Refuerzan el cierre del edificio quemado en Cisneros, al que han intentado entrar

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Con cadenas, un candado y maderos en la ventana. La imagen de ayer del 24. / Andrés Fernández

  • Bomberos y Policía volvieron al número 24 avisados por los vecinos, que vieron a alguien trepar por la fachada para acceder al entresuelo

En Cisneros no le quitan ojo al número 24 de la calle. «Sí, aquí es», comentaba un grupo de personas que pasaba ayer, a media mañana, por delante del portal, lleno de cintas colocadas por los bomberos y la policía para prohibir el paso. Hasta hicieron fotos. El edificio santanderino que se quemó durante la madrugada del miércoles al jueves permanece sellado. Cerrado, a cal y canto. Pero desde el Ayuntamiento confirman que fue necesario reforzar los cierres porque han intentado entrar al entresuelo, el piso en el que se originaron las llamas y que arrastra una larga lista de polémicas y conflictos desde hace unos años.

Fuentes del Consistorio confirmaron a este periódico que un vecino llamó a la Policía al ver que una persona estaba trepando por la fachada para intentar colarse por la ventana del entresuelo. Justo allí, horas después de sofocar el fuego (fueron necesarias cinco horas), los bomberos habían colocado unas maderas para impedir el paso. En primer lugar, para garantizar la seguridad en un inmueble castigado por las llamas y pendiente de la investigación para confirmar las causas del incendio –todo apunta a que fue una vela (no tenían luz en la vivienda) la que prendió un colchón–. Pero también porque en esa misma planta hay un boquete en mitad de una habitación desde el que puede verse el bajo comercial.

Refuerzan el cierre del edificio quemado en Cisneros, al que han intentado entrar

Los propios bomberos y los agentes de la Policía Local de Santander acudieron ante la llamada. Unos y otros reforzaron los cierres de la vivienda y también del portal (los vecinos aseguran que llegaron a romper el candado). Ayer, en torno a la una del mediodía, la puerta estaba candada y encintada, con el adhesivo de los municipales pegado para precintar la entrada al edificio. Los cristales, a esa hora, permanecían también intactos. Y del mismo modo, las tablas de madera colocadas en la ventana del entresuelo, muy visibles desde la calle.

Los vecinos insisten en la advertencia. Creen que volverán a intentar acceder a la vivienda y cuentan una y otra vez «la pesadilla» –así lo denominan– que han vivido en los últimos años en forma, según su relato, de peleas, ruidos, consumo de sustancias prohibidas... Del mismo modo aseguran que la intervención de los bomberos «evitó algo que podía haber sido mucho más grave». «Nos lo decían ellos mismos, que la situación supuso un riesgo muy importante».