"Esto es un desastre"

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Toldos vencidos por el agua, vendedores empapados y poco o nada de público; ese fue, según los comerciantes, el balance de la jornada. / Roberto Ruiz

  • La lluvia complica las cosas en el mercadillo de la Plaza de la Esperanza y los vendedores ambulantes siguen reivindicando Pasaje de Peña como el mejor emplazamiento

En el particular mundo en el que viven desde hace años los vendedores ambulantes del mercadillo del Pasaje de Peña, las cosas no dejan de complicarse. Lo primero, porque hace ya cuatro semanas que su mercadillo se trasladó a la Plaza de la Esperanza para disgusto de muchos y, lo segundo, porque la lluvia, que parecía haberse olvidado de nosotros, demostró ayer que sólo se había tomado unos meses de descanso. Los comerciantes, con una chupa de espanto, levantaron sus tiendas a eso de la una de la tarde sin que la mayoría hubiera abierto la caja. «Estamos espantados, nos obligan a trasladarnos aquí después de 19 años en el túnel y no sólo estamos medio hacinados, porque aquí no hay ni la mitad de espacio, sino que nos dejan a la intemperie. Es muy difícil que la gente se anime a dar un paseo por aquí y pasar la mañana como hacían antes, y nosotros nos volvemos a casa sin vender nada y con una pulmonía. Esto es un desastre».

Realojados desde hace un mes en la parte posterior del mercado, en la zona en la que se celebran los mercadillos de ropa, frutas y verduras, gente como Pedro, con más de cuarenta años de venta ambulante a sus espaldas, auguran un futuro nefasto. «Es fácil imaginar lo que puede pasar si los próximos cuatro domingos vuelve a llover. Las consecuencias pueden ser terribles para mucha de la gente que acude; gente muy vulnerable que siente que el Ayuntamiento les ha dejado tirados».

Pedro asegura que el problema viene de atrás y que el concejal de Comercio y Mercados de Santander, Ramón Saiz Bustillo, se agarró a un informe firmado por un sindicato de la Policía Local para tomar una decisión que llevaban tiempo aplazando. «Esta una ciudad de anillo cultural, que aspira a consolidarse en un club smart y que no tiene ningún interés en este tipo de cosas», afirma Pedro confirmando que él tampoco logró ayer abrir la registradora. El problema –dice tanto él como otro buen número de colegas– es que el colectivo de vendedores ambulantes es, cuando menos, muy variopinto, de modo que será complicado ponerse de acuerdo para definir una estrategia reivindicativa con la que tratar de hacerle frente al Ayuntamiento. «Aquí hay grupos, como el de los gitanos, que funcionan a su manera, de modo que, aunque intentaremos hacer algo, va a ser complicado». La preocupación de muchos de los vendedores poco tiene que ver con la satisfacción de los responsables municipales que vieron el traslado como una oportunidad para «mejorar el mercado, revitalizarlo y aumentar su atractivo para el público».

Escrito

La realidad es que, después de que ese informe policial alertara de los problemas a los que podrían tener que enfrentarse si un imprevisto obligaba a desalojar el pasaje, muchos de los comerciantes ambulantes firmaron un escrito mostrando su conformidad con el nuevo emplazamiento. Bustillo dijo entonces que la Plaza de la Esperanza fue la alternativa elegida por la inmensa mayoría tras varias semanas de reuniones. Quienes lo hicieron, quizá no creyeron que algún día llegaría el otoño.