75 aniversario del incendio de Santander

Autoridades, en la línea de fuego

El ministro de Industria y Comercio (en el centro con abrigo negro y sombrero) pasea por la calle Atarazanas (actual Calvo Sotelo ), junto al resto de autoridades, días después del incendio; a su derecha (también con abrigo negro) el alcalde, Emilio Pino.
El ministro de Industria y Comercio (en el centro con abrigo negro y sombrero) pasea por la calle Atarazanas (actual Calvo Sotelo ), junto al resto de autoridades, días después del incendio; a su derecha (también con abrigo negro) el alcalde, Emilio Pino. / Colección Samot
  • Consternación y voluntad de trabajo, en las palabras de los máximo dirigentes provinciales y estatales

Santander todavía ardía como una antorcha inmensa cuando las máximas autoridades de la ciudad se reunieron en el Café del Boulevard, próximo a la línea de fuego, para tomar medidas de acción. Desde las ventanas de aquel local, el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Carlos Ruiz García; el gobernador militar, el Coronel Burgués; el coronel del Regimiento de Infantería, Moliner; el alcalde de Santander, Emilio Pino; el presidente de la Diputación, Francisco Nárdiz y el delegado de Orden Público, Norte, activaron las leyes inherentes al estado de guerra y se remitieron enlaces de solicitud de socorro. La rápida actuación de las autoridades, su implicación y entrega fue reconocido por los ciudadanos y ha quedado recogido en los libros y documentos de la época.

Miles de árboles derribados por el viento cortaban las carreteras, lo que hacía difícil establecer contacto con el exterior. El gobernador civil envió al 'camarada' Sámano Fernández, secretario de Orden Público, en una motocicleta a Bilbao para solicitar de auxilio. Fue de esta ciudad vecina desde donde llegó la primera ayuda, como recoge la carta enviada por el gobernador civil a su homólogo en Vizcaya: "Mi querido amigo y compañero: No sé cómo demostrarle el agradecimiento de los montañeses al envío de socorro que usted, con tanta rapidez y sacrificio, nos manda. Sepa qué Vizcaya ocupa el primer lugar de las provincias que hasta ahora acuden en auxilio de esta ciudad, que ha perdido cerca de 250 casas y todo su floreciente comercio en esta catástrofe. No obstante, necesitaremos el esfuerzo de todos los españoles y la ayuda de Dios”.

Carlos Ruiz, jefe provincial de la Falange en Cantabria y, poco después, designado gobernador civil de Santander entre 1939 y mayo de 1941, fue el primer dirigente de la provincia que acumuló ambos cargos, desde los que emprendió una política de reforzamiento del poder falangista en todos los ámbitos. Posteriormente fue premiado ocupando relevantes cargos en el régimen, como gobernador civil de Madrid (1941-1954), consejero del Instituto Nacional de Previsión, delegado nacional de Información e Investigación de Falange y lugarteniente de la Guardia de Franco, además de procurador en Cortes.

En una reunión en el Ayuntamiento, el alcalde, Emilio Pino, hizo saber en su intervención pública detalles sobre “la ruina total de una gran parte de la ciudad, motones de escombros, junto a tantas cosas afectivas que nos hablan al corazón por medio de la historia, ha desaparecido lo que representa el corazón de Santander. Se ha arrasado un comercio floreciente donde trabajo e iniciativa se aunaban...”. También recogen sus palabras “el clamor de una ciudad que quiere subsistir resurgiendo de sus propias cenizas”.

Por su parte, el obispo de la Diócesis, José Eguino y Trecu, transmitió estas palabras con hondo sufrimiento: “Despavoridos y consternados contemplan los esposos arder su hogar amado, los comerciantes sus vistosos escaparates y repletos almacenes, los sacerdotes los sagrados templos. Quienes huyen con un hatillo al hombro, quienes van tirando... ni necesidad tenéis de que vengan a recordaros la amargura de aquellas horas, el espanto y el horror, pues con letras indelebles y como con fuego han quedado grabadas en lo más íntimo de vuestro ser”.

La magnitud del desastre dejaba consternado al Ministro de Obras Públicas, Alfonso Peña, en su llegada a la ciudad: “Estoy con un ánimo contristado al ver tanta desdicha. Al llegar aquí y ver de cerca todas estas calamidades, creedme que la visión ha superado lo esperado”, son sus palabras recogidas por El Diario Montañés. El ministro concluyó su discurso resaltando el optimismo de los santanderinos: “He podido observar un hecho admirable, que en el rostro de los santanderinos no se refleja esta desgracia más que desde un punto de vista episódico”.

El Ministro de Comercio e Industria, Demetrio Carceller, acudió a Santander comisionado por el Caudillo para hacer presente el sentimiento del Jefe de Estado y el Gobierno por “la desgracia que le aflige”, según expresó, y con facultad para “arbitrar medidas y soluciones y proponer al Gobierno un plan de reparación”.

Desde el Ministerio de Industria se anunció que la reconstrucción de Santander se convertía en un asunto “prioritario”, según lo comunicó el director del Instituto Nacional de Vivienda, Federico Mayo, mediante un telegrama al alcalde: “Ante la catástrofe para remediar el estrago del incendio, anteponiéndolo a todos los demás proyectos, se le da prioridad a un anteproyecto presentado por la ciudad para la construcción de 430 viviendas protegidas en Peñacastillo asegurando su rapidísima realización”.

Visita de Franco en septiembre del 41

El General Francisco Franco llegó a Santander el 10 de septiembre, en una jornada en la el Caudillo revisó las ruinas del siniestro acompañado de las autoridades. Fue recibido por el Ministro Secretario del Partido, Arrese, el alcalde, Emilio Pino y el capitán general de la Sexta Región, el general López Pinto. Franco embarcó en Getaria y llegó a Santander a bordo del crucero 'Almirante Cervera'.

El Caudillo tuvo un “apoteósico recibimiento”, como tituló la información el diario ABC. En un discurso, en la zona marítima, en una de las seis monumentales tribunas, Franco resaltó que, “La masa aquí congregada representa la unión de los pueblos de España, la fe en nuestro resurgimiento. Fe y trabajo, que es la norma de mi Gobierno. Este entusiasmo vuestro, esta unión de espíritu es el reflejo del sentir de España. Lo mismo que vuestra alegría se alza sobre los dolores y las desgracias pasadas y tenéis optimismo, fe y confianza en vuestros puertos, así ha de levantarse España entera porque para eso hemos guerreado y hemos dado la sangre de los mejores”.