El artesano de los soldaditos de plomo

El santoñés, Miguel García Sedano, está creando más de 2.000 figuras de los ejércitos de la época napelónica para una exposición en el Fuerte de San Martín

El artesano de los soldaditos de plomo
Daniel Pedriza
Ana Cobo
ANA COBOSantoña

Miguel pasa las horas rodeado de soldados listos para entrar en batalla. Su ‘ejército’ cada día suma nuevos reclutas. La mayoría son franceses, españoles e ingleses. Las banderas que portan los que abren paso así lo anuncian. Van a pie, a caballo, con toda la artillería a cuestas y hasta se acompañan de la banda de música. Están más que instruidos para defender a su país pero, lo cierto, es que su destino no es la contienda. Se están preparando para exhibirse en el Fuerte de San Martín de Santoña.

Porque Miguel García Sedano no es un coronel sino un artesano. Y sus regimientos están formados por soldaditos de plomo a los que da vida con sus propias manos. Desde hace unos meses, este vecino está volcado en crear más de 2.000 figuritas que protagonizarán una exposición única en el norte de España. Y que estará a la altura de otros museos importantes sobre estas miniaturas de colección ubicados en Jaca o Benidorm. «Santoña será un lugar de referencia en este ámbito», dice orgulloso.

Fue el concejal de Turismo, Jesús Valle Rosete, conocedor de su arte, quien le propuso crear soldaditos de plomo de los ejércitos ingleses, franceses y españoles que lucharon en la época napoleónica para su exhibición permanente en el Fuerte de San Martín. Miguel, ya jubilado, aceptó, sin dudar, el encargo pidiendo únicamente un lugar para fabricar las miniaturas. «En casa no tengo espacio para hacerlo y, además, necesito un lugar para fundir el plomo». Y es que el gran valor de este artesano es que, a partir de moldes de silicona hechos por él mismo, realiza todas las piezas. Nada de comprar el soldadito y limitarse solo a pintarlo.

«Tengo libros que he comprado en Francia y Praga que detallan cómo son los uniformes»

La idea es que la exposición abra sus puertas al público en junio. Una fecha que Miguel ve a la vuelta de la esquina por lo que trabaja sin prisa pero sin pausa. Llega al local a eso de las cinco de la madrugada – «me levanto temprano porque me despierta el perro y ya aprovecho para venir aquí – y pierde la noción del tiempo entre soldaditos hasta la diez de la mañana. «Así puedo aprovechar para hacer otras cosas el resto del día».

Fuera llueve a cántaros. Cuando te adentras en su ‘fábrica’, lo haces en un sitio tomado por un retazo de la historia. De fondo suena la radio. Mires hacia donde mires encuentras figuritas a medio hacer y otras terminadas y perfectamente colocadas sobre largas mesas. En varias baldas hay cajitas, muchas cajitas, que al abrirlas esconden cientos de piezas de plomo – brazos, casacas, espadas, cabezas, sables, gorros... – esperando a que Miguel les una con el resto del cuerpo que les corresponde.

Rigor histórico

En la esquina de las mesas, abiertos en una página concreta, libros que detallan la vestimenta y los complementos de cada ejército. «Soy lo más fiel posible para respetar el rigor histórico. Sobre todo, porque puede visitar la exposición alguien que sepa de esto, y te puede decir que el uniforme que lleva tal soldado no se corresponde a la realidad». Para hacerse con esos valiosos libros Miguel ha viajado hasta Francia o Praga.

Daniel Pedriza

Hace más de tres décadas que este hombre, amante de la Historia y devorador de sus libros, cayó rendido a este hobbie para ocupar su tiempo libre. Aunque la pasión por este mundo brotó en su tierna niñez. «De niño jugaba por el pueblo y por el monte a las guerras, a los soldados... porque la mayoría de películas que nos ponían por entonces eran bélicas y también recuerdo que jugaba mucho con soldados de papel, los clásicos recortables». Ahí, sin saberlo, empezó todo.

Ya adulto, por motivos profesionales, estableció su residencia en Madrid donde en sus ratos libres hacía soldados y aviones de plástico. Paseando un día por la capital descubrió una tienda de soldaditos de plomo que le cautivó. «Al principio únicamente los compraba y me dedicaba a pintarlos. De los primeros fueron estos soldados nazis», explica señalándolos en una balda. Este ‘modus operandi’ le salía por un ojo de la cara y en una de las exposiciones a las que acudía para coger ideas, otro artesano le animó a comprar o hacer sus propios moldes y fundir el plomo. Dicho y hecho. «A partir de unos soldados franceses hice mis primeros moldes de silicona de caballos, sillas... y puede hacer cien piezas de cada uno».

Hoy cuenta con decenas de moldes y cientos de soldaditos de plomo. ¿Cuántos tienes». «Ni lo sé». Hasta el encargo del ayuntamiento, los creaba en casa. En la mesilla de noche. Un espacio demasiado pequeño para este gran trabajo. Y es que Miguel necesita de una cocina de gas para fundir el plomo, como la que tiene en el local. «Después hago el molde del soldado, corto lo que sobra, le limo y le pego todas las piezas que lleva, pueden ser más de trece». Todo con paciencia y un pulso de hierro. Cuando está todo bien unido, lo pinta de blanco para que coja después mejor la pintura de color que aplica con unos finos pinceles. «Como toque final les envejezco para que parezca una colección antigua de soldados». El proceso parece fácil pero se complica cuando hay que añadir espadas, gorros, banderas, instrumentos musicales. Porque da vida a las unidades al completo. Infantería, artillería, caballería y banda de música. De cada regimiento hace más de 30 figuras iguales o 40 si incluyen banda. «No sabría decirte cuanto tiempo me lleva cada soldadito porque no lo hago todo seguido. Alterno. Cojo uno, lo dejo, voy a otro porque sino cansa mucho».

Daniel Pedriza

Para la exposición del Fuerte – todo lo cede gratuitamente por un periodo de tiempo – se está centrando en construir soldados franceses, escoceses y españoles de la Guerra de la Independencia. Como por ejemplo: los coraceros y carabineros españoles, la guardia imperial de Napoleón, los Húsares de Cantabria, indios del ejército inglés .... «Si me dejan me gustaría completar la exposición con una colección que tengo de cascos franceses, alemanes, americanos, gorras rusas. También tengo sables para dar más color y enriquecer la muestra».

«Tanto el molde como las piezas en plomo lo hago yo y después las pego, pinto la figura y la envejezco como toque final»

Y, no solo eso, quiere dar un paso más y no centrarlo todo en la época napoleónica. «Me gustaría que me dieran más tiempo para hacer soldaditos de otros regimientos y poner otros que ya tengo hechos para que no parezca todo igual». Dice que le gustaría crear a los alemanes del Káiser, el ejército prusiano de la 1º Guerra Mundial, el regimiento de marina, soldados romanos medievales y otros con forma plana y semiplana.

La de Santoña no es su primera exposición. Sus miniaturas se han contemplado ya en Madrid, Toledo o Valladolid. Pero en ésta ha puesto toda su ilusión para que sea un referente y ya sueña con ver a sus soldaditos en vitrinas captando todas las mirada.

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