Gimnastas con mucho ritmo

Los gimnastas de esta escuela tiene como prioridad disfrutar sobre el tapiz con los diferentes ejercicios sin olvidar la técnica y disciplina. :/D. Pedriza
Los gimnastas de esta escuela tiene como prioridad disfrutar sobre el tapiz con los diferentes ejercicios sin olvidar la técnica y disciplina. : / D. Pedriza

La Escuela Municipal de Gimnasia Rítmica, con 40 alumnos, es un ejemplo de superación y esfuerzo mezclado con el disfrute sobre el tapiz

Ana Cobo
ANA COBOSantander

En junio del año pasado, la Escuela Municipal de Gimnasia Rítmica de Santoña salió por primera vez a la calle. A su entrenadora, María Pardo, se le ocurrió sacar el tapiz y los aparatos a la plaza de San Antonio para que las alumnas realizarán una exhibición a la vista de todos los vecinos. Era una manera de dar a conocer y promocionar esta disciplina que, en los últimos años, había perdido adeptos en la villa.

La iniciativa ha dado sus frutos. Cuando abres la puerta del pabellón del colegio Juan de la Cosa, una fría tarde de martes, encuentras a 40 pequeñas realizando estiramientos, ejercicios de manos libres y coreografías imposibles con la cinta, la cuerda, los aros o las mazas. Van uniformadas con una bonita sudadera rosa - «les dije a todas que la trajeran para salir en el periódico pero a alguna se le ha olvidado» - excepto José Antonio que lleva de color negra.

Son casi el doble de alumnos que el pasado curso. «No está siendo fácil pero estoy contenta», dice Pardo sin quitar ojo al tapiz. Cuenta que la escuela - que lleva funcionando 13 años en Santoña - ha introducido cambios que están atrayendo a más pequeños a practicar gimnasia rítmica. El primero fue la exhibición que realizaron en junio. «Fue un acto muy llamativo en la plaza de San Antonio. Salió precioso y repetiremos otra vez cuando llegue el verano». El segundo ha sido el cambio de instalación. Hasta ahora entrenaban en el pabellón del instituto Marismas y este curso el ayuntamiento les ha dejado el del colegio Juan de la Cosa. Además, de nuevo esta temporada algunas gimnastas saldrán a competir, que es «una motivación extra bastante importante» y, recientemente, han celebrado el Día del Amigo, en el que cada alumno ha podido llevar a uno o más amigos a que conozcan y prueben con este deporte. «Son cosas que ayudan y estamos remontando». Y es María, que también es entrenadora en la escuela de Torrelavega e imparte rítmica en extraescolares de cuatro colegios, destaca que en Santoña «existe un gran número de actividades deportivas y los niños se reparten».

«Con los cambios introducidos y el nuevo pabellón, estamos potenciando la escuela»

Actualmente, cuenta con niñas que van desde los tres años hasta una joven que tiene 19. En el grupo también hay un niño, José Antonio, que «le encanta la gimnasia y le vamos a llevar a competir porque tiene condiciones». María utiliza el plural porque son dos entrenadoras. Junto a ella está, Lara Sarasua, que se proclamó el pasado noviembre subcampeona de España de conjunto en categoría juvenil con sus compañeras de la escuela de rítmica de Torrelavega. Lara se centra sobre todo en las más pequeñas, en las que se inician, mientras que María, que fue campeona del mundo por equipos a mediados de los noventa, trabaja con las que van a competir. A las seis arrancan las clases los martes y jueves. Hasta las siete y media todas comparten tapiz y durante la última hora, entrenan solo las del equipo de competición para preparar los ejercicios.

«Con las más pequeñas al principio hacemos psicomotricidad, ejercicios de conocimiento corporal, espacio postural... Empezamos poco a poco porque una simple voltereta puede asustarlas. También trabajamos la elasticidad, que es una cualidad física primordial en este deporte y hacemos estiramientos. Las voy metiendo dificultades muy básicas y, a medida que avanzan cogen aparatos. Las cintas, los aros... las vuelven locas. Ahora estamos preparando una coreografía porque actuarán en marzo en Torrelavega en un evento con otras escuelas de la región. Disfrutan de la gimnasia sin competir».

En esas primeras clases, María percibe que pequeñas tienen condiciones y «empiezan a venir un poco más de tiempo sin que les resulte agobiante, ni les quite de hacer sus cosas. Ellas van marcando el ritmo y se trata siempre de que les guste». Iniciarse en este deporte a corta edad es favorable de cara a las elasticidad, aunque Pardo reconoce que no los es todo. «Priman un conjunto de factores y cualidades físicas. El salto, el equilibrio, la técnica del aparato, la elasticidad...».

«Fomento una competición sana, divertida y educativa. Lo importante es que disfruten y estén contentos»

Con las más mayores las clases son más metódicas. «Hay un calentamiento dirigido y hacen elasticidad todos los días. Después practican dificultades acorde a sus condiciones y de cara a los ejercicios de competición». María explica que fue el año pasado cuando salieron por primera vez a competir a nivel regional. «Somos una escuela que entrenamos solo dos días a la semana y dos horas. Es muy poco tiempo pero había que dar el paso para darnos a conocer. El año pasado conseguimos resultados más que satisfactorios porque no se le puede exigir más y este 2018 repetimos».

Sin presión

Por eso, como entrenadora siempre tiene palabras positivas para ayudarles a mejorar. «Hay que motivarles y que te vean predispuesta y contenta». Cuando realizan las coreografías individuales, María les corrige los fallos. «Pies juntos, manitas arriba, saluda...», destacando siempre lo positivo: «muy bien esa expresión». Cuando le toca a Soraya la más veterana, con 19 años, las más pequeñas la miran con atención. Es un reflejo en el que mirarse. Empezó hace 13 años con María y dice que en su mente no recuerda no haber hecho nunca gimnasia. «Es un deporte exigente pero te ayuda a superarte. El ejercicio nunca te sale bien a la primera y tener que estar tres meses para que te salga una cosa, te da fuerzas para superarte a ti mismo». Reclama más atención de los medios de comunicaación para que no sea una disciplina minoritaria. Cuando habla, la entrenadora la mira con orgullo. «Todas son especiales para mí. Las ves crecer, sabes de sus miedos, sus vidas, sus problemas... No son tus hijas pero como si lo fueran y las ayudas en todo lo que puedas».

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