, que no acudieron a la cita.

La foto con Candela

Candela tiene seis meses y, sin saberlo, ha sido la protagonista de una foto histórica. Frente al Monasterio de Santo Toribio, un caluroso 19 de julio. La reina Letizia la ha sostenido en sus brazos durante unos segundos. También el rey Felipe. Ataviada con el traje tradicional, la pequeña se ha dejado hacer carantoñas de brazo en brazo.

Qué suerte, le decían a su madre. «¡Suerte también para ellos estar aquí!».

Hubo anécdota porque, terminado el recorrido, doña Letizia se metió en el templo por la puerta equivocada. Entró y salió. Luego, todos juntos (con la numerosa compañía de autoridades), accedieron, ya sí, por la Puerta del Perdón.

Javier Lombraña, presidente de la Cofradía de la Santísima Cruz celebraba que finalmente la agenda se dividiera en dos días. «Así no compartimos protagonismo con otro evento», afirmaba. A su juicio, es lógico que Sus Majestades acudan a visitar Santo Toribio, como han hecho con otros lugares santos y valoraba el acontecimiento como «muy importante».

Fue un recorrido rápido. La nave y la obligada parada en la capilla del Lignum Crucis. Allí les explicaron su historia, escucharon la bendición del Obispo y besaron la reliquia. Primero él y después, su esposa. El itinerario siguió por el claustro, en el que están los paneles explicativos que repasan la historia del trozo más grande de la Cruz de Cristo, su viaje hasta llegar a Liébana y la importancia de Beato. El presidente Revilla hizo de anfitrión junto al prior guardián y entre ambos, junto a la directora general de Cultura y los responsables del Año Jubilar, se repartieron las explicaciones. El Monarca prestó especial atención a los dos Beatos que trajeron para la ocasión del Centro de Estudios Lebaniegos.

Fuera, entre tanto, agrupaciones de Tanos y de Liébana ya esperaban con sus trajes y sonidos típicos para la foto oficial de la visita, en la que estaba, entre otros, el ministro de Fomento. Sus Majestades posaron con todos ellos y continuaron con otra ronda de saludos entre los que aún quedaban. Incluso, se acercaron hasta el puesto de recuerdos y golosinas que hay en el exterior para saludar a los que atendían. Justo antes de volver a subir a los coches para marcharse.

Don Felipe y Doña Letizia iban a visitar Santo Toribio el pasado mes de junio, pero la climatología lo hizo imposible. Demasiadas nubes para aterrizar en Tama con su helicóptero. Aunque Miguel Ángel Revilla les propuso llegar por carretera durante la presentación del Centro Botín (y, de paso, comprobar el mejorable estado de la ruta), sus majestades prefirieron mantener la idea inicial.

Llegados de todas partes

Al otro lado de la valla de seguridad, cientos de personas llegadas de todas partes disfrutaron de la visita fugaz de los Reyes. Desde Palencia, María Ángeles Alcaraz fue una de las primeras en llegar, y a sus 80 años subió andando hasta el templo. Ella ya sabía lo que era saludar a los Reyes. Estuvo con ellos en Palencia el año pasado. «Están majísimos», decía entusiasta. Esta vez vino con su hija y sus nietos, con el plan de cruzar la Puerta del Perdón terminada la visita real.

Sentados en un banco, Kathleen McGray y su marido observaban con curiosidad todo lo que ocurría. Son irlandeses, están de vacaciones y no tenían ni idea de lo que se iban a encontrar.

Curiosidad como la que sentía también Manuel Loroña. Es peruano y su peregrinaje por el Camino Lebaniego ha terminado precisamente hoy. Le llama la atención el despliegue de seguridad, pero ha venido a cumplir la meta y a pasar la Puerta.

Fuera, los asistentes se desplazaron hacia la zona del claustro, por donde estaba prevista la salida tras el recorrido por el interior de la iglesia. Allí se colocó el Grupo de Danzas Virgen de las Nieves de Tanos. Querían cantar y ofrecerles a sus altezas su versión de los Picayos modificada con motivo del Año Santo. Pero no pudo ser. Los Reyes salieron, posaron y se marcharon. Cumplieron de forma estricta su agenda y pasaron apenas una hora en Potes. No pararon en el pueblo ni se salieron del guion. Eso sí, los fieles, pocos, quedaron satisfechos.

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