La Esperanza, un mercado más accesible

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La rampa, cuya base está en construcción, volará sobre los puestos de los ambulantes. / Andrés Fernández

  • Avanza la obra de instalación de dos ascensores interiores y la rampa que unirá la calle con la primera planta, sin escalones

El Mercado de la Esperanza abrió en abril de 1904, tras ocho años de obras. Fue un proyecto de los arquitectos Eduardo Reynals y Juan Moya del año 1897, para un edificio construido a base de piedra, hierro y vidrio. En el año 1977 fue declarado monumento histórico-artístico. La planta baja estaba dedicada a almacenes y la superior a los puestos. Y no tenían conexión interior entre ambas.

Ahora, el proyecto desarrollado por el ingeniero Ángel Chamizo y el arquitecto Domingo de la Lastra soluciona este fundamental problema, pues para ir de la planta del pescado a la superior hay que salir a la calle. Han diseñado dos ascensores, en el Este y en el Oeste, que comunica ambas plantas. Además, el actual ascensor de la calle de Isabel II a la primera planta se amplía y se convierte también en montacargas.

Y, lo mas llamativo: para conseguir que sea mucho más cómoda la entrada del público, se crea una rampa que volará por encima de la plaza posterior (donde se instalan los ambulantes) y llevará al comprador hasta los puestos de la primera planta, sin escaleras. Como dice Chamizo, "con esta intervención conseguimos que la parte superior del mercado, que está aislada, conecte fácilmente con las calles, sin escaleras exteriores como ahora sucede. Se logra una conexión ágil y potente, por encima de ese foso. Estamos seguros de que eso conseguirá atraer mucho más público al mercado y le devolverá la vida".

Los comerciantes también lo están y por eso han corrido con parte de los gastos que supone la obra. Pagan el proyecto y los honorarios del arquitecto y el ingeniero. El Ayuntamiento paga la obra, que asciende a 300.000 euros. "Es un proyecto sensible con el edificio histórico y protegido", dice Chamizo, y es que es "el segundo más visitado de la ciudad, después del Palacio Real de la Magdalena", recalca Domingo de la Lastra. Para llegar a la planta alta, el cliente debe subir casi treinta peldaños, "así que el mercado era como una isla, cada vez más. Y eso dificulta la eficacia y las posibilidades empresariales de la primera planta", explica.

La instalación de los dos nuevos ascensores ha conllevado también otras mejoras sustanciales, como el traslado de los aseos y la construcción de nuevas oficinas.

La planta baja no fue ocupada por los vendedores de pescado hasta finales de los años cuarenta, recuerda De La Lastra, cuando fue derribado el viejo Mercado de La Ribera, el que llamaban ‘La pescadería’. Hace unos quince años se instaló un pequeño ascensor por la calle de Isabel II para subir a la primera planta. Y "ahora, con los nuevos ascensores, se consigue que sea muy cómodo subir y bajar de una planta a la otras y desde la calle llegar a la primera", destaca De la Lastra. La rampa tendrá tres metros de ancho y once de longitud y entrará directamente hasta la primera planta.

Los comerciantes están expectantes con las obras. Pablo Plaza, presidente de la asociación, está seguro de que el número de personas que accederá a la primera planta crecerá mucho, porque gracias a la rampa será muy cómodo. Esperemos que también mejoren las ventas.Esta intervención tendría que haberse realizado hace muchos años". El mercado tiene 88 puestos, de ellos 39 en la baja, en la pescadería. Aquí hay tres puestos vacíos y en la superior, cuatro.