«Con cebollita, pimiento y mucho amor, ‘chili’»

El Barrio Pesquero recuerda a ‘La Chola’. Sus hijos solicitarán al Ayuntamiento una placa en recuerdo a todas las sardineras

‘La Chola’, en la puerta del restaurante Los Peñucas, ofreciendo paellas a los turistas/SANE
‘La Chola’, en la puerta del restaurante Los Peñucas, ofreciendo paellas a los turistas / SANE
María de las Cuevas
MARÍA DE LAS CUEVASSantander

El barrio Pesquero lloraba ayer la pérdida de ‘La Chola’, como se conocía a Amparo Rosa Ruiz (Santander, 1927-2018), que falleció el lunes a sus 90 años. Santanderina del barrio de Tetuán, se dedicó a la venta de pescado desde niña; con 12 años ya recorría las calles al grito de ‘¡Traigo sardinucas, bonito, chicharro...!’

«Hasta 40 kilos de pescado cargábamos en la cabeza, que se nos caía por el pelo y la cara. Hemos tenido que luchar mucho en la vida desde muy pequeñas, sin tiempo para nada más que trabajar. De viejas hemos sido más felices», explica su inseparable hermana ‘La Cuca’, madre de los propietarios del restaurante ‘Los Peñucas’.

Su carácter bravo, su fortaleza y su sobresaliente capacidad para buscarse la vida, siempre ligada a la mar, descargando cajas de pescado en el puerto, vendiéndolo, como ‘llamadora’ para que los marineros embarcaran a tiempo, como cocinera... una figura y una trayectoria que inspiró el monumento a la sardinera, situada en la glorieta del túnel de Tetuán. Muchos recuerdan a ‘La Chola’, sobre todo, preparando paellas en la puerta del restaurante Los Peñucas, en el Pesquero. ‘Pin’ de la Peña recuerda a su tía «siempre cocinando maravillosamente las paellas. Aunque lloviese, aguantaba el chaparrón y nunca se ponía mala. Era muy trabajadora y lo hacía para ayudar a mi madre, ‘La Cuca’, toda la vida juntas».

En el barrio Pesquero recuerdan su carisma, su mano en la cocina y su grito de «¡Con cebollita, pimiento y mucho amor, ‘chili’¡», dice uno de sus compañeros de trabajo, Antonio Puente, quien afirma que los turistas siguen preguntando por ella: «¿Dónde está esa abuela tan entrañable que hacía las paellas?». ‘La Chola’ era una mujer «muy paliquera» y sonriente, que sólo se enfadaba mucho si la llamabas por su verdadero nombre, Amparo. «Ella no pasaba desapercibida. Cuando estaba se notaba su presencia, muy brava y activa», insiste Puente.

Don de gentes

Rodeada de gente esta sardinera del barrio de Tetuán se sentía «en su salsa». «‘Cacho cabrón’ mira que pescados, ‘hijoputa’», eran sus dejes, su coletilla, su gracia personal que no sentaba mal, todo lo contrario. Y así se hizo amiga de Carmen Bordíu, entre otros», asegura su hijo Enrique San Emeterio.

Bocartitos a la cazuela era su plato mejor valorado. Regentó cuatro restaurantes: ‘La Gertrudis-La Marinera’, en Juan de la Cosa; ‘La Chola’, en Daoiz y Velarde; ‘Rancho Grande’, en Los Pinares; y en el puerto deportivo Marina del Cantábrico.

Casada con un marino conocido como ‘Pitis’, fueron padres de 10 hijos. «Siempre estaban discutiendo, pero se querían y cada encuentro cuando mi padre volvía de la mar, se convertía en otro hermano», bromea su hijo. «Le faltaba tiempo para vender pescado, arreglar la casa y cuidar a diez hijos», añade Antonio ‘Sane’, fotógrafo de El Diario Montañés.

Ahora, su familia solicitará al Ayuntamiento una placa conmemorativa con su nombre en el monumento a la sardinera, «en representación de todas las mujeres sardineras del barrio de Tetuán, que iban a la rampa de Puertochico a cargar pescado».

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