Puente Viesgo cierra el capítulo de la agitada historia de su Casa Consistorial

El alcalde de Puente Viesgo explicó al consejero de Presidencia la historia del hocico del oso de los Fuentes-Pila. /Miguel López
El alcalde de Puente Viesgo explicó al consejero de Presidencia la historia del hocico del oso de los Fuentes-Pila. / Miguel López

Tras años reivindicando sus derechos sobre la casona familiar, expropiada por el Gobierno regional en 1989, la familia Fuentes-Pila devuelve una pieza símbolo de su resistencia

NACHO CAVIA PUENTE VIESGO.

La familia Fuentes-Pila Estrada, a la que pertenece el portavoz del PRC de Santander, ha pasado página en Puente Viesgo. Tras años de reivindicación de sus derechos sobre la casona familiar, expropiada por el Gobierno cántabro en 1989 para destinarla a Ayuntamiento, la nueva generación ha querido poner fin a ese capítulo con un acto simbólico que sella el pasado y abre una nueva etapa. Julio Fuentes-Pila Estrada, hijo pequeño de Joaquín Fuentes-Pila Pérez ha entregado al nuevo alcalde, Óscar Villegas, el hocico del oso en piedra que representa, en ese edificio, a la casa Fuentes-Pila. Una forma de cerrar el traspaso de poderes entregando el símbolo de la resistencia, un pequeño trozo de piedra labrada que había guardado con celo la familia como representación de que 'El Palacio' seguía, al menos en parte, en sus manos.

La historia de esta polémica está plagada de simbolismo y de escenas tristemente cotidianas. La lucha de una familia contra el poder, herencias desestabilizadoras y la decisión hidalga de no ceder ante el adversario.

El propio Julio ha contado la historia, muy resumida, porque habría para escribir un libro. La Casona de Fuentes-Pila, denominada 'El Palacio', fue encargada por el matrimonio Santiago Fuentes Ochoa y Natalia Amelia Pila Diez de Velasco, en 1928 al arquitecto Javier González de Riancho, autor, junto a Gonzalo Bringas Vega, del Palacio de la Magdalena.

En marzo de 1989 una rama rompió el hocico del oso que representa a los Fuentes-Pila

Tras un largo periodo, la casona familiar pasó a ser propiedad de su abuelo, José María Fuentes-Pila, quien decidió dejar 'El Palacio' en herencia a sus ocho hijos. Mal asunto a la hora de conservar un gran edificio como ese. Pero aún peor iba a ser el problema que les sobrevenía a los herederos: el deseo de Juan Hormaechea, entonces presidente del Gobierno regional, de convertir esa casa en el Ayuntamiento.

Cuenta Julio Fuentes-Pila que, tomada la decisión, Hormaechea, utilizando como mediador al Consistorio de Puente Viesgo, comenzó a negociar, uno a uno, con los ocho hermanos, y con siete alcanzó un acuerdo de compraventa sobre su parte de propiedad. Hasta que dio con su padre, Joaquín, el único que se negó a la venta de su parte en un precio, a su juicio ridículo y con unas condiciones abusivas: «o lo coges o se te expropia, tú decides». Ante esa tesitura, la negativa de Joaquín Fuentes-Pila fue tal que toda la familia decidió atrincherarse en la casa para demostrar su decisión inequívoca.

Así se llegó a febrero de 1989, hace ahora 29 años. Una tarde, uno de los hijos del matrimonio estaba estudiando en la casa cuando oyó un estruendo. Después todos supieron que era la entrada en la vivienda de un grupo de hombres armados dirigidos desde el Ejecutivo para tomar posesión de la casa. Pero no sirvió más que para enrocar aún más la decisión del patriarca y aferrarse más si cabe a la casa, escrituras en mano.

A las pocas semanas, en marzo, una fuerte tormenta partió la rama de un gran árbol, cayendo sobre el oso en piedra que presidía 'El Palacio', símbolo del valor y honor de la familia Fuentes-Pila. Con tal mala suerte que la rama quebró el hocico del oso. Cualquiera habría visto ahí un mal fario. Y no iba desencaminado. Joaquín recogió el maltrecho hocico con la promesa de reponerlo cuando ganara el pleito, pero el tiempo pasó, un trágico accidente segó su vida y el simbólico trozo acabó en manos de su hijo menor.

Al final, el Tribunal Supremo confirmó que el proceso de expropiación no había seguido los trámites legales, pero el procedimiento había sido muy duro para la familia y de manera unánime decidieron abandonar aquel agotador trance.

Décadas después llegó el momento de cerrar el capítulo, decía Julio, «más cuando vi que le habían puesto un hocico al oso que nada tenía que ver con el original», el que ahora se podrá volver a unir, cerrando una etapa que «damos por terminada». El último simbolismo, la espera a que fuera una nueva generación la que representara a la familia y al Ayuntamiento, un nuevo y joven alcalde, Óscar Villegas, encargado, con Julio, de pasar una página de la historia de Puente Viesgo.

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