Susto y destrozos en las alturas

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/ Foto: Ibán Barcenilla | Vídeo: Ilumina Films

  • Un aparatoso incendio calcina una buhardilla y el tejado de un edificio de Menéndez Pelayo

  • Los bomberos necesitaron dos horas para sofocar las llamas, avivadas por el fuerte viento. No hubo heridos, pero los vecinos tuvieron que ser desalojados

"Al principio parecía que era poca cosa, pero se ha ido complicando y mira cómo han quedado la buhardilla y toda la cubierta, destrozadas", relataba Gema Pérez, vecina del número 5 del Paseo de Menéndez Pelayo de Santander, donde este jueves se produjo un aparatoso incendio que no dejó heridos pero sí cuantiosos daños materiales en la única vivienda del cuarto y último piso y en algunos de los trasteros contiguos, así como en el tejado del inmueble, situado justo en la confluencia con la calle Valliciergo. El siniestro se quedó sólo en un susto, aunque la densa y prolongada columna de humo negro, visible desde muchos puntos de la capital cántabra, hiciera pensar en males mayores.

Pérez, que reside en la tercera planta, justo debajo de donde se originaron las llamas, fue una de las cuatro personas desalojadas del edificio, "por precaución", ante las proporciones que fueron alcanzando las llamas y el humo debido a la estructura de madera del antiguo inmueble, de un siglo de antigüedad, y el fuerte viento reinante, que dificultaron enormemente el trabajo de los bomberos. "Son dos aspectos que no han ayudado, está claro", certificaba uno de los veinte miembros del Cuerpo de Bomberos de Santander que, a través de cuatro dotaciones, trabajaron durante dos horas en la extinción de las llamas, para lo que emplearon dos camiones autobomba, dos autoescalas y tres vehículos ligeros.

En total, cuatro horas de tarea –recibieron la alerta a las diez de la mañana y el último camión regresó al parque pasadas las dos de la tarde, una vez asegurado que no hubiera ningún riesgo– para dar por finalizado un siniestro que, además de la inicial alarma y preocupación entre vecinos, comerciantes y transeúntes, despertó una gran expectación entre los muchos curiosos que se arremolinaron en la céntrica zona, en pleno corazón de la ciudad, para presenciar –y fotografiar y grabar con el móvil– el discurrir de los acontecimientos.

El incendio se originó minutos antes de las diez de la mañana en la terraza del ático ubicado en el cuarto piso del inmueble. Las razones aún se desconocen. El inquilino, que vive en régimen de alquiler, se encontraba en ese momento trabajando en Cabárceno y en la vivienda sólo se hallaban sus dos perros, que fueron sacados de la misma por los bomberos. "Están bien, negros por completo, pero bien", decía asustado tras llegar al lugar del siniestro tras ser avisado por sus vecinos.

Desde la calle, sin ganas de hablar, impotente, con cara circunspecta, veía como la casa en que reside era devorada por las llamas. "No sé qué ha podido pasar, ni idea, yo estaba trabajando. Por fortuna, no hay nadie herido, los perros están bien y esperamos que no haya importantes daños materiales", comentaba nervioso. Las explicaciones las repitió poco después a la propietaria de la buhardilla, que no podía creer lo que estaba sucediendo. Sus gestos así lo delataban.

El paso de los minutos confirmaron que sí iba a haber importantes daños materiales: las llamas destrozaron por completo el tejado y dejaron muy dañada la cuarta planta del inmueble, sobre todo la buhardilla, calcinada en parte, pero también los trasteros contiguos, ya que el fuego se extendió por la tela asfáltica del tejado y se propagó hacia el interior avivado por la madera y rachas de viento del Nordeste.

"Bajaba por Menéndez Pelayo y vi humo en el ático. Fue todo muy rápido porque las llamas se extendieron a la cubierta del edificio", relataba Álvaro, que fue uno de los que dio la voz de alarma a los residentes y a los bomberos.

Pese a que en diversos momentos el incendio pareció desaparecer, poco después recobraba fuerza, lo que obligó a los bomberos a redoblar los recursos que habían enviado inicialmente. En un principio, y cuando las llamas aún estaban altas, los bomberos las atacaron subidos a la autoescala. Después, varios profesionales saltaron a la terraza de la buhardilla para seguir con la extinción cara a cara con el humo, rompiendo con picos las paredes quemadas para evitar que cayeran cascotes, retirando las tejas deterioradas e introduciéndose en la zona más afectada por el fuego.

El hecho de que se tratara de una última planta minimizó los riesgos y las consecuencias, ya que las llamas y el humo crecieron hacia el cielo. Si hubiera sido en una altura inferior, la gravedad se hubiera multiplicado exponencialmente teniendo en cuenta las características del edificio.

La vivienda del tercer piso, la que habita Gema Pérez, también sufrió algunos daños, de menor consideración, en este caso provocados por el humo y sobre todo por el agua. "Al principio caía un poco de agua y cuando nos desalojaron ya entraba más, hasta el punto de que mi hermana se resbaló y se hizo daño en la rodilla, pero no es nada. Supongo que al final aquello habrá sido como las cataratas del Niágara", apuntaba a pie de calle. El susto ya había pasado, aunque ella reconoce haber pasado el trago de forma muy serena. "Es que pensábamos que no iba a ser para tanto. Al principio incluso los bomberos nos han dejado en casa, no nos han desalojado hasta 45 minutos después de llegar", añadía Pérez, que se hacía a la idea de que ahora les iba a tocar vivir un tiempo fuera de casa. "Esta tarde nos íbamos precisamente de viaje, pero la ropa preparada me temo que esté un poco mojada", comentaba de forma irónica.

Hasta el lugar acudieron también ambulancias del 061, que no tuvieron que atender a ningún herido, ni por lesiones ni por inhalación de humo, seis integrantes de la Policía Local y otros seis de la Nacional. La zona fue acordonada y el tráfico fue desviado en el área comprendida entre Menéndez Pelayo, Valliciergo y Santa Lucía hasta que los bomberos completaron los trabajos.

El de este jueves no es el único incendio registrado este año en el santanderino paseo de Menéndez Pelayo. El pasado 25 de enero, en el número 2, justo enfrente del edificio siniestrado, otro incendio obligó a evacuar a los vecinos del inmueble, aunque tampoco se registraron heridos. El fuego, que se inició en un colchón, dejó totalmente calcinada una habitación de una vivienda del quinto piso.