Reencuentro después de 60 años

Aprovecharon el reencuentro para recorrer las actuales aulas del IES Manzanedo, que les hicieron viajar en el tiempo a su infancia. / DM
Santoña

Un grupo de 28 alumnos que estudiaron el bachiller elemental en el Manzanedo entre los años 1957 y 1964 protagonizan un emotivo acto

Ana Cobo
ANA COBOSantoña

«El reencuentro ha sido como encender una llama que llevaba apagada 60 años». Cuando pronuncia estas palabras Miguel Ángel Cornejo no es capaz de contener la emoción. Volver a ver y abrazar a los compañeros con lo que compartió pupitre cuando apenas tenía 10 años era un sueño que creía incapaz de cumplir. Pero detrás de los sueños hay personas tenaces, constantes, que no se rinden ante los contratiempos. Personas como él.

Esa perseverancia ha hecho posible el reencuentro de 28 antiguos alumnos que estudiaron el Bachiller Laboral Elemental, en la rama náutica, en el instituto Manzanedo de Santoña hace 60 años. Concretamente, el pasado sábado 22 de julio, se volvieron a poner cara aquellos chavales que, con apenas cumplidos los diez-doce años, en los primeros días de octubre de 1957, comenzaron los estudios de bachiller y los finalizaron en el curso 1963-64.

La historia de este reencuentro se remonta a la navidades de 2015. Entonces, Miguel Ángel se encontró por casualidad durante una misa en Argoños con Julián Colina, que había sido su compañero en aquellos tiempos. En la conversación que mantienen, hablaron de «hacer algo». De reunir a los adolescentes, hoy hombres, con los que compartieron estudios, libros y trastadas. «Después de aquello, yo le mandé una foto antigua de nuestra promoción pero no hubo más contacto», cuenta Miguel Ángel. En las navidades de 2016 coincidieron de nuevo y volvió a salir la idea de no dejar pasar este propósito.

Y como Miguel Ángel disponía de más tiempo, se decidió a tomar las riendas de lo que en un principio parecía una locura. «Me personé en la secretaría del instituto y pedí las listas con los nombres y apellidos de los alumnos con los que estudiamos aquellos años». Empezó así con una labor «incansable» para contactar con todos y cada uno de ellos, que hasta le ha robado alguna que otra hora de sueño. «Lo he hecho gustosamente».

El hombre indagó por internet y en las guías para buscar más datos de contacto de sus compañeros y empezó a mandarles cartas para informarles del reencuentro que iban a llevar a cabo. Algunos de aquellos alumnos hoy siguen viviendo en Santoña y en los pueblos de la comarca, aunque otros muchos han hecho sus vidas no solo fuera del municipio sino lejos de Cantabria. «Mandé cartas y cartas y algunas me las devolvieron hasta tres veces porque el destinatario en esa dirección estaba ausente». Pero no tiró la toalla y siguió indagando. Hablando con las que aún viven en Santoña en busca de alguna pista.

Surtió efecto

En total, mandó unas 150 cartas - tras muchas gestiones todos recibieron la invitación - con la ilusión de llegar a juntar «como mucho a siete u ocho alumnos para sentarnos en una mesa a comer y a jugar una partida de cartas». Esa era la intención inicial. Pero las cartas de Miguel Ángel surtieron más efecto del esperado.

Su llamamiento se ha saldado con el reencuentro de 28 exalumnos más el cura, José Oláiz, que en aquellos tiempos era el profesor de religión y hoy está Corbán. «Cada vez que llamaba por teléfono un alumno a mi casa para confirmarme su asistencia era una tremenda alegría». Algunos han venido a Santoña procedentes de Elche, Vizcaya, Guipúzcoa, Madrid, Valladolid así como de diversas localidades de Cantabria. De Elche llegó Adolfo Escudero al que se le removieron todos los sentimientos que lleva dentro cuando recibió la carta. «No me lo podía esperar para nada. Tardé unos días en contestar porque estaba pendiente de una fecha para una operación, aunque tenía claro que quería venir. A Santoña y sus gentes siempre las he llevado en el corazón». Él y Miguel Ángel fueron «los mejores amigos y hemos hecho muchas correrías juntos». No se habían visto en 59 años. Demasiado tiempo.

«He recuperado amigos que ya no conocía. Tenía en mi mente sus nombres pero no sus caras» Adolfo Escudero, antiguo alumno

«He realizado una labor incansable para contactar con todos, pero el esfuerzo ha merecido la pena» Miguel Ángel Cornejo, antiguo alumno y organizador

El reencuentro se llevó a cabo a la entrada del instituto Manzanedo. Miguel Ángel, como buen anfitrión, esperó uno a uno. Reconocerse después de cerca de 60 años era un misión imposible. Casi como reprimir la emoción. «Nos dimos abrazos sinceros de verdad. Fue tremendamente emotivo y una inyección de alegría». Para Escudero el reencuentro supuso «recuperar amigos que ya no conocía. Tenía sus nombres pero no sus caras». Alguno llevó fotografías de entonces, en blanco y negro, para facilitar la tarea de identificarse.

En las escaleras de la entrada se hicieron una foto de familia como recuerdo y para mandársela ala Fundación Manzanedo que colaboró abriéndoles la capilla en la que celebraron una misa de acción de gracias por los vivos y en memoria de alumnos, profesores y conserjes fallecidos.

Tras ello, y gracias a las facilidades que les puso el jefe de estudios del centro, recorrieron los pasillos y entraron a las aulas actuales, aprovechando para sentarse en los pupitres. Todos recordaba como si fuera hoy en qué punto de la clase estaba su mesa y su silla. «Entonces los suelos eran de madera, en el patio jugábamos al fútbol y a las canicas - Escudero era un gran jugador - y por el frontón a veces nos escapábamos». Las anécdotas se enlazaban unas con otras. Eran otros tiempos. «Había mucha inocencia y al no existir ni la televisión ni los móviles el contacto entre las pandillas era muy estrecho. Jugábamos a saltar, a nadar, a pescar, íbamos al monte...nada que ver a ahora». Y aún recuerdan cuando falsificaron el carné del instituto para poder entrar a ver en el cine la película 'El coloso de Rodas'.

También había tiempo para estudiar. «Todos los días pasaban lista y teníamos talleres de mecánica, electricidad y carpintería». Entraban en el instituto a las nueve. «Se nos formaba en fila, mano en alto y a cantar el Cara al Sol mientras izaban la bandera. Por la tarde lo mismo con la bajada de la bandera». Guardan gratos recuerdos del elenco de profesores. «Nos enseñaron muy bien. Aunque la de Lengua y Literatura la tomó conmigo porque incordiaba un poco y nunca me aprobaba en junio», rememora Miguel Ángel

Visto el instituto, aprovecharon para dar una vuelta por el pueblo y, seguidamente , fueron al restaurante Brisa para la comida. Ahí de nuevo la frase que más se escuchó fue «te acuerdas de cuando...». Tras los postres, todos le dedicaron un emotivo aplauso a Miguel Ángel por su labor para hacer realidad el reencuentro. «Con eso me sentí satisfecho». Y tocó despedirse. Con un fuerte abrazo y la promesa de juntarse de nuevo el año que viene, pero «tratando de, al menos, duplicar el número de alumnos».

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