El poblado cántabro de los niños

Javier Rosendo
Cabezón de la Sal

El complejo que recrea cómo vivían nuestros antepasados cántabros organiza talleres infantiles para los niños, que realizan cabañas de barro

LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Es una tarde de agosto y al Poblado Cántabro de Cabezón de la Sal parece que lo encumbran unos tímidos rayos de sol. Encaramado a la entrada (o la salida) del municipio, este complejo museístico que representa cómo y dónde vivían nuestros antepasados cántabros es ahora la sombra del bosque de las secuoyas, que en los últimos tiempos le ha desbancado como recurso turístico preferido de la comarca, pero continúa ahí, atrayendo a visitantes, sobre todo a familias, y encantando.

Lo corroboran las cifras sobre los turistas que el Poblado ha recibido en el mes de agosto un total de 2.405 visitantes, según los datos de la oficina de turismo. El Poblado «mola», como dirían los participantes en los talleres infantiles que se ofrecen para niños de entre tres y once años, donde realizan cabañas de barro que luego se llevan a casa como recuerdo de una visita que no les deja indiferentes.

En el museo se visitan dos cabañas, una de la Edad de Bronce y otra de la Edad de Hierro, explica Laura Puente, guía turística, pero hay otras dos. Una se quemó hace unos años y aún no se ha reconstruido, pero se emplea para que los visitantes vean la estructura de la cabaña, y la cuarta, que no se visita por dentro pero sí se enseña por fuera. Al visitante se le ofrece una detallada explicación de cómo eran las formas de vida de los cántabros (qué comían, cómo eran sus herramientas, cómo se enterraban…). El conjunto ha sido objeto de mejoras en varias ocasiones, todas ellas lideradas por el encargado de recrear las cabañas, el experto Ángel Ocejo.

Pues bien, en esta tarde de finales de agosto son las seis y da comienzo uno de los talleres infantiles en el centro de interpretación del Poblado. Un grupo de niños amasa barro en torno a una mesa cuadrada con delantales de colores. Azul, verde, rojo… Sus padres les sacan fotos, les escuchan y abren mucho los ojos ante la llamada de sus hijos: «mami mira lo que he hecho».

Javier Rosendo

Lucía Andrés, que está de prácticas y estudia primero de Turismo, les guía. «Hacen casitas de barro que luego se pueden llevar a sus casas y les encanta», admite. Lo primero, los niños tienen que cubrir de barro una pequeña ‘tablita’ de madera. «¿Ya habéis acabado verdad?», dice Lucía con una voz más dulce que natural. «Ahora todos cogemos un trozo de la bola grande de barro y hacemos un churro». Y Lucía lo hace para que los pequeños vean cómo es. «La caseta no puede ser muy grande». «¿Así?», pregunta un pequeño con un trozo de barro en una mano diminuta. «Luego les damos el tejado, que es esparto y lo abrimos para poner unos palitos que sostienen la cabaña».

A Lucía le gusta estar en el Poblado. Asegura que la mayoría de los visitantes proceden de Madrid y Barcelona y que en los talleres «hay niños sobre todo por la tarde», después de la playa. Y siempre más cuando está nublado. El taller tiene un coste de dos euros por niño. «Así se llevan un recuerdo del Poblado y relacionan la visita con esta manualidad». Lo que más les llama la atención, comenta también Laura, «es que los talleres se hagan con barro, porque están acostumbrados a hacer manualidades con plastilina y les parece novedoso en este aspecto».

Los padres se emocionan tanto como los niños, o más bien se emocionan viendo a sus hijos. Como Sara y Tomás, de Madrid, que tienen dos niños de dos y seis años. «Hemos dado un paseo tranquilo por Cabezón de la Sal y luego hemos venido al Poblado. La visita nos ha parecido interesante y enriquecedora». La hija de Fernando Peñalba tiene seis años y parece la más espabilada. Su otro hijo tiene cuatro años y medio. Fernando reside en Madrid pero está de vacaciones en su casa de San Vicente de la Barquera. «Una de mis hermanas me habló muy bien del Poblado Cántabro y he decidido venir con mis hijos. Es pequeñito pero me ha gustado, sobre todo el interior de las cabañas». Sus hijos «se lo están pasando pipa».

Más visitas que el año pasado

El número de personas que visitan el Poblado Cántabro de Cabezón de la Sal aumenta cada año. Según las estadísticas que realizan desde la oficina de turismo de la localidad, en el mes de agosto de este año, han visitado el Poblado (y serán más porque estos datos no recogen las visitas recibidas en los últimos días de agosto) 2.405 personas, unas 300 y pico más que el mismo mes del año pasado, en que se recibieron 2.086 visitas.

De ellas, unos 730 turistas procedían de Madrid y 361 de Ceuta. También una gran parte, 237, procedían de Valencia y más o menos parecido acudían desde Baleares. Agosto es sin duda el mes que más turismo hay en la comarca, ya que durante el mes de julio visitaron el Poblado Cántabro un total de 1.768 personas. En junio, fueron 504, menos que en mayo, en que hubo 835 visitas.

El Poblado es un buen indicador de los niveles de turismo que hay en la zona, pues al complejo museístico no se acercan personas solamente que se hospeden en Cabezón de la Sal, sino en los municipios colindantes. La mayoría acude también al bosque de las secuoyas, que ya es el recurso turístico estrella de la comarca, sin importar la época del año, porque recibe visitas constantemente.

Mónica Velando y Manuel Simó son de Castellón de la Plana. Manuel lleva a su hijo pequeño, de cuatro meses, pegado a sí mismo. Pero es que Mónica y Manuel tienen otro tres hijos, dos niñas de seis y ocho años y un niño de tres que se llama Manuel también, como su padre, y que está recién despertado de la siesta. Ellos se enteraron de que existía el Poblado Cántabro a través de una web. «Estaba buscando qué hacer en Cantabria con niños, porque siempre buscamos cosas para que ellos se puedan distraer y disfruten también, y me salió la visita al Poblado».

Se quedan en una casa rural en el pueblo de Rábado, durante doce días y se van a recorrer Cantabria entera. Ya estuvieron en el teleférico de Fuente Dé con cuarenta grados. El día de más calor de este verano cántabro. También le sacan fotos a su hijo de seis años Anabel Sanchis y Sergio García, que vienen desde Valencia. «Aún no hemos hecho la visita, pero nos han recomendado el Poblado en la oficina de turismo». El día siguiente tocaba Cabárceno. Y así son los los turistas que visitan el Poblado. Cuando termina el taller y los niños están perfeccionando sus cabañas de barro: «¿por qué no haces un escudo de guerrero?», «¿a que mi volcán es chulo?», Lucía se dirige a una niña llamada Blanca, de seis años: «Ahora te lo llevas a casa de recuerdo». Blanca le contesta claramente: «igual volvemos otro día», y dirige a su padre una mirada de súplica.

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