«Creo que los cántabros son unos amigos de verdad»

«Creo que los cántabros son unos amigos de verdad»
Javier Rosendo

Urbano Salgado | Presidente Asociación Amigos de Extremadura

LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Con el corazón dividido entre Extremadura y Cantabria dirige Urbano esta asociación, cuya sede está en Cabezón de la Sal y cuyo objetivo es unir a todos los extremeños que han elegido Cantabria como lugar de residencia y juntos, promocionar su gastronomía, su cultura y su forma de entenderse. Y es que por muchos años que lleven viviendo en Cantabria, continúan acortando las palabras cual genuinos extremeños.

-¿Hay muchos extremeños en Cantabria?

-Según el censo, cuando iniciamos la andadura hace dos años, había más de doscientos y ahora calculamos que habrá en torno 700 personas de Extremadura en Cantabria, pero localizarlas es una tarea larga que vamos haciendo poco a poco.

-¿Cómo los localizan?

-Sobre todo por el boca a boca. En el trabajo siempre hay alguien que conoce a otro que a su vez conoce a un extremeño que vive en Cantabria.

-¿Qué fue lo que le impulsó a venir a vivir a Cantabria?

-En el año 1988, mi primer destino como Guardia Civil fue Puentenansa. Luego me enviaron al País Vasco, pero al cabo de poco tiempo decidí volver a Cantabria. ¿Por qué? No lo sé. Me vine y construí una familia. Tenía 19 años y desde entonces no me he movido.

-¿Cuál es el objetivo de la asociación?

-Fomentar la cultura, la gastronomía y el folclore de la tierra de la que procedemos y ponerlo en valor, manteniendo la unión de todos los extremeños que vivimos en Cantabria. Unir nuestros sentimientos de pertenencia a aquella tierra y pasar unos cuantos ratos juntos. De la misma manera que absorbemos la cultura cántabra, queremos dar a conocer lo propio, lo que nos identifica a todos, y en esas estamos.

-¿Qué le gustó de Cantabria?

-Me llenó mucho la gente. Hay gente que tiene un humor increíble aquí y creo que los cántabros son amigos de verdad, aunque al principio cuesta un poco conocerlos. Cuando llegué a Puentenansa fue complicado hacer amistades porque quizá al tratarse de un entorno rural la gente era más distante. Todos se conocían y yo era el nuevo que llegaba de Madrid. Pero es curioso como después en seguida los vecinos me abrieron las puertas de sus casas. Una vez logras formar parte de su familiaridad y de su día a día, te sientes uno más. Llevo treinta años aquí porque estoy muy a gusto y me han tratado muy bien.

-¿Cómo comienzan a reunirse?

-Gracias a una extremeña llamada Soledad, que hace años regentaba el restaurante El Molino, en Ruente. Fue ella la que comenzó a juntar a los extremeños organizando comidas en su restaurante. Fue convocando gente y cada vez éramos más. Un día hablamos de constituirnos en asociación y hasta aquí hemos llegado.

-¿Qué dice sobre su gastronomía?

-Es parecida a la de aquí, pero hay cosas que echas de menos, como por ejemplo la torta del Casar o el morcón ibérico, la morcilla patatera, que aquí no se conoce, y las migas extremeñas. Nosotros aprovechamos y las comemos cuando vamos de vacaciones, sobre todo durante las fiestas, que son en agosto.

-¿Suele volver con frecuencia?

-Solo en agosto, que es cuando va todo el mundo que está viviendo fuera y nos podemos reunir. Lo único malo es el tiempo, porque allí en verano puede llegar a haber más de cuarenta grados y uno no puede salir a la calle. Este contraste con la climatología sí que lo noté.

-¿Puede recordar alguna expresión típica de Extremadura?

-Llamar a alguien 'chacho' para reclamar su atención, que es muy habitual en Badajoz. Tenemos un dialecto que dio a conocer el famoso poeta extremeño Luis Chamizo, que empleaba el término castúo para referirse a los hombres de la región. Escribió un libro titulado 'El miajón de los castúos', en el que se habla de cuáles son las características del ser extremeño. En Extremadura tenemos por costumbre acortar las palabras. Otra expresión típica es 'agila pa'lante' que significa espabila. También hay un refrán que dice: «quien no diga jacha, jigo y jiguera no es de mi tierra».

-¿Qué sucede cuando se reúnen los miembros de la asociación?

-Pues hombre lo típico es hablar de cuándo estábamos allí, de lo que hacíamos. Lo bueno de esta asociación es que hay componentes de todos los ámbitos y de todas las edades, desde los ocho hasta los 74 años. Queremos establecer la sede en Cabezón de la Sal, porque hasta ahora estábamos en Suances, donde nos han dejado un local para reunirnos y estamos muy agradecidos por eso, pero el encargado de llevar el tema burocrático de nuestro colectivo, Ángel, vive aquí, por eso hemos decidido ubicar la sede en Cabezón.

-¿Qué puede hacer por ustedes Cabezón?

-El alcalde, Víctor Manuel Reinoso, es socio, porque tiene ascendentes extremeños. Si el Ayuntamiento nos pudiera dejar un local, sería lo ideal. El pasado fin de semana tuvimos una reunión en el Parador Nacional Gil Blas de Santillana del Mar, y pudimos contar con la asistencia de Reinoso y con la actuación del coro Ronda Salines de Cabezón.

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