75 aniversario del incendio de Santander

"El ciudadano de a pie fue el protagonista real de la epopeya del incendio de 1941"

Manuel González, en el vehículo Merry del Museo de los Bomberos de Santander
Manuel González, en el vehículo Merry del Museo de los Bomberos de Santander / Roberto Ruiz
  • Manuel González Zarzuelo, bombero conductor e investigador del Museo de los Bomberos, resalta que "el colapso sonoro previo al incendio debió ser ensordecedor y mantuvo a la gente sobre aviso. Y el fuego siempre fue de arriba abajo, por lo que les dio tiempo a evacuar"

El "drama humano" de quienes ven arder su casa y, con ella, los recuerdos y bienes atesorados durante toda su vida es lo que más le impresiona de su trabajo al bombero conductor Manuel González Zarzuelo (Santander, 1963). "Hay que imaginarse eso multiplicado por miles para entender lo que fue el incendio de 1941". Él, junto con otros compañeros, ha investigado y nutrido de testimonios y documentos al Museo de los Bomberos de Santander (calle José Estrañi, 1). Subraya que los verdaderos protagonistas de la catástrofe fueron los ciudadanos de a pie y solo reserva una pequeña parte de los honores para los bomberos. La diferencia es que, mientras todos los demás huían del fuego, ellos se adentraban en él.

¿Qué le ha sorprendido más de lo que ha investigado sobre el incendio de Santander de 1941?

La disposición de la gente a ayudar a la gente, tanto dentro de la ciudad a sus propios convecinos, a los que acogieron incluso durante años, como de particulares y entidades de fuera hacia Santander y a lo que se creó como figura del damnificado. Hay bomberos que lo fueron, porque perdieron sus casas y todos sus enseres mientras seguían en la extinción. Pero uno de los aspectos que hemos querido reflejar en el Museo es que los bomberos fueron una pequeña parte. El ciudadano de a pie fue el protagonista real de esta epopeya

¿De cuántos bomberos disponía Santander cuando se desató el incendio?

El día 15 había 13 bomberos de guardia en el Cuerpo municipal, pero acabó por incorporarse toda la plantilla, 39. Y los bomberos voluntarios calculamos que eran unos 25.

¿Cómo fue el trabajo de aquellos bomberos antes de que llegaran los refuerzos?

Desproporcionado. Primero se sitúan en la calle de Rúa Mayor y luego bajan a la Plaza Vieja, con la Merry (bomba automóvil). Pero tienen que abandonar ambos emplazamientos y, junto con el Ejército, se destacan en diversos puntos de interés a salvar, como el Banco de España, Correos y Telecomunicaciones, Viesgo y otros edificios estratégicos. Hay que imaginarse la cantidad inmensa de calor que se les está viniendo encima. La capacidad de lanzar agua que tenían era ridícula. Además, cuando están plenamente superados por el avance del incendio, se van dando situaciones peculiares, como tener que ayudar a salir de las viviendas a gente mayor.

Y por fin llegaron los refuerzos.

En la madrugada del día 16 al 17. Primero los de Burgos, los de Torrelavega, Ramales, los asturianos, los vascos y luego, los de Palencia, Valladolid y los últimos, los de Madrid. Y van dando relevos paulatinos a los de Santander, pero ellos siguen allí, excepto los pobres bomberos magañosos

¿Bomberos magañosos?

Es una expresión que le he robado al hijo de un bombero voluntario. Viene de las magañas, las legañas que provoca la conjuntivitis, que deja esos ojos vidriosos. Esa irritación que causan el humo y el calor la soportaron durante horas y horas y un día y otro. Y no solo afectó a los bomberos, sino también a soldados, policías y, sobre todo, a la población civil, con un millar de atendidos en la Casa de Socorro y en Valdecilla. Pero los bomberos magañosos no habían parado, algunos estaban de guardia desde las ocho de la mañana del día 15, y el día 17 por la mañana se estaban quedando literalmente dormidos por las esquinas con la lanza en la mano aguantando el agua. Llegaron al parque medio ciegos y con la cara completamente irritada

Trabajaban sin protección.

