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La batería de la Santa Cruz

San Vicente de la Barquera

Los castillos y elementos defensivos no garantizaban la seguridad de los núcleos litorales del Norte de la Península Ibérica

MARÍA EUGENIA ESCUDEROSan Vicente de la Barquera

A lo largo del siglo XVI el deterioro del castillo dio lugar a que éste proporcionase una defensa más psicológica que real. Ya en 1583 la fortaleza medieval se hallaba totalmente arruinada, necesitándose entre seis mil y siete mil ducados para su reedificación, cantidad que el concejo barquereño solicitó al Consejo de Guerra.

Ante la negativa de aquel órgano, en 1589 Tristán de la Torre, contador de San Vicente de la Barquera, se comprometía a rehabilitar a su costa parte del castillo, a cambio de la concesión del título de alcaide del mismo. En esta fecha la ruina había aumentado y las obras se evaluaban ya entre diez mil y doce mil ducados.

En 1595 Tristán fue nombrado alcaide iniciándose los trabajos de reedificación, que no sirvieron para evitar la destrucción de la fortaleza, una realidad en 1623 cuando Pedro de Texeira lo describió como una torre antigua de la que sólo se veían las paredes. El torreón y bóveda, como se denominaba al castillo en el siglo XVII, continuaba inutilizado en aquella centuria, sin contribuir a la defensa de la villa.

La política de fortificación de la costa Cantábrica emprendida en el último tercio del siglo xv por Felipe II dio lugar a la puesta en marcha de numerosos proyectos para adaptar las defensas de las villas a las nuevas técnicas militares y armas de fuego. Los castillos y elementos defensivos medievales no garantizaban la seguridad de los núcleos litorales del norte de la Península Ibérica, que desde 1580 se vieron amenazados por los corsarios y su papel de frontera marítima en los enfrentamientos entre la monarquía castellana y las potencias europeas como Francia o Inglaterra.

Las tropas francesas mantuvieron una guarnición próxima a este fuerte, que habían invalidado

Junto a la entrada del puerto barquereño, en la Punta del Castillo, se levantó en 1584 el fuerte de Santa Cruz, una pequeña batería a barbeta con ocho cañones, que contaba con un cuerpo de guardia, un depósito de pólvora y un patio o explanada donde se dispondría la artillería. Su diseño, cuya autoría se desconoce, tuvo que ser proyectado por alguno de aquellos ingenieros militares que trabajaron a las órdenes de Felipe 11 en las fortificaciones del Cantábrico, corno Cristóbal de Rojas o Jacobo Palear Fratín.

En 1763 el ingeniero Joaquín del Pino reparó esta batería, en la que finalizando el siglo XV ya no quedaba ni un solo cañón útil, ordenándose su reedificación ante la previsión de un ataque británico durante la Guerra de Independencia.

Las tropas francesas mantuvieron una guarnición próxima a este fuerte, que habían invalidado. Un informe elaborado por el ingeniero Ramón Calbet en 1830 lo describía como una batería a barbeta con capacidad para seis piezas de artillería y cuya edificación se hallaba destruida. Actualmente sólo restan las ruinas de la pequeña fortaleza que, desde la primera mitad del siglo XX, se encuentra divida por la barra de entrada al puerto.

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