El mar se ‘traga’ la duna de Oyambre

El ascenso progresivo del nivel del agua y los temporales han tenido un gran impacto sobre el ecosistema dunar, que va perdiendo terreno

2'018. Así están hoy las dunas. Comparando la imagen con las otras tres que se muestran en la información se percibe el deterioro que el sistema ha ido sufriendo a lo largo de los años./Javier Rosendo
2'018. Así están hoy las dunas. Comparando la imagen con las otras tres que se muestran en la información se percibe el deterioro que el sistema ha ido sufriendo a lo largo de los años. / Javier Rosendo
Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEAValdáliga

Cuando las imágenes dicen tanto acerca de la realidad, poco más puede aportar el ser humano. El sistema dunar del Parque Natural de Oyambre ha ido desapareciendo a lo largo de los últimos años como consecuencia del ascenso progresivo del nivel del mar y de la actuación destructiva de los temporales. Ante esta verdad incuestionable surgen varias voces con opiniones discordantes sobre cuáles son las causas y quién tiene mayor responsabilidad, pero todas coinciden en una cosa: «si la erosión continúa, y continuará si no se hace nada al respecto, el sistema dunar, y con él el campo de golf de Oyambre, terminará por desaparecer». El campo de golf está en pie desde 1924 en pleno Parque Natural, sobre una parcela de 76.500 metros cuadrados que fue declarada de dominio público marítimo terrestre en virtud del deslinde aprobado en 2005. Su ubicación siempre ha sido motivo de discusión entre los diferentes propietarios del campo y el colectivo Ecologistas en Acción. Los argumentos de unos y otros han desfilado por varias salas judiciales y el pasado 5 de febrero la Audiencia Nacional desestimaba el recurso conservacionista contra la concesión que el Ministerio de Medio Ambiente otorgó en 2011 a la empresa Silver Eagle para la explotación del campo. Pero por encima de los pleitos y las diatribas, se sitúa en este caso una realidad aterradora para todos: que el sistema dunar está desapareciendo poco a poco.

Arriba, la duna en 2001. Debajo, en horizontal: la duna en 2009. La foto vertical es de la duna en 2014, / Javier Rosendo

Buena cuenta de ello puede dar Plácido Sánchez, gerente del campo de golf desde hace trece años. «En el año 2004 fue la primera vez que el mar actuó con fuerza contra la duna y desde entonces no ha dejado de hacerlo», con mayor o menor intensidad. Su explicación es que «al converger la ensenada de la ría con las olas del mar se crean remolinos que facilitan que el mar entre con más calado y más fuerza sobre el sistema dunar», detalla mientras muestra unas fotos con el campo de golf nevado, tomadas hace ya varios años, que decoran la pared de su oficina. Asegura Plácido que se pasó los cuatro primeros años «llorando», mientras veía como el mar mordía su campo de golf. «La duna fue perdiendo carácter y pasó de ser un ecosistema natural que caía al mar con un desnivel a estar al ras de la marea». Durante los primeros años, como consecuencia de los temporales, el efecto del mar sobre las dunas hizo desaparecer «unos doce metros de tierra». Y el ecosistema se deterioraba no sólo por el lado que da al mar (como se puede observar en las fotos), sino también por la izquierda, en la bocana de la ría, donde la erosión es mayor, si cabe. En esta parte «había una pradera enorme, como un campo de fútbol, que ha desaparecido totalmente». El impacto más fuerte del mar sobre el litoral tuvo lugar con la ciclogénesis del año 2014. «Se llegaron a perder 40 metros de tierra». Los dueños del campo de golf cambiaron un hoyo de sitio para alejarlo del borde del litoral. Desde entonces, «la erosión continúa y perdemos dos o tres metros de campo al año», lamenta el gerente.

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El presidente de Ecologistas en Acción, Emilio Carrera, también es un buen conocedor de esta problemática y es quien mantiene un frente abierto con el campo de golf, ya que está convencido de que «haber construido esta plataforma deportiva sobre la duna le ha afectado» de una u otra manera. Sin embargo, Carrera atribuye la causa de la erosión del ecosistema dunar al «cambio climático». Algo que, asegura, «está ocurriendo en todas las costas del mundo». Como ejemplos en Cantabria, «tenemos las dunas de Loredo o el puntal de Laredo». Pero, incide cauteloso «porque siento echarle la culpa al golf, pero sí que es cierto que la razón fundamental de estos fenómenos es la excesiva presión que la actuación humana viene desarrollando sobre los bordes litorales».

Concretamente, la duna de Oyambre «es uno de los ecosistemas más frágiles y expuestos a este tipo de incidencias, porque es muy elástico, flexible y amortiguador y su conversión en una pradera artificial, que es en lo que se convierte por su uso deportivo, imprime al terreno un carácter compacto que le impide mitigar el daño del mar». Un daño que se produciría aunque no existiese el campo, porque no se le pueden poner puertas al mar. ¿O si? «Es discutible», asegura el gerente del campo. «Hay otros países como Holanda que tienen experiencia en ganarle terreno al mar en este tipo de espacios, porque este es un campo de golf natural, no industrial, que defiende la preservación del medio ambiente». La preocupación es pues la misma para todos, aunque difieran sobre la forma de resolver el problema.

Octavio Dávila pasea por Oyambre todos los días desde que se jubiló hace cinco años. Es un hombre con un perro que frecuenta la zona. Vive en Comillas y está enfadado por la situación. «Si es que está destrozado», repite. Para Octavio el problema surgió cuando «construyeron la carretera que une Comillas y San Vicente, porque hasta entonces el puente de La Rabia impedía que el agua entrara en la zona de la duna a través de un molino». El molino continúa estando ahí, pero ya no cumple ninguna función. Nadie, dice decepcionado Octavio, «podía pensar que la mar iba a llegar hasta donde ha llegado y que iba a mover tanta arena. Antes era precioso», se lamenta con la mirada vacía sobre el fantasma de un paisaje que ya nadie puede ver.

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metros es la anchura de la franja de tierra que ha desaparecido por el efecto del mar en los últimos años

El gerente del parque dice que ha habido épocas en que la duna se ha regenerado, pero tampoco cree que vuelva a suceder. Carrera está seguro de que, lamentablemente, el sistema dunar puede llegar a desaparecer del todo. «Si se junta la ría de La Rabia interior con la mar abierta se pueden llevar todo por delante, de forma que los materiales sean arrastrados y se sedimenten en las zonas próximas. La tendencia con la subida del nivel del mar es que este tipo de casos se intensifiquen, por eso es necesaria una estrategia de lucha global contra el cambio climático». También, según el gerente del campo de golf, sería necesario concienciar a las personas de la importancia de preservar el entorno. Y es que para Plácido existe otro factor que ha incidido en el deterioro del sistema dunar: el ser humano. «Por aquí pasan al año como 6.000 personas, algunas de las cuales se tumban al sol mientras sus hijos juegan encima de la duna, sin respetar el ecosistema».

La directora del Parque Natural de Oyambre, Raquel Sánchez, explicó que «hemos observado que hay personas que atraviesan la zona sin ningún cuidado, quizá por desconocimiento». Por otro lado, añadió, «se ha puesto en marcha una medida que consiste en no permitir la entrada de tractores para retirar maderas en esa zona, porque entendemos que los restos vegetales que quedan cuando baja la marea, en cierto modo aíslan el sistema dunar y contribuyen a su sedimentación». Una medida que la propia directora calificó de «blanda, ya que en el puntal no nos está dando el resultado esperado, porque las mareas tienen más fuerza de lo que aguantan estos restos».

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