La Audiencia ve indicios de acoso laboral en el jefe de la Unidad de Violencia de Género local

  • Una subordinada acusó al policía de humillarla, denigrarla y aislarla, lo que activó un protocolo antiacoso entre ambos

La Audiencia de Cantabria ha confirmado que hay indicios suficientes de que un sargento de la Policía Local de Santander, que está en la unidad de vigilancia y protección de víctimas de violencia de género, acosó a una agente en su puesto de trabajo. Por esta razón, ha ordenado continuar el procedimiento en su contra.

La sección tercera ha rechazado el recurso que interpuso este sargento de la Policía Localy ha confirmado el auto del Juzgado de Instrucción número 4 de Santander, que ya apreció hace unos meses indicios de delito en la conducta de este mando policial. En su auto de fin de instrucción, el titular de dicho juzgado consideró que el procedimiento judicial contra este policía debía continuar por si los hechos que se le atribuyen constituyen delitos.

La agente le había denunciado por supuestos delitos de acoso laboral, lesiones, infidelidad en custodia de documentos, falso testimonio y calumnias e injurias. Al término de la instrucción, el juez vio indicios de que podía haber incurrido en trato degradante, lesiones, infidelidad de custodia de documentos y falso testimonio en causa judicial.

La agente querellante denunció que este mando policial la había acosado laboralmente, que la había incoado expedientes sancionadores sin motivo, que la había relegado a funciones administrativas, y que tenía con ella un trato diferente que con el resto de compañeros. Entre los episodios que recogía el auto del Juzgado de Instrucción, está que la agente denunció la sustracción de un teléfono móvil en su ámbito laboral y que el sargento, pese a que conocía su absoluta falta de competencia, se dedicó al visionado de las cámaras de seguridad de la oficina y elaboró unas conclusiones que ponían en duda la denuncia de la querellante.

Además, se señala que cuando la Policía Nacional fue a pedir las imágenes aseguraron que no disponían de la franja horaria solicitada. El auto también aludía a sanciones que el sargento impuso a la agente, a seguimientos y a actos de aislamiento. Por ejemplo, se recogía que a la agente no se le facilitó ni ordenador ni mesa, a diferencia de otros compañeros, o que tenía que comunicar cada salida del centro de trabajo, cuando otros policías no tenían que hacerlo.

La defensa

La defensa del sargento alegaba que no había pruebas de acoso laboral y que sus actuaciones respecto a esa agente formaban parte de sus obligaciones por su función, al ser superior suyo. Añadía que no había pruebas de que este mando realizase actos de humillación, denigración o aislamiento hacia esta querellante.

La Audiencia de Cantabria rechaza esos argumentos y confirma el auto del Juzgado de Instrucción. Los magistrados explican que hay testimonios que constatan que había actuaciones que "solo eran adoptadas" con esta agente. La Sala se refiere a testimonios de policías que señalaron que algunas órdenes, como que la agente tuviera que pedir permiso para salir a tomar café, solo se aplicaban a ella.

El tribunal también señala que la agente sufre un trastorno adaptativo mixto ansioso depresivo a consecuencia de los hechos, según consta en un informe forense. Y agrega que los expedientes sancionadores hacia ella fueron finalmente archivados o revocados, lo que, para los magistrados, "permite reforzar la ausencia de motivación" cuando se iniciaron.

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