Arde un coche recién sacado del taller en el Alto Miranda

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En primer término, el coche de la patrulla policial que avisó a los bomberos, y al fondo, el coche en llamas. / DM

  • Un coche de la Policía Nacional que patrullaba por la zona avisó a los bomberos de que un vehículo con dos ocupantes comenzó a prenderse fuego mientras circulaba en dirección hacia General Dávila

Los clientes de La Flor de Miranda, el conocido restaurante de la avenida de Los Infantes, que eligieron terraza para tomar algo se dieron un buen susto en la tarde de este miércoles cuando alzaron la vista mientras merendaban y vieron un arder un coche que estaba saliendo de la glorieta del Alto Miranda para entrar en la avenida del General Dávila.

Pero su sobresalto no es comparable con el que se dio el matrimonio de avanzada edad que viajaba en el Volvo de color negro que acabó ardiendo en llamas. En cuanto vieron las llamas se bajaron del coche, que al parecer había sufrido un fallo mecánico en el motor. Y eso que el vehículo estaba recién sacado del taller. Su dueño lo había llevado a reparar porque no le funcionaba bien el aire acondicionado.

Es lo que contó la pareja, que no sufrió herida alguna, nada más salir del vehículo a los bomberos que acudieron a apagar las llamas, a los agentes de la Policía Local que acudieron a controlar el tráfico, y a la patrulla de la Policía Nacional que en el momento del incendio se encontraba circulando por la zona y se encargó de avisar a la centralita de los bomberos para que acudieran a apagar las llamas.

Tras recibir la llamada a las 18.20 horas, una dotación de bomberos acudió al Alto Mirando para apagar las llamas. Tardaron menos de una hora en extinguirlo, después de que tanto los camareros de La Flor de Miranda como los agentes de la Policía Nacional emplearan extintores para apagarlo.

"Me han dicho que iba circulando y de repente se le ha incendiado el motor. El capó está calcinado y una rueda ha salido volando pero al matrimonio, que son vecinos de por aquí, no les ha pasado nada", explica uno de los camareros de La Flor de Miranda mientras observaba desde la terraza del establecimiento cómo los bomberos abrían el vehículo con una palanca para poder apagar las llamas que había en el interior del vehículo.

El balance. Un capó quemado totalmente. Una rueda destrozada. Y la bolsa de la compra que había en la parte de atrás del vehículo, irrecuperable. La curiosidad. No todos los días merienda uno viendo un coche arder a escasos metros de la terraza del restaurante del barrio.

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