Especialistas en la caza de aviones

De izquierda a derecha, David Mazón, Agustín Diego, Alberto Montes, Manuel Diego y Roberto Rivas.
De izquierda a derecha, David Mazón, Agustín Diego, Alberto Montes, Manuel Diego y Roberto Rivas. / Roberto Ruiz
  • La afición por las aeronaves reúne a un grupo de observadores en torno al aeropuerto Seve Ballesteros | Fundaron en 2013 la Asociación de Amigos de Parayas para canalizar su pasión por la aviación a través de las cámaras

El estruendo de los motores del avión segundos antes de elevarse los hipnotiza hasta el punto de que la reacción al estrépito parece más propia de un silencio trascendental. "Para el común de los mortales esto no significa nada. Para mí es un instante mágico. Ver cómo esa mole es capaz de despegar, el ruido, el olor del combustible...", resume Manuel Diego (56 años), vicepresidente de la Asociación de Amigos del Aeropuerto de Parayas. Hace algo más de tres años que fundaron el colectivo para dar rienda suelta a una afición por la aeronáutica que han aprendido a canalizar a través la fotografía. "Podemos decir que todos amamos los aviones y todo lo que tiene que ver con ellos. Supongo que la manera más cómoda y fácil que tenemos de disfrutar de ellos es fotografiarlos", resume Diego.

El fenómeno ‘spotter’ es bien conocido en todo el mundo. Miles de personas se organizan en asociaciones que han logrado poner en marcha grandes eventos de aviación. Incluso cuentan con la colaboración de aeropuertos y compañías para facilitarles el acceso a una afición cada vez más conocida. En Santander el aeropuerto y su orografía lo pone fácil. "Aquí tenemos unas elevaciones naturales alrededor que nos permiten panorámicas de las pistas muy buenas", explica otro de los enamorados de la aeronáutica. Alberto Montes (34 años) miró al cielo desde bien pequeño. La pasión lo condujo a alistarse en el ejército, llegó a ser paracaidista, "pero un día nos lanzaron con exceso de viento y tuve una lesión de rodilla importante. Me invalidaba para continuar en ello y lo tuve que dejar", cuenta.

Perspicaz, es uno de los 'cazadores de aviones' más pacientes del aeropuerto Severiano Ballesteros. "He fotografiado muchas cosas en este sitio". Suyas son las únicas imágenes del ex presidente uruguayo en su visita a Cantabria. "Somos nosotros los que estamos aquí apostados durante horas. Tenemos conocimientos de los aviones que vienen o de las cosas que pasan. Al final es cuestión de esperar y puedes ver cosas interesantes", cuenta, irónico.

Los ‘spotter’s han revelado algún que otro secreto en muchos aeropuertos del mundo. "De cuando en cuando gente que está esperando a fotografiar alguna cosa ha podido constatar que determinados aviones con una matrícula concreta están en el lugar en el que no deberían estar", aclara Manuel Diego.

Inmortalizar lo inusual

Lo más interesante es cazar aviones militares. Nunca les avisan, pero utilizan su conocimiento de internet para sondear la web en busca de esos avisos. "A mí siempre me han cautivado los aviones antiguos de la Segunda Guerra Mundial", confiesa David Mazón (39 años). A él la afición le sorprendió con muy pocos años. "Compré una maqueta un día que me aburría y entonces me di cuenta de que me gustaba tanto que no pude parar". Compró revistas, comenzó a estudiar la temática y hoy en día viaja por el mundo en busca de congregaciones especiales. "Me gusta mucho la ‘Flying Leyends’, que se celebra en Inglaterra. Allí se juntan aviones de todo tipo y de todas las épocas". También la exhibición de la Fundación Príncipe de Orleans (FIO), que reúne a decenas de aeroplanos en el prado que fue el primero aeródromo español. "Están ahí estacionados, puedes verlos, tocarlos... Luego piden a la gente que se aparte y empiezan a despegar. Es maravilloso".

Las posibilidades del aeropuerto cántabro son a veces limitadas. "No hay mucho tráfico. Al menos no tanto como en Bilbao. Yo voy mucho a Bilbao porque vivo en Castro Urdiales y me coge más cerca", confiesa Agustín Diego (50 años), que celebra cómo un copiloto de Ryanair acaba de abrir la ventanilla momentos antes de entrar en pista de despegue para saludar a este colectivo en lo alto de la colina. "¿Ves lo que pasa? Ellos saben que estamos aquí apostados y nos reconocen el trabajo que hacemos", cuenta.

Muchos de estos aficionados soñaron algún día con ser pilotos comerciales. "Yo incluso tuve el carné. Me animó a sacarlo mi hermano", revela Roberto Rivas (67 años). Su historia es la crónica triste de un amante del cielo. "En el 1974 mi hermano falleció en un accidente de avión. Desde entonces no he vuelto a pilotar uno". Su forma de continuar este amor por la aviación pasa por la fotografía.

Por eso todos coinciden en ganar en privilegios, en convencer a la dirección del aeropuerto para acometer cambios que los permita disfrutar de esta afición. "En algunos aeropuertos europeos las verjas tienen agujeros para que los spotters puedan introducir los objetivos fotográficos", describe Manuel Diego. "También pedimos que se reabra la terraza del aeropuerto. Recuerdo cuando esperaba horas y horas allí arriba con mi padre para ver llegar los aviones. Ese espacio ahora está inutilizado y no tiene sentido", agrega el vicepresidente de la asociación, que ya prepara un encuentro regional que los volverá a otorgar un día de permiso para fotografiar las aeronaves desde lugares estratégicos –y siempre seguros–, en el interior del recinto del aeropuerto.