No había gafas para todos y las que les dieron a los que más suerte tuvieron eran de motorista, que no valían. No tenían protección más allá de un casco de cuero, y los muy afortunados, unos guantes sencillos. Los uniformes eran de paño

¿Y no sufrieron quemaduras?

Claro que hubo quemaduras, fracturas... Y no solo entre los bomberos. Los mayores actuantes fueron los ciudadanos. Los que extinguieron el avance del incendio en la zona de María Cristina fueron los vecinos, que, con cubos de agua y lo que fuera, atacaban el conato que se metía en su casa

La única víctima mortal fue el bombero de Madrid Julián Sánchez. Un derrumbe lo dejó reventado por dentro y él quería volver a la extinción. ¿Con qué se queda de todo lo que ha investigado sobre él?

Con Julián ha sido un empecinamiento personal porque me parecía una injusticia histórica de las tantas que tiene Santander para la gente que ha estado dando tanto a la ciudad. Hasta hace cinco años, Julián fue un dato estadístico y el panel que sobre él colocamos en el Museo fue una recuperación y un empeño personal por sacarlo del olvido. Esperemos que sirva para que en el futuro otras personas sean reconocidas, no por particularizar en uno, sino porque sirvan de representación de la totalidad

¿Cómo explica que no hubiera muertos entre la población civil?

Porque el fuego empezó de arriba para abajo. Daba tiempo a evacuar el edificio. Las cubiertas estaban deterioradas y las pavesas y trozos de madera de unos edificios iban volando sobre otros que tenían daños y, cuando caían en lugar propicio, iniciaban un foco. Siempre desde arriba. Además, la gente estaba sobre aviso porque ese día había golpeado el temporal, con un viento huracanado, no funcionaban los tranvías, no había luz eléctrica. Todo el mundo tenía algún cristal roto, ventanas golpeando. El colapso sonoro de los momentos previos al incendio debió ser algo ensordecedor, y luego el propio incendio generaba un ruido tremendo

¿Cómo actuó la población civil al desatarse el incendio?

Al comienzo, hay gente que intenta salvar las pertenencias sentimentales y las lleva a casas de vecinos que aún no están en zona de riesgo, pero como el fuego avanza a una velocidad tan vertiginosa, ese nuevo vecino pierde lo que él tenía y lo que le han llevado. Una parte de la población transporta sus enseres lejos y lejos y luego más lejos, como puede, a mano, en carro o, los más afortunados, en un camión

¿Y cómo se implicaron los santanderinos en la extinción?

Hubo varias formas. Una, el aquí te pillo aquí te mato que utilizó la Falange, porque eran las fuerzas vivas de la época, los que movilizaban y se encargaban de decir: "Te pones en la fila y con el cubo y venga. Como te muevas de aquí, te fundo". Y hubo otra gente que participaba porque veía que lo propio estaba en riesgo

¿Y el papel del Ejército?

Es una de las asignaturas pendientes de este episodio. Fue una mano de obra impresionante. A Santander vienen cantidad de soldados. No solo es la tropa que hay aquí ni solo el Regimiento de Valencia, también hay marinería. Y tres días después del incendio vino el "Canarias", un buque cargado hasta las cejas de electricistas, soldados, zapadores especializados en voladuras, de dinamita, de medios..., con una ayuda que fue como encontrar un oasis en el desierto

¿A quiénes más hay que hacerles justicia?

A todos. En aquel episodio se movilizaron absolutamente todos los recursos disponibles de Santander. La compañía del gas, la de electricidad, la de aguas... A medida que se iban perdiendo calles, se iban reventando todas las redes de suministro y todo lo que colgaba de ellas.