"Muchos niños con déficit de atención e hiperactividad están mal diagnosticados"

El psicólogo Marcos Pérez realiza una consulta con el programa de simulación del aula para evaluar la atención de un niño.
El psicólogo Marcos Pérez realiza una consulta con el programa de simulación del aula para evaluar la atención de un niño. / Roberto Ruiz
  • La tecnología ayuda a los psicólogos a identificar este trastorno a través de un programa de realidad virtual que simula una clase y permite evaluar las reacciones del alumno

Un niño distraído, y tan inquieto que le cuesta aguantar sentado en una silla, no necesariamente es un caso de TDAH, aunque a veces cuesta encontrar los límites. Las consultas para determinar si existe o no ese trastorno "es una de las demandas más recurrentes de los padres de un tiempo a esta parte", reconoce el psicólogo Marcos Pérez. Sin embargo, "el déficit de atención e hiperactividad está sobrediagnosticado, parece que está de moda, pero en realidad no todos los menores que se etiquetan bajo esas siglas sufren esta patología", sostiene. La mayor parte de las veces las señales de alarma se activan en torno a los 6 o 7 años, que es cuando los menores cursan Primaria. "En la etapa de Infantil no es fácil detectarlo, porque no es un aula estándar, sino que hay más espacio lúdico, por lo que no se requiere el nivel de concentración de una clase como tal", apunta.

Este trastorno del neurodesarrollo es una de las principales causas de fracaso escolar, aunque el psicólogo admite que el "diagnóstico es complicado". La tecnología se está convirtiendo en una aliada para llegar a él con certeza, puesto que la detección temprana es fundamental para la prevención, la evolución y el manejo de la patología. Para afinar ese diagnóstico, se ha desarrollado un programa, conocido como test Aula, a cargo de un grupo de San Sebastián llamado Nesplora, que utiliza la simulación, a través de unas gafas especiales dotadas con sensores. Con ellas, el niño se adentra en una clase virtual y el programa permite identificar sus movimientos, determinar si la pérdida de atención se debe a una señal visual –por ejemplo, una bola de papel que pasa por delante de su mirada– o auditiva –un compañero que habla o la sirena de una ambulancia que suena en la calle–. "Es el test más avanzado para el diagnóstico del TDAH, y se está demostrando muy eficaz", apuntan desde la Clínica Rodero, la "única que dispone de esta novedosa tecnología en Cantabria".

"Como un videojuego"

Durante la prueba, que tiene una duración de unos 20 minutos, el niño se enfrenta a unas tareas de atención, en las que "resulta más fácil que colaboren porque esta herramienta ofrece un entorno atractivo. Es como un videojuego, a los niños la experiencia les gusta mucho. En los test clásicos, que se han venido utilizando hasta ahora como método de cribado, a medida que se avanzaba, la tarea se iba haciendo más tediosa para ellos", señala Pérez. Al tiempo que responde a los ejercicios que se le plantean, se evalúa la tendencia a la distracción del menor. A través de las gafas se registran tanto las respuestas a los estímulos como los movimientos de la cabeza. "Así, podemos determinar si ha habido una actividad motora excesiva y conocer al final del test dónde ha fijado la atención el niño y en qué momentos se ha dispersado de forma importante".

Los expertos subrayan que lo primero que hay que tener en cuenta para plantearse la posibilidad del TDAH es que "los síntomas aparezcan en más de un entorno, es decir, que se vea que el niño es inquieto en el colegio pero también en casa, por ejemplo". Por lo general, esas señales aparecen antes de la etapa de escolarización (6 años), aunque la demanda de evaluación suele ser siempre por encima de esa edad, ya que "por lo general son los profesores los que detectan que algo pasa". Dentro de los cuadros posibles, hay casos en los que el problema es la falta de atención, otros en los que lo más llamativo es la impulsividad/hiperactividad, y, "el más habitual de todos", que es el mixto.

Una vez se confirma, la segunda parte del proceso será decidir las vías de tratamiento. En ocasiones bastará con aplicar pedagogía terapéutica, "trabajar para que aprenda a funcionar con normalidad", y en determinados casos requerirá apoyo farmacológico. "La medicación es una herramienta, si no es necesaria no tiene sentido, pero si lo es, se aboga por ello, aunque la última palabra la tienen los padres".