Cabañas en el paraíso

Escenas de estío

San Roque de Riomiera es el escenario veraniego de los que buscan tranquilidad

SAMIRA HIDALGO Y ALEXANDER AGUILERASan Roque de Riomiera

Silencio y tranquilidad. Son dos de las características que definen la estampa del valle en San Roque de Riomiera donde se encuentran ubicadas muchas antiguas cabañas pasiegas. Reformadas desde el respeto que merecen, se han convertido en un lugar indicado para desconectar de la rutina en plena naturaleza.

Agustín Valentín-Gamazo, dueño de la empresa ‘Cabañas con Encanto’, es de Valladolid y junto con su familia decidió hace ya una década comprar una para uso personal. La experiencia les gustó tanto, que decidieron adquirir e ir reformando más, hasta tal punto que ahora cuentan con un total de siete que llevan alquilando desde 2014. La iniciativa está teniendo una gran acogida. Sin embargo, los inicios no fueron fáciles. Hubo que pelear por conseguir un decreto específico para alojamiento turístico en cabañas pasiegas, algo que no existía hasta la fecha. Eso y limpiar muchísimo: «Como anécdota contaré que el primer día que entramos a la cabaña tuvimos que sacar a las vacas y a los caballos». Dentro de este marco incomparable se puede dormir en el antiguo establo, con el pesebre donde se ataban las vacas como cabecero. Pero a eso hay que añadirle las comodidades de hoy en día. Una cabaña pasiega es «piedras, madera de robles y hayas que hay en estos bosques y pieles de las propias vacas que son criadas aquí». «Con estos tres elementos nosotros creamos un lugar donde descansar y desconectar de la ajetreada rutina diaria. Siempre respetando las estructuras de las cabañas, las dejamos tal y como están».

Como en cualquier otro negocio que dependa del turismo, la época estival trae consigo un mayor volumen de clientes. Sin embargo, el marco incomparable en el que se ubican las diferentes cabañas hace que este hecho no se note tanto: «Aunque siempre tenemos más clientes en verano, el resto del año no se da nada mal ya que este entorno es bonito en todas las estaciones». La mayoría de personas que decide alojarse en estas cabañas es de nacionalidad inglesa. Además, todos llegan a la misma hora, algo que llamaba la atención de Agustín hasta que encontró una buena explicación: «Cogen el ferry con su coche y cuando llegan a Santander recorren la hora y media de camino que hay hasta aquí».

«Nos ha gustado tanto que estamos pensando mudarnos», explican dos turistas

Una de las personas que ha vivido esta agradable experiencia en verano es la madrileña Esther Fuentes, que viajó con su marido e hijos y conoció este alojamiento gracias a una amiga. «En cuanto me hablaron de esto me informé a través de internet y, como nuestra idea era disfrutar de la naturaleza y tener tranquilidad, fue un flechazo a primera vista». Durante una semana pudieron disfrutar del entorno y los distintos planes que ofrece este singular alojamiento. «Está genial para ir con niños o en pareja. Es todo tranquilidad. Si quieres ver a gente tienes el pueblo a cinco minutos, pero, si no, puedes aislarte del mundo. De hecho, tardamos dos días en darnos cuenta de que no había televisión, no la echamos nada en falta». No duda al afirmar que repetirán seguro, aunque esta vez en pareja.

Luzca el sol o aparezca la lluvia, despertar en una de las cabañas es inspirador. Dar un paseo por las distintas sendas que ofrece este valle pasiego o leer un libro delante del fuego de la chimenea se convierten en actividades relajadas, algo que buscaba el también madrileño Alberto Lorenzo. «Encontramos las cabañas buscando en internet. Fue algo casual pero lo que nos hemos encontrado es espectacular». Esta familia de dos adultos, tres hijas y un perro ha podido realizar una vida diferente a la que tienen en Madrid. El entorno y la cercanía de distintos pueblos y ciudades les han permitido realizar muchas actividades durante su estancia. «Hemos hecho un poco de todo: surf en la playa de Somo, hemos visitado algunas cuevas y también hemos podido pasear por el Valle Pasiego de Riomiera».

La postal está al otro lado de la ventana.

Por su parte, Fernando Caballer, valenciano y padre de cinco hijas, confiesa que, al menos una vez al año, decide evadirse por unos días de todo junto a su mujer. No encontró mejor sitio que una cabaña pasiega: «Antes de decidir el destino, miré la ubicación y, al ver que estaba en mitad de la montaña, cogí el teléfono para reservar». Durante los seis días de tranquilidad que vivió esta pareja disfrutaron de la gastronomía y el paisaje de la zona, pero lo que más les llamo la atención fue el silencio perfecto. Para Fernando, este tipo de experiencias no se pueden pagar con dinero. «Nos ha gustado tanto que estamos pensándonos mudarnos allí definitivamente tras mi jubilación. La temperatura era estupenda y lo pasamos genial, lo que provocó que la vuelta a Valencia fuera horrorosa». Al igual que la mayoría de clientes, no ha echado en falta para nada la televisión. Una manta y el paisaje eran suficientes: «Cuando llegaba la noche, cogíamos algo para taparnos y nos tomábamos unos orujos en la mesa del jardín. Con eso y el entorno era suficiente».

Buitres, corzos, vacas e incluso zorros en algún momento del atardecer se hacen protagonistas de un paisaje del que pudo disfrutar la bilbaína Cristina Rodríguez. Junto con su novio, decidió buscar un sitio tranquilo para ellos y su mascota. «Queríamos descansar y que el perro pudiera estar a sus anchas, no tener que estar pendiente de él como nos pasa en la ciudad». Durante los meses de verano el fuego de la chimenea brilla por su ausencia. Sin embargo, Cristina ya ha hablado con Agustín para ponerla en funcionamiento en unas fechas con menos grados de temperatura. «Recomiendo esto a cualquier persona, nosotros pensamos volver en invierno para contemplar el paisaje en esa época del año y poder encender la chimenea que para mí tiene un encanto especial».

El pamplonés Luis Huerta no es la primera vez que se aloja en alguna de estas cabañas, pero cada una de sus visitas ha sido especial. «Mi pareja y yo hemos disfrutado al 100% de la paz y tranquilidad que transmite este entorno, pero lo que más destacaría es el trato del personal y la gente del pueblo, que es encantadora». Ellos insisten en que lugares como este deben conocerse.

En pleno siglo XXI, las prisas y las obligaciones diarias hacen olvidar que parajes como el valle pasiego de San Roque de Riomiera son posibles. Para los que quieren pasar, por ejemplo, un verano distinto en el que aprender a escuchar el silencio. Ese curioso silencio de las montañas.

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