Las Clarisas de Escalante celebran cuatro siglos de vida

El obispo de Santander ofició este martes una liturgia y el monasterio se quedó pequeño para albergar a más de un centenar de fieles que arroparon a las hermanas

Las hermanas Clarisas de Escalante, junto a otras religiosas que se acercaron para compartir esta celebración. / María Gil Lastra
Ana Cobo
ANA COBOSantander

El silencio y la vida contemplativa que reinan en el convento de las Hermanas Clarisas de Escalante cedió este martes protagonismo a la «ilusión» y el «reencuentro» para celebrar el cuarto centenario de la fundación de su monasterio. La capilla, presidida por la imagen de la patrona, la Virgen de la Cama, se quedó pequeña para albergar a más de un centenar de fieles que asistieron a la Eucaristía oficiada por el Obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge, acompañado por otros sacerdotes de la región.

Al iniciarse la ceremonia religiosa, la hermana María Lourdes y madre superiora de la congregación, tomó la palabra para explicar que «hemos llegado hasta aquí gracias al tesón y a la fortaleza de las hermanas que han formado parte de esta Comunidad». Actualmente habitan en este convento de clausura 9 monjas aunque antaño, cuando las vocaciones no escaseaban, llegaron a ser hasta 26. La superiora reconoció que en estos cuatro siglos la Comunidad ha pasado «por muchas y tremendas dificultades», que han superado «gracias a dios» y dejó claro que «desde los inicios, Escalante siempre ha estado presente en el corazón de este monasterio».

Con gran satisfacción rememoró la época en la que el convento fue un «pequeño colegio» ejerciendo las hermanas «la enseñanza y educación de la juventud porque así lo requería la necesidad de aquel momento».

En una charla previa a la misa, la superiora señaló a este periódico que la etapa educativa del convento se desarrolló en unos años de «escasez de todo», en los que el Papa Pío XII les permitió hacer este servicio al pueblo para «poder sobrevivir». Esta labor, que iniciaron en 1956 y se prolongó durante 25 años, les acercó a los vecinos «que nos quieren mucho, ya que gran parte estudiaron aquí y gracias a eso, han podido obtener sus títulos». Impartían hasta cuarto de bachillerato a las chicas. Sor María Lourdes ejerció de profesora de dibujo.

Arriba, muchos vecinos que compartieron la celebración religiosa con las hermanas. A la izquierda, las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús que acudieron al monasterio. A la derecha, el Obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge, que ofició la misa. / María Gil Lastra

Pero no hay que olvidar que la principal misión y preocupación de estas hermanas de clausura es el rezo, la oración coral. Su día a día gira en torno a la vida contemplativa. Dedican casi seis horas al rezo que alternan con labores de costura, uno de sus medios vida. «Durante mucho tiempo hemos hecho encargos para dos tiendas de Laredo y otra de Santoña confeccionando cojines, cortinas, edredones... toda aquello para vestir y decorar las casas. Nos especializamos en ello y compramos unas buenas máquinas industriales. Hemos trabajado casi durante 40 años en confección de decoración». Ahora, dice, «apenas tenemos trabajo de este tipo porque ya no hay construcción de pisos». No obstante, con pena, reconoce que tampoco podrían sacar adelante la labor de aquellos años, ya que «somos menos hermanas y dos un poco enfermas. Lo que sí cogemos es arreglos particulares».

Huerta propia

Actualmente, trabajan mucho en una huerta que tienen para consumo propio. Plantan toda clase de hortalizas desde tomates, pimientos hasta lechugas, alubias, acelgas... «lo que nos escasea es la fruta». Y tras las paredes del convento siempre reina el silencio que se interrumpe al atardecer, en la hora de recreo que tienen poco antes de la cena. «Somos una familia y nos ayudamos unas otras. No hacemos vida solitaria, es una vida en común».

Tienen televisión, pero «apenas la vemos». Lo que acontece en el mundo les llega a través de revistas de la orden y de la gente que se acerca a pedir que recen por ellos. «Sólo salimos para cosas de total necesidad como ir al médico pero para una compra sin más ni más, no. Sólo si es algo necesario para una enferma. Aunque casi todo nos lo traen». A veces los propios vecinos colaboran con ellas. «El pueblo de Escalante nos estima mucho. Aparte de que estudiaron aquí, saben que custodiamos a la Virgen de la Cama a la que queremos y cuidamos y, eso, une mucho al monasterio con el pueblo».

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