Un hombre armado atraca un salón de juegos en pleno centro de Santander

Coches de policía a las puertas del local atracado / Antonio 'Sane'

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

Eran las nueve y cuarto de la mañana cuando varias patrullas de la Policía Nacional dejaban sus coches a la carrera en Jesús de Monasterio y accedían apresurados al salón de juegos Alameda, preparados para usar sus armas. La escena alertó a los viandantes de la céntrica calle de Santander, que empezaron a elucubrar sobre lo que podía estar pasando dentro. A la memoria volvía el intento de atraco que ese mismo local había sufrido un mes antes, el 8 de julio, entonces frustrado por los efectivos policiales. Pero ayer el ladrón, distinto al de entonces pero ejecutando un ‘modus operandi’ muy similar, pudo completar su propósito.

Poco después de las nueve de la mañana, el individuo accedió en solitario a las instalaciones del salón recreativo y de juegos de azar, en el que en ese momento sólo se encontraban una empleada y un cliente, de origen oriental. Encapuchado y pistola en mano, el ladrón obligó al jugador a bajar al piso de abajo de las instalaciones y exigió a la trabajadora que le entregase el dinero que tenía en caja, a lo cual accedió, intimidada por el arma de fuego. Después de hacerse con el botín, cuyo montante no quisieron revelar ni fuentes de la investigación ni la empresa responsable del negocio, el atracador encerró a la empleada en el cuarto de baño y se marchó. Todo en un suspiro. Cuando llegaron los efectivos de la Policía Nacional, tras recibir una llamada de alarma al 091, el atracador ya se había dado a la fuga.

La empleada del salón de juegos tuvo que ser trasladada al Hospital Valdecilla presa de un ataque de nervios. Su cara llorosa y circunspecta por el miedo era visible cuando abandonó las instalaciones acompañada por sanitarios del 061 camino de la ambulancia que la esperaba fuera. En sus declaraciones a la Policía, lo único que pudo identificar del ladrón es que vestía «de oscuro» y que por los ojos, único rasgo visible de su anatomía, «parecía tener aspecto de marroquí». Nada más. Y el cliente que se vio sorprendido por el atraco mientras jugaba, en un forzado castellano, poco pudo aportar.

Mientras la expectación se acumulaba en la calle por los tres coches de la Policía Nacional y la ambulancia desplegados en torno al local, miembros de la Policía Científica revisaban su interior. Lo hicieron durante hora y media en busca de huellas que pudieran alumbrar pistas sobre la identidad del asaltante. Y mientras hacían su trabajo, el cliente oriental, con más ganas de jugar que de hablar, volvió a ponerse delante de la ruleta electrónica como si no hubiera pasado nada.

La Policía Nacional se ha hecho cargo de la investigación del caso.

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