Cabezón se cose sus trajes regionales

Los alumnos se reúnen cada viernes desde las 17.00 a las 19.00 horas para aprender a coser sus propios trajes regionales. /Javier Rosendo
Los alumnos se reúnen cada viernes desde las 17.00 a las 19.00 horas para aprender a coser sus propios trajes regionales. / Javier Rosendo

Un grupo de vecinos asiste a un taller sobre cómo realizar su vestimenta. El objetivo es promocionar lo propio y lucir durante el Día de Cantabria

LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Cae la tarde en Cabezón de la Sal y en un piso viejo, al que se accede por unas escaleras estrechas, cosen siete mujeres y un hombre. El local es propiedad del Ayuntamiento y en una de las salas, cuyos ventanales dan a las calles céntricas del pueblo, se desarrolla el Taller de Trajes Regionales que ha puesto en marcha un grupo de mujeres de la localidad cuyo objetivo es «promocionar lo propio». Bueno, «y lucir el traje hecho por nosotras el Día de la Montaña», explica Angelines García Rubín de Celis, la 'cabecilla' del grupo, y la que tuvo la idea de formar este taller, «porque todos los cabezonenses deberíamos procurar vestirnos el Día de Cantabria para lucirnos, como cántabros que somos», dice. Y es que esto del folklore o se lleva muy dentro o no se lleva en absoluto. Aquí se respira, sobre todo si uno mira los dos maniquíes que soportan los pesados trajes ya confeccionados. «Son los que hemos hecho hasta ahora», señala María José Mínguez, la profesora modesta, que no necesita decir nada de sí misma. «Es una prestigiosa profesora de talleres similares en Santander y en Torrelavega y también presidenta de la Asociación de Trajes de la Tierruca», comentan las ávidas alumnas. «Bueno, eso no es relevante aquí», responde ella, quitándose importancia. «Y también tiene algo que ver con los Baños de Ola», aporta una. «¿A que acabamos haciéndonos un bañador?», bromea otra. Ya se empiezan a animar. «Oye que yo lo hago por decir lo que ella sabe hacer, que es mucho». Así de cotidiana resulta la tarde entre Luz María Lamo, Luisa Martínez, Mari Luz González, Victoria Seco, José Fina Bárcena y Javier Gutiérrez, los participantes que llevan desde el pasado 16 de marzo inmersos en esta experiencia.

Coser un traje regional es un trabajo duro, pormenorizado, constante y caro, por eso a uno le tiene que gustar mucho. Como le gusta a Luz María Lamo, tanto como para ser capaz de llevar un traje de cuatro metros y medio de vuelo compuesto de varias capas el Día de Cantabria, en pleno agosto, y sentir más orgullo que calor. «Tengo el de marinera de gala, el de Tresviso, de campurriana, romería, Cabuéniga y ahora me estoy haciendo uno de pasiega del año 1910». Lo cuenta con total normalidad como si lo que coleccionase fuesen sellos. «Todos hechos por mí, claro, porque es importante saber de dónde venimos». Eso dice Mari Luz González, que ha tardado seis meses en confeccionar el traje de ama de cría. Seis horas diarias cosiendo. «Se empieza por la camisa y se hacen los ojales a mano», explica la profesora del taller. «La camisa llega casi hasta los pies porque no llevaban bragas y dormían con ella. Encima de la camisa va el refajo, que a su vez lleva un delantal, que lleva un petero sujeto a la chaquetilla. Así hacemos una reconstrucción lo más fiel posible de cómo eran los trajes. Las amas de cría competían para ver quién llevaba el más caro y quién era más guapa. Tenían que ir bien vestidas porque daban de mamar a los hijos de buenas familias». Se aprende de un traje y se aprende de historia. «Tienen terciopelo, paño, pasamanería, plata y la botonadura y el collar de coral». Unos 1.500 euros, más los zapatos, los pendientes y el resto de complementos. «Es vocacional, pero también puedes hacer el traje de romería y te cuesta 500 euros». Para pagarlo, Mari Luz ha ido haciendo las inversiones poco a poco desde hace más de un año. «Un día compras una cosa y otro día otra». «En Cantabria hay un traje por cada zona», aporta Victoria. Según Angelines, «el Ayuntamiento debería potenciar este tipo de trajes, porque en un pueblo como Cabezón tendría haber más pasión por este mundo, ya que aquí se celebra el Día de Cantabria, el día en que se conmemoran nuestras raíces». Victoria le da la razón. «Es una forma de ponerlo en valor y transmitírselo a las futuras generaciones». Pero esa es una tarea difícil y las jóvenes suelen 'adaptar' el traje a sus gustos el Día de Cantabria. «Cada año se pone más corta la falda», se quejan. Una de las participantes está confeccionando un traje auténtico para su sobrina de cinco meses. «Lo hacemos con más crecederas y más lorzas, para que le valga cuando crezca un poco». Antes esto de heredar era lo más común, «salvo cuando había pestes, que quemaban la ropa». «Mira, luego está la faltiquera, que es como un bolso para meter tus cosas que va debajo del traje», continúa la profesora.

Mientras, el único hombre del grupo y a su vez concejal de Empleo y Comercio en el Ayuntamiento, Javier Gutiérrez, calla y observa. Les deja hablar a ellas hasta el final. «Me apunté porque hacía cinco años que tenía envidia de la gente que llevaba su propio traje el Día de Cantabria y tenía ganas de hacerme uno y explicarle a la gente todo lo que lleva», admite. Lo cierto, añade, «es que hay muy poca devoción entre los hombres por este mundo y debería de haber más, porque es muy interesante». Y además está muy bien como terapia de grupo. «Sí hija sí, tenemos un ambiente estupendo y nos hemos traido quesada casera para después». Aquí todo lo hace uno mismo. Esperan repetir el año que viene, «en un curso más amplio y por más tiempo». «Queremos animar a la juventud para que asista a este tipo de cursos y se interese por estos temas, porque es lo que nos da nombre».

«Los trajes no están en extinción»

Aseguran los miembros del taller que lo de los trajes no está desapareciendo, «porque existen muchas agrupaciones folclóricas, cuyos miembros tienen hijos que continúan con el legado de sus padres». De esta forma, aseguran, «los niños lo ven como algo normal y se crían con ello». Además, «aunque lleva mucho trabajo y esfuerzo, es algo terapéutico», dice la profesora, «porque relaja muchísimo». Ellas mismas a veces se confeccionan su propia ropa y aprenden cómo se llama cada pieza del traje. Pero sobre todo aprenden «de dónde venimos». «Oye, que además esto lo hacen en muchas comunidades, como en Valencia, donde todos van muy orgullosos con los trajes regionales», apunta Angelines. «¿Por qué no vamos a hacerlo nosotras?». Y así continúa la conversación en esta sala pequeña de un piso antiguo con mucha luz. «Estamos agradecidas al Ayuntamiento porque nos ha dejado este piso para hacer el taller, que esperamos continuar durante el próximo año».

De momento, lo que sí es seguro es que el próximo mes de agosto, cuando llegue el Día de Cantabria, este grupo de alumnos tendrá los dedos gastados de coser y un traje propio del que presumir. Ya lo dice Angelines: «esto como el coche, me gusta llevar el mío».

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