El vecino controlador

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Cabo lleva desde agosto trabajando en el Seve Ballesteros y estará en Santander un año. / Daniel Pedriza

  • César Cabo, el exportavoz de los controladores aéreos que saltó a la fama, trabaja ahora en Santander

Fue en diciembre. En breve hará seis años. En pleno puente, España cerró el espacio aéreo y los aeropuertos se llenaron de tipos furiosos con las maletas en la mano. Eso, en la tele, tuvo dos consecuencias. Las típicas entrevistas con los que se quedaron en tierra y el vertiginoso salto a la fama del portavoz de la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA). El chico rubio que hablaba bien. César Cabo todavía está a la espera de que salga el juicio por aquello y todavía repite que ningún colectivo fue tratado como el suyo en España en los últimos treinta años. «Juicios paralelos», «nadie ha investigado en profundidad lo que pasó» y «los medios compraron la versión del ministro». Cree que, al menos, consiguieron «hacer de parapeto, que la gente escuchara» y, con el tiempo, cuenta que hay políticos que le dijeron «que lo que habían hecho con los controladores era inconstitucional, pero que no eran muy populares». Fue uno del PP el que se lo reconoció, «pero pudo ser cualquiera». La cosa es que ahora anda mucho más tranquilo. Sigue de controlador, pero en otro aeropuerto. En otra torre. La del Seve Ballesteros, aquí mismo.

«Estoy aquí de rebote. En su día sí que pedí Santander, pero no me lo dieron. El Norte me tira y me fui a Asturias. Un traslado temporal por cambiar de aires. Estaba a gusto y me hubiera gustado quedarme allí, pero estas comisiones de trabajo no se renuevan más allá de un año. En todo caso, como sacan muchas comisiones porque la empresa tiene una evidente falta de plantilla, opté por Santander». No es nuevo aquí. Un par de veranos casi en la infancia, un curso de la UIMP hace unos años... Ahora, de forma estable, está en la ciudad desde agosto. «Estoy todavía ‘semiaterrizando’, todavía en proceso de adaptación». Explica que «laboralmente, es muy parecido a su último destino». Un aeropuerto «muy tranquilo», «por características y volumen de tráfico, llevadero». Con sus cosas –niebla, viento...– y hasta con sus matices (por aquello de tener que estar también pendiente de los barcos y porque el Seve está muy cerca de la ciudad –«creo que no hay otro aeropuerto en España que esté tan cerca, no sabéis lo que tenéis con eso»–). Más allá del trabajo, «buscando actividades, conociendo, haciendo excursiones...». Va a clases de alemán, está en un equipo de natación... Ya pregunta por restaurantes con nombre propio y habla con un punto de asombro de lugares como El Soplao. «Es uno de los sitios más espectaculares de España y no se conoce demasiado. He viajado mucho y no hay tantos sitios tan bonitos».

De la vorágine de 2010 quedan huellas. De entrada, que se cierre judicialmente el caso en el que está imputado por «un presunto delito de sedición y abandono de funciones públicas» (eso se dijo en su momento). En total, 21 juzgados de toda España han desestimado los casos que se abrieron. Pero en Palma y en Madrid aún siguen. «Nosotros estamos pendientes del escrito de acusación y de poner fecha para el juicio». Habla de una «justicia desesperante» y hasta de un juicio «atípico y politizado». Este proceso le impidió, de hecho, un más que posible salto a la política con Ciudadanos, que contó con su apoyo antes de la expansión nacional del partido. «He visto el impacto que puede tener la política como ciudadano y como trabajador. Y creo que es necesario renovar algunas cosas, dar un paso al frente. El tema judicial lo frenó y, cuando pase ese momento, veremos si es una opción».

Pero el mes de diciembre de 2010 supuso más cambios para el controlador César Cabo. «Fue un antes y un después». «Te enfrentas a la opinión pública, ganas relevancia, tienes una intensiva exposición pública...». Habla, de hecho, de «sobreexposición». «Cambió mi punto de vista sobre el funcionamiento de la política y de los medios. Fue un aprendizaje e hice todas las prácticas que no hice en la carrera (estudió periodismo)». De la noche a la mañana, famoso. Y eso que dejó la portavocía en 2011. «No podía salir a la calle y no envidio a la gente ‘súper famosa’. Mi labor no debería haber tenido esa repercusión y me sorprende que haya gente que le guste estar en el disparadero». Llegaron ofertas de programas, colaboraciones para la radio... A veces aún le llaman cuando hay algo que tenga que ver con el control aéreo. «Todo lo que sea ofrecer una visión profesional, voy sin problema». Y aún hay alguno que le reconoce por la calle, «pero cada vez menos».

«No tengo grandes planes. Una vida tranquila en otra ciudad, otra forma de vivir la vida... No es un año sabático. Estoy trabajando, pero el ritmo es diferente». Aquí, en Santander y en el aeropuerto. Un paréntesis calmado.