El IH simulará los efectos de la subida del mar en las Marismas de Santoña

Un grupo de pescadores, en las marismas de Santoña. /Andrés Fernández
Un grupo de pescadores, en las marismas de Santoña. / Andrés Fernández

Investigadores del Instituto de Hidráulica elaboran una herramienta que permitirá ver las fases de una inundación y cómo alterará la forma de vida de los vecinos

JOSÉ CARLOS ROJO SANTANDER.

Dicen los modelos matemáticos que estudian el cambio climático que el nivel del mar subirá hasta dos metros en algunas zonas del planeta en los próximos cien años. Que obligará a una reorganización de las poblaciones costeras, que sufrirán en mayor medida un efecto que alterará el mapa, los ecosistemas y la economía de muchas ciudades y pueblos. Aquellas zonas potencialmente inundables están condenadas al cambio. «Y si existe un hábitat que es potencialmente inundable es el estuario», concreta la profesora Araceli Puente, investigadora del Instituto de Hidráulica (IH), que ha puesto en marcha el pasado julio el proyecto Mares junto a las jóvenes científicas Elvira Ramos y Cristina Galván, del grupo de Clima Marino y Cambio Climático del IH.

«Con Mares pretendemos analizar los mapas de riesgo de los estuarios en el norte de la península Ibérica frente al incremento del nivel del mar», explican las investigadoras sobre el plan apoyado por la Fundación Biodiversidad, del Ministerio de Agricultura y Pesca, que tendrá disponibles los primeros resultados para el julio próximo. Han seleccionado cuatro ejemplos: Txingudi (País Vasco), Marismas de Santoña (Cantabria), Villaviciosa (Asturias) y Ribadeo (Galicia).

«Son todos importantes por su alto valor ecológico, económico y social, y constituyen un objetivo prioritario en las estrategias de conservación, restauración y adaptación al cambio climático», explica Elvira Ramos. Conocer bien lo que va a pasar es crucial para diseñar una estrategia de gestión acorde con los tiempos que están por venir.

«Lo que ahora son terrenos para la agricultura tendrán que transformarse»

Todo se cuece en la pantalla de un ordenador. «Utilizamos modelización matemática y simulamos el incremento gradual del nivel del mar. Así, dependiendo de las cotas, podemos ir analizando cómo se comportará la inundación de las diferentes zonas y hasta dónde llegará el agua», detalla Cristina Galván. De los cuatro ecosistemas elegidos, el de Santoña es el que saldrá peor parado. Al tratarse de una planicie de hasta 6.678 hectáreas, contiene muchas zonas potencialmente inundables. «Gran parte de ellas son las que el hombre ya ganó al agua para desarrollar diferentes usos, sobre todo ganaderos», cuenta Puente.

Muchos de los actuales diques también quedarían bajo el agua. «No hay más remedio que adaptarse a lo que va a venir, porque es absurdo pretender frenarlo. Por eso es tan importante que conozcamos cuál va a ser el comportamiento del agua, para prever qué cambios de usos se va a dar a los espacios», concretan las expertas.

No tiene por qué ser traumático, primero porque no supone una desaparición de los espacios, solo será una reconversión. Segundo porque será tan gradual, que a nadie le va a coger de sorpresa. «Lo que ahora son terrenos dedicados a la ganadería, al turismo o incluso a la agricultura, tendrán que transformarse. Tal vez la acuicultura sea una alternativa», señalan.

Hay cambios que ya se están empezando a notar. La caída de la intensidad del marisqueo en la zona es equiparable al mismo fenómeno en la bahía de Santander. «Todo tiene que ver con factores que todavía no están claros pero influye mucho el incremento de temperatura del agua, por ejemplo. Esta alteración se está dejando notar mucho en la población de algas de diferentes zonas cántabras. Unas especies desaparecen y otras mejor adaptadas al medio, aparecen».

Segundo nivel del estudio

Si todo transcurre según lo previsto, lo lógico sería que la segunda parte del proyecto se pusiera en marcha el año próximo. «Este primer paso nos servirá para desarrollar metodologías y funcionar con los modelos. Pero la idea es ampliar el estudio a todos los estuarios importantes de España, también los del sur», explica Araceli Puente.

Todos los resultados se harán públicos a través de una página web. Tendrá una aplicación interactiva que permitirá viajar a través de la predicción anual para ver en qué medida el mar irá ocupando los diferentes espacios. «Así, cada cual podrá hacerse una idea de cómo le va a afectar a su modo de vida», cuentan las investigadoras.

Luego vendrá el tiempo de cotejar en el campo los análisis y las predicciones. «En el ordenador todo es muy teórico pero una vez modelizas la realidad, siempre conviene salir a la calle para comprobar si de verdad el modelo es fiel a la realidad», explica Elvira Ramos.

Por lo pronto, los modelos arrojan un horizonte a 100 años vista que va a obligar a cambiar la forma de vida de los habitantes de la zona del estuario de Santoña y de otros muchos similares en España.

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