«Es un orgullo dedicar mi tiempo a la Virgen»

«Es un orgullo dedicar mi tiempo a la Virgen»
Jesús Gutiérrez González, Marinero Mayor de la Cofradía de la Virgen de la Barquera

v. cortabitarte .
V. CORTABITARTE .San Vicente de la Barquera

Jesús Gutiérrez González se ha pasado casi toda su vida vinculada a la mar como marino mercante, pero siempre en aguas y puertos lejanos a su San Vicente natal. Con su jubilación ahora trata de recuperar todos esos años alejado de su pueblo, sus gentes y sus tradiciones, dedicándole una buena parte de ese tiempo a su devoción a la patrona como Marinero Mayor de la Cofradía de la Virgen de la Barquera.

-¿Cuáles son los cometidos del Marinero Mayor?

-Colaborar junto con las camareras de la Virgen en las tareas necesarias para cuidar la imagen, el santuario y todos los bienes con que cuenta.

«La Folía la vivimos de manera especial los que durante muchos años estuvimos fuera»

-¿Qué le ha llevado a realizar voluntariamente esta labor?

-Coincidió con mi jubilación a los 57 años que lo dejaba por su edad Santos Celis después de haber estado muchos años. Me lo pidieron y acepté porque es algo que me gusta poder dedicar parte de mi tiempo a esta tarea.

-Imagino que será por devoción.

-Sí, es un sentimiento que siempre he tenido, me llena mucho esa devoción a la Virgen de la Barquera. Siempre he confiado en ella.

-¿Esa devoción y el ser un hombre de mar les hace vivir la fiesta de La Folía de una manera especial?

-Claro, es un día muy especial en el que afloran todos esos sentimientos y orgullo por lo que sentimos por nuestra patrona y hace que lo vivamos de una manera aún mas especial los que, como yo, hemos estado muchos años fuera navegando y no hemos podido compartirla.

-¿Su vinculación con la mar ha sido diferente a la que tiene los pescadores?

-Soy de familia marinera por lo que empecé en la mar con apenas 13 años, pero cuando entré en quintas para ir a la mili, todavía sin cumplir los 18 años, el Ayudante de Marina de entonces me arregló los papeles para ir a navegar y a eso me he dedicado hasta mi jubilación. No estaba preparado para otra cosa, sabía poco más que las cuatro reglas, así que cuando fui a navegar me di cuenta que ese era mi porvenir.

«La vida como marino era muy dura, te tirabas un año fuera y volvías con solo un mes de vacaciones. Ahora ha cambiado»

-¿Cómo fueron esos inicios con esa edad, salir de un pueblo como San Vicente y navegar por todo el mundo?

-Era algo totalmente nuevo, estuve navegando con barcos noruegos, italianos, griegos y luego entré de caldereta en un barco de una compañía alemana y española que viene a ser como el contramaestre en las máquinas. Esa labor me afectaba mucho al estómago por lo que pedí pasar a cubierta en donde estuve primero como marinero y después, a lo largo de 24 años, de contramaestre.

-¿En qué tipo de barcos navegaba?

-Empecé en un petrolero como ayudante de bomberos en la carga y descarga y después he estado casi todo el tiempo en portacontenedores.

-¿Cómo era esa vida de navegante?

-Al principio muy dura. En esos primeros años te tirabas un año fuera de casa y regresabas con solo un mes de vacaciones. Eran tiempos en los que no había teléfonos móviles ni conexiones a internet, por lo que las comunicaciones más normales eran por cartas que ya te puedes imaginar lo que tardaban y como mucho alguna llamada por teléfono cuando entrabas a un puerto. Era especialmente duro para los que tenían familia. En mi caso en mi maleta llevaba prácticamente todo.

-Eso ya habrá cambiado mucho

-Con el paso del tiempo se ha ido mejorando, ya ves como son ahora las comunicaciones donde a pesar de la distancia puedes estar en contacto permanente. Además ahora vas a navegar 100 días y tienes 60 de vacaciones.

-¿Cuál ha sido la vez que ha estado más tiempo en la mar sin pisar puerto?

-Fue en un viaje que hicimos desde Estados Unidos a la India en el que estuvimos navegando durante 46 días con una carga de sulfato.

-¿Y cómo es la convivencia durante ese tiempo?

-En general es buena, haces tú labor y luego tratas de disfrutar de los ratos de ocio. Normalmente las tripulaciones van cambiando, te encuentras con gentes de diferentes nacionalidades, costumbres y tradiciones. Yo hice buenos amigos, recuerdo especialmente a los chinos Chu y Chota que fueron estupendos conmigo, me atendieron y cuidaron mientras estuve enfermo con mucha fiebre.

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