«El yoga me ayudó a centrarme y priorizar»

María del Carre en uno de los ejercicios de yoga que practica. :: dm/
María del Carre en uno de los ejercicios de yoga que practica. :: dm

Abandonó su vida en Madrid para dar un cambio radical a su vida a través del yoga

MARTA CABRERA

Siempre es bueno pedir consejo cuando se quiere tomar una decisión un poco arriesgada, pero si estamos seguros de lo que queremos, no hay que tener miedo y avanzar en ese propósito debe ser lo que nos vaya marcando la senda. En el caso de María del Carre, un cúmulo de circunstancias hicieron que abandonara la vida que llevaba en Madrid para hacer del yoga uno de los pilares de su vida y comenzar una nueva etapa en Ajo.

Aunque ya había tenido contacto con el yoga hace más de 20 años gracias a una amiga que tenía un centro en la capital madrileña, el principal sustento de su vida lo conseguía trabajando en el departamento financiero de una empresa internacional. Llegó un día que en su trabajo se aplicó un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) y, aunque fue indemnizada, se quedó sin trabajo y empezó a replantearse qué era lo que de verdad le apetecía. Fue entonces cuando el yoga empezó a ganar fuerza como una posibilidad laboral, «pero de primeras no tenía muy claro que quisiera ser profesora».

En aquel momento, estaba recibiendo clases de yoga en el centro de Asthanga Yoga, en Madrid. El profesor del centro fue el que le animó a tener una experiencia más profunda con el yoga, viviendo en un ashram (lugar de meditación) si surgía la oportunidad. Además, también le sugirió la posibilidad de plantearse dar clases. Por ello, ya empezó a ver esta disciplina de manera distinta.

«Tenía que hacer un parón en mi vida para analizar lo que realmente necesitaba»

Empezó a visualizar, paulatinamente, su camino en el yoga, aunque seguía sin tenerlo claro. Por aquel entonces, lo único que sabía era que «necesitaba hacer un parón en su vida para ver qué era lo que realmente necesitaba». Fue entonces cuando viajó hasta Holanda para hacer un curso pensado para profesores de yoga que quieren formarse. Al volver, decidió que su lugar no estaba en Madrid, por lo que se mudó a Ajo para comenzar esta nueva etapa.

Volvió a ir a Holanda ese mismo verano. En este caso, porque salió una oferta en el centro donde ella estudió para ir de voluntaria y se fue el mes de agosto. En esos días consiguió formarse y, a la vez, ganar experiencia. Cuando regresó por segunda vez de este país, ya sí que tenía en mente la idea de ser profesora.

Ahora mismo, continúa viviendo en Ajo y con nuevas oportunidades en el horizonte. En la actualidad, está dando clases en Proyecto Hombre, en Santander, además de hacer sustituciones y algunas colaboraciones. Asimismo, mañana, lunes, comienza a dar clases de yoga en Meruelo. Anima a todas las personas que puedan estar interesadas a que se adentren en esta disciplina. «Puedes llegar al yoga por muchas razones, pero lo que están claros son sus beneficios, independientemente de la edad de cada uno». Esta disciplina ayuda a relajarse, a tener más flexibilidad, alivia los dolores de espalda, mejora la postura corporal e, incluso, puede servir de complemento para otros deportes. Mentalmente, sirve para relajarse en los momentos más tensos y conseguir mayor concentración en algunas circunstancias que lo precisen. «En mi caso, por ejemplo, me ayuda a centrarme y priorizar».

Aunque ya tenga su trabajo, por ahora, no quiere dejar de formarse para seguir progresando. Por ello, continúa acudiendo a un centro santanderino en el que recibe clases para ir adquiriendo mejores dotes para el yoga. Asimismo, siempre está alerta por si sale algún curso que pueda ser de su interés y apuntarse a él. Recientemente, ha estado en León recibiendo clases de una maestra francesa de yoga, Martine Le Chenic, discípula directa del Maestro B.K.S Iyengar.

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