Las tres reinas magas de Carlos

Las empleadas de El Corte Inglés Mónica y Amaya posan con Tania y su hijo, Carlos, de 2 años de edad.
Las empleadas de El Corte Inglés Mónica y Amaya posan con Tania y su hijo, Carlos, de 2 años de edad. / Roberto Ruiz
  • Tres empleadas de El Corte Inglés salvan 'in extremis' la Noche de Reyes de un niño de 2 años a cuyos padres les robaron los juguetes

Tres empleadas del centro comercial El Corte Inglés consiguieron salvar 'in extremis' la Noche de Reyes de un niño poniéndose a la orden de sus padres con el establecimiento ya cerrado para impedir que los ladrones, que acababan de robarles los juguetes, les robaran la ilusión del pequeño, que está por cumplir 2 años de edad.

Las tres reinas magas de Carlos -Eva, Mónica y Amaya- escriben el último cuento de la Navidad 2016, que, como el primero, en Pontejos, también va de ladrones, de juguetes y de solidaridad.

De feliz final, afortunadamente, la historia no empezó nada bien. «Habíamos ido a ver la Cabalgata», recuerda Tania, la madre del niño. «De vuelta a casa comimos el rosco, esperamos a que Carlos se acostara y a eso de las once y cuarto le dije a mi marido que bajara al trastero», donde la pareja había guardado los regalos comprados a sus familiares. Unos 2.000 euros.

«Al cabo de un momento mi esposo subió y me preguntó que dónde había escondido los regalos y cuando le contesté que en el trastero me dijo que allí no había nada. Yo pensé que me estaba vacilando». Así que bajó ella para ver... nada. «Casi me da algo», asegura Tania, que rápidamente regresó a su casa, cogió el móvil y llamó a su familia. «Les expliqué que nos habían robado y les pedí juguetes, juguetes nuevos, juguetes viejos... lo que fuera. Carlos no podía quedarse sin ellos». La mujer efectuó varias llamadas antes de dar con su prima y la solución a su problema.

En pijama

«Me dijo que El Corte Inglés estaba abierto hasta las doce de la noche, vi que eran las doce menos cuarto y arranqué para allá con mi marido». Llorando y en pijama.

Tania, que llegó a menos cinco, dejó a su esposo aparcando el coche y corrió hasta la sección de juguetes preguntando por Amaya, una empleada a la que la madre de Carlos confía el asesoramiento y compra de sus regalos desde hace varios años y que a esa ahora no se encontraba en su puesto habitual porque estaba ayudando al desmontaje de la subsección abierta en la planta baja del centro comercial.

«Subiendo un carro con mercancía vi a su marido», precisa Amaya, extrañada de verle allí a esas horas. «Se me acercó nervioso y me dijo que Tania me andaba buscando». Iba a explicarse cuando llegó ella. «Llevaba puesto encima un chaquetón, pero debajo vestía en pijama. Y, la verdad, estaba muy sofocada». 'Con razón', pensó cuando la mujer le explicó lo sucedido.

Mirando su reloj, y viendo que apenas tenía tiempo de reacción, la empleada avisó a otras dos compañeras, Mónica y Eva, con las que articuló una solución al problema que Tania les acababa de plantear. «No fue fácil, porque los juguetes que ella le había comprado a Carlos estaban prácticamente agotados y la mayoría de la mercancía no estaba expuesta sino guardada en palés y distribuida por diferentes áreas». Además, las cajas estaban cerrando y en el punto de empaquetado de regalos no quedaba nadie.

Dispuestas a obrar un milagro, y mientras Tania y su marido memorizaban algunos de los juguetes que le habían comprado al pequeño, Eva, Mónica y Amaya comenzaron una veloz carrera por El Corte Inglés buscando entre las estanterías la felicidad de Carlos, que, a todo esto, dormía en casa a pierna suelta velado por su abuela.

«Ellas mismas los reunieron, los escogieron y hasta los envolvieron. Ahí estuvieron hasta que hizo falta», decía ayer agradecida Tania, que el viernes, al despertar de su hijo, rompió a llorar en el salón de su casa rememorando la noche en que pensando que los reyes no existen descubrió que hay más de tres.