«Noja era un pueblo en el que nos conocíamos todos»

Filomena Lastra, vecina centenaria de Noja
Filomena Lastra, vecina centenaria de Noja / DM .

Noja rinde homenaje a Filomena Lastra Gutiérrez, una vecina de la villa que acaba de cumplir 100 años

LARA TEJERINANoja

Filomena Lastra Gutiérrez nació un 14 de junio 1917 en Noja. Durante ese año también llegaron al mundo el que sería presidente de Estados Unidos John F. Kennedy y la escritora Gloria Fuertes, Juan Ramón Jiménez publicó la edición completa de ‘Platero y yo’, detenían y fusilaban a la espía Mata Hari y el mundo aún vivía en lucha en la Primera Guerra Mundial, el gran acontecimiento que marcó esa época.

Pocas personas pueden presumir de llegar a cumplir 100 años y esta vecina nojeña lo ha hecho con una gran lucidez y rodeada de la gran familia que ha criado, ya que tuvo ocho hijos, dieciséis nietos y otros ocho bisnietos. Trabajadora incansable en el campo y en el hogar; esposa, madre, abuela y bisabuela incondicional y devota ha sido «muy feliz» y recuerda con exactitud como se vivía sin electricidad, con un candil de petróleo, la introducción de platos para comer, la llegada del teléfono o la televisión.

Más conocida como 'Mena' es historia viva y con ella se puede conversar sobre temas como las Guerras Mundiales y la Guerra Civil, el franquismo, la democracia o la evolución de Noja, tal y como comentaba una de sus nietas en la felicitación que le dedicó por su cien aniversario. Felicitación que también recibió por parte de todos los vecinos de la villa a través del homenaje que el Ayuntamiento le rindió el día de su cumpleaños entregándole un ramo de flores y deseándole «muchos más años de salud y bienestar».

–¿Cuál ha sido su secreto para llegar a cumplir 100 años?

–Lo primero he tenido mucha salud, no he estado enferma nunca hasta ahora, y he trabajado y me he movido mucho.

–Después de cumplir los 100 años, ¿cómo se siente?

–Me siento con vitalidad, muy contenta de la vida que he tenido aunque un poco cansada ya.

–¿Cómo es su día a día?

–Me levanto sobre las 8.00 horas y si estoy bien y tengo energía, me bajo a la cocina y pongo la comida para mis nietos y bisnietos. Casi a diario vienen entre ocho o diez a comer. Lo primero que hago es poner el cocido, las lentejas, las alubias, los garbanzos o el arroz, lo que toque, al fuego pero en una cocina de gas, con las eléctricas no me apaño. Mis nietos son de cuchara, les encanta.

–¿Qué recuerdos especiales guarda en su memoria?

–Hoy (en referencia al día que se realizó a la entrevista) es el 73 aniversario de mi boda. Ese día recuerdo que llovió mucho. Vine andando dos kilómetros a casa de mi madre porque vivía con unos tíos míos y llegué calada de agua. Entré en casa de una vecina y me dio un paraguas. Yo he vivido en una familia humilde y muy trabajadora. Vivíamos bien, no tuve necesidades. Mi padre era marinero y por parte de madre nos dedicábamos a la labranza. Al atardecer cuando regresaban de faenar nosotras vendíamos el pescado fresco por las casas y en los mercados de Santoña, Laredo, Meruelo y Santander llevábamos alubias y lechugas.

–¿Cómo era Noja en aquel tiempo?

–Muy normal, buenísima, todos los vecinos nos conocíamos y todos nos queríamos. Yo he conocido el dejar puesta la llave de la puerta. Era un pueblo marinero, se dedicaban a la mar y a la labranza, no había más. En mi familia teníamos vacas y vendíamos leche pero eso fue cuando yo ya era moza. Antes lo consumíamos en casa, hacíamos quesos, y lo que sobraba se tiraba porque no había donde venderlo.

–¿Cómo vivió la transformación del pueblo?

–Nosotras empezamos a respirar cuando Franco. Se comía un poco mejor y se manejaba más porque las cosas ya iban teniendo valor. Cuando vino este cambio es cuando hemos vivido y disfrutado. La gente se compró coches, que aquí no los había.

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