«Ha cambiado mucho la forma de ir a la mar. Antes todo se hacía a mano»

Fernando Fernández Pereda | Pescador mayor 2017 de las fiestas patronales

ANA COBO

El próximo jueves, 7 de septiembre, en el marco de los actos del Día del Marinero, Fernando Fernández Pereda (Nando) recibirá un homenaje como Pescador Mayor 2017. Será un reconocimiento a una vida dedicada en cuerpo y alma a la mar. Empezó a faenar recién cumplidos los 18 años cuando las embarcaciones «no tenían los aparatos de ahora para encontrar el pescado y dormíamos en tablas rodeados de humedad». A punto de cumplir los 90 años goza de una privilegiada memoria en la que atesora recuerdos empapados de salitre. Los peores, los dos accidentes que sufrió faenando y que no le restaron ni un ápice las ganas de pisar cubierta. «Nunca tuve miedo. Había que ganar el jornal». Las mejores vivencias, cuenta sonriendo, era cuando lograban las ansiadas capturas y se aseguraban la partija de la semana. Desde que se jubiló no hay día que no se acerque al muelle. Aprovecha para acudir a un bar de la zona y, luego, se junta con la «cuadrilla» para charlar en un banco que mira directo al puerto. Desde allí ve entrar y salir a las embarcaciones y sus tripulantes. «Esto tira mucho», reconoce.

- ¿Qué sintió cuando le comunicaron que este año será nombrado Pescador Mayor 2017?

- Me lo comunicaron poco antes de las fiestas de El Carmen y estoy muy agradecido por este pequeño homenaje después de haber trabajado 44 años en la mar.

«Yendo a por anchoa, a la altura de Bermeo, nos caímos ocho marineros a la mar y uno de ellos se ahogó»

- ¿Cuándo comenzó en el oficio de pescador ?

- Empecé a ir a la mar a los 18 años. Entonces en Santoña las únicas salidas que había eran ir al monte Buciero a por leña para las panaderías y, luego, estaban las marismas, en las que había mucha navaja y nos dedicábamos a cogerlas. Yo iba a la mar y, luego, también iba con la varilla a por navajas para venderlas. Y cuando había mucha anchoa y no merecía la pena salir a la mar porque valían poco dinero, iba a las fábricas a descabeza el bocarte para sacar el jornal. El primer barco en el que estuve fue en el 'Nueva Unión', que era de Manolo Salgado de Santoña. Cuando aquello cogías la cartilla en la ayudantía y te enrolaban en el barco. En mi familia nadie más se había dedicado antes a la mar. A mi me gustaba mucho y me solía acercar de crío al puerto a ver los barcos.

-Entonces era un oficio muy duro y con unas condiciones que nada tienen que ver con las de ahora

- Hoy ir a la mar es como ir a hacer deporte casi. Ahora todo es a base de botones. Antes había que halar las artes de pesca, la red, a mano, ahora, los haladores de los barcos echan el arte abajo y se lleva de un lado para otro. Y para descargar el pescado en puerto lo hacen en un momento. Antes era todo con la mano. Y también los barcos son más cómodos. Ha cambiado mucho la forma de ir a la mar. Entonces dormías en tablas y había mucha humedad.

- ¿Y tuvo algún vez algún percance o susto faenando?

- Tuve dos accidente. El dueño del barco en el que me enrolé primero, hizo otro más grande 'El Madre Áurea' y yendo a la anchoa, nos caímos ocho a la mar y se ahogó uno de los marineros que tenía 22 años. Era de Santoña. Estábamos a la altura de Bermeo y como éramos pocos en el barco nos fuimos todos a estribor. Había marejada, se rompió la barandilla y nos caímos todos a la mar. A mi me cogieron con un gancho, los marineros de un barco de Santander que venían por detrás.

- ¿Y no cogió miedo a la mar?

- Para nada. Tengo dos hermanas, Quina y Pilarín, y había que seguir yendo a la mar para sacar el jornal. Es igual que los toros aunque te coja, luego sigues.

- ¿ Y qué le ocurrió en el otro accidente?

- Me agarró la maquinilla en 'El barlovento', un barco que tenía mi cuñado José Mari, cuando estamos pescando jurel a la altura de Comillas. Me rompió el brazo y me desvió las vértebras. Estuve escayolado desde la cabeza hasta la cintura, toda la espalda y el pecho. Pesaba la escayola como diez kilos.

- ¿Trabajó en muchos barcos diferentes?

- Estuve en unos cinco. Fui también en el Adolfo Valle, que era de la Cofradía, y en otro que lo compró un señor que estuvo en Perú. Me jubilé en el 'Barlovento' a los 55 años y, después, estuve 13 años de bodeguera del 'Maremi'. Estaba en la bodega, en el almacén, preparando todo lo que necesitaba el barco cuando estaba en puerto.

- Aunque se jubiló hace tiempo, le gusta seguir acercándose al muelle

- Claro, siempre que salgo de casa. Vivo en el centro del pueblo, a cincuenta metros de la plaza de San Antonio y en cuanto salgo de casa vengo para el puerto. Primero, al bar, y se hace buen tiempo me junto con la cuadrilla por aquí y damos una vuelta por el muelle y nos sentamos en un banco para ver los barcos. Esto tira. Igual que a un albañil jubilado le gusta ver cómo hacen los pisos.

-Usted vivió los años de bonanza, en los que se capturaban grandes cantidades de pescado.

- Cuando aquello había mucha anchoa, mucho pescado, y las artes eran pequeñas. Hoy, sin embargo, las artes son grandísimas y los barco llevan muchos elementos, aparatos en el puente que valen muchos millones. Localizan el pescado enseguida. Por ejemplo, va un barco a bonitos y tiene aparatos, como el sonar, para localizarlo a distancia.

- ¿Vivió el día del récord de descarga de anchoa?

- Claro. Era cuando estaba la lonja viaja. Había una fila de cestos de más de 50 metros con la cantidad de pescado que traían apuntada en el propio cesto. Estaba a tope. Hoy eso ya no se puede repetir. Hay veces que te viene un barco con 30.000 kilos de jurel o 25.000 kilos de bonito, pero ya no es lo de antes.

- ¿Cuáles eran los peores y mejores momentos en el barco?

- Los mejores cuando pescabas y estabas alegre porque ya tenías la partija de esa semana. Los peores, cuando no pescabas nada.

- ¿Y cómo ve la continuidad del oficio?

- Esto va cada vez a menos. No pasa de padres a hijos. Dentro de cinco o seis años desaparecen dos o tres barcos, seguro. Da mucha pena porque Santoña tiene un puerto estupendo.

